¿Qué habría pasado si… 26-02-2015

by herbalife on 26/02/2015

in Autoayuda - Autoestima,Psicologia - Psiquiatria,Salud

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¿Qué habría pasado si…
 
…hubiera estudiado otra cosa o elegido a otra pareja? Déle rienda suelta a su imaginación. Los expertos dicen que provoca placer tener una nueva oportunidad (mental) y nos puede hacer mejorar. Eso, si no quedamos atrapados en el arrepentimiento.

“Si hubiera dicho lo correcto…”. “Si hubiera estudiado otra cosa…”. “Si hubiera llamado antes…”. Termine cada frase como quiera. Esa es la gracia: le puede poner el final usando la imaginación, porque estas frases hacen referencia a escenarios que contradicen los hechos tal cual están. Usted puede imaginarse tomando taxi y no el metro para llegar a la hora al trabajo o siendo médico en vez de ingeniero o con un presente harto mejor que el que tiene. Porque así es esto de proyectar, un ejercicio inconsciente que pareciera estar ahí sólo para frustrarnos y del cual muchas veces salimos para atrás… O eso es lo que creemos, equivocadamente.

Porque pese a que comúnmente relacionamos estos pensamientos a esas emociones incómodas, los expertos han detectado que generan una serie de beneficios.

Por ejemplo, el solo hecho de imaginarnos un escenario distinto al que estamos nos provoca placer. Es como si tuviéramos la posibilidad de elegir. ¿Otro? Nos entregan una sensación de control: podemos quedarnos pegados o cambiar actitudes. Si optamos por lo último, tenemos el mando. Y, finalmente, le da sentido a lo que ya estamos viviendo (¿Qué tal?).

Los sicólogos llaman a estas frases del “y si hubiera…” pensamiento contrafáctico o, simplemente, contrafactual. Y son la manera que tenemos de evaluar cómo haríamos las cosas si pudiésemos volver atrás en el tiempo. Son inconscientes: están fuera de la observación mental. Son recurrentes: no se disipa uno cuando aparece otro. Son tan cotidianos que, según los expertos, ocupan el 3% de todos los pensamientos que tenemos a diario. Y, ya lo sabemos, son placenteros.

Sí, placenteros. Es que tener otra posibilidad para una situación nos provoca alivio y satisfacción. Si no nos generáramos ese pensamiento hipotético pareciera que todo está sentenciado. “Los contrafactuales son atajos mentales del pensamiento desde el punto de vista sicológico, por tanto, cumplen una función hedonista, de placer, a pesar de que evaluemos emociones negativas complejas como la culpa, el lamento o el autocastigo”, explica a Tendencias Mabel Urrutia, académica de sicología de la U. de La Laguna (España) y autora de estudios sobre el tema. Es una especie de reproche mental que nos provoca satisfacción y que también provoca emociones placenteras de alivio, satisfacción y suerte que ayudan a suavizar una experiencia negativa. Por ejemplo: “Si hubiera subido a ese auto, habría estado en ese accidente”.

Piense en el ámbito de la elección de pareja. Ahí hablamos de un contrafactual de largo plazo, que se refiere a uno de los ámbitos importantes de la vida. El pensamiento puede aparecer mientras estamos en medio de una crisis de matrimonio o si aparece alguien del pasado que nos hace cuestionarnos. “Pero el solo hecho de revisar las alternativas que tuvimos, las que persisten o las nuevas, nos provoca una sensación de bienestar”, dice Mabel Urrutia.
 
El control es mío

Las personas con una mirada más positiva que negativa tienden a generar más contrafactuales ascendentes (“Si hubiera estudiado el fin de semana, habría aprobado el examen”) que descendentes (“Si hubiera estudiado el fin de semana, igual me habría ido mal”) motivando que sus acciones futuras eviten errores del pasado. De esa manera, experimentan una sensación de control. “La gente también piensa en cómo sus acciones en el pasado pueden haber dado lugar a un mejor resultado, lo que puede generar una gran conciencia sobre el control personal o dominio de sí mismos, y esto puede envalentonar a la gente para que se haga cargo de las acciones de su vida”, explica a Tendencias Neal Roese, profesor de Marketing y Sicología en la Escuela de Administración Kellogg de la U. de Northwestern (EE.UU.) y uno de los autores de otro estudio sobre el tema.

En el mismo ámbito de la elección de pareja, esto puede funcionar como una estrategia proactiva que permite anticipar la probabilidad de un resultado negativo y así mitigar el impacto de un efecto negativo (una crisis matrimonial, por ejemplo). Esto, explica Mabel Urrutia, porque una de las emociones que normalmente acompaña este hecho es el arrepentimiento, que se acentúa ante las omisiones más que las acciones a largo plazo. Ejemplo: “Si le hubiera dedicado más tiempo a mi pareja…” o “Si hubiera escuchado más sus cosas…”. Esta reflexión contrafactual puede servir de punto de partida para cambiar conductas en una siguiente oportunidad y es eso lo que genera la sensación de control.

Ahora, una manida frase recuerda que el paso anterior al arrepentimiento por lo que se perdió es valorar lo que se tiene. Y en eso también contribuye el pensamiento contrafactual. Neal Roese participó en un estudio que llegó a esa conclusión. En él se pidió a estudiantes universitarios pensar en la serie de hechos que los llevó a estudiar en la universidad. Otro grupo debía pensar en cómo las cosas pudieron ser diferentes. Luego, ambos grupos debían darles un significado a los hechos.

Los estudiantes dieron calificaciones más altas a los hechos que los llevaron a la universidad. Es decir, pensar en cómo la vida pudo ser diferente les hizo sentir que lo que estaban haciendo tenía más sentido que lo que pudo ser. “Aunque a veces los pensamientos contrafactuales pueden traer una desagradable sensación de pesar, otras veces pueden darnos un sentido de significado, haciendo parecer más especial el camino particular de nuestra vida”, comenta Roese.

La leche derramada

Mabel Urrutia dice que el contrafactual cumple su rol cuando existe la alternativa de un nuevo escenario. Volviendo al ejemplo de la pareja, aun cuando hayamos fracasado en una relación, el pensamiento contrafáctico como: “Si le hubiera dedicado más tiempo…” va a generar resultados si sirve como impulso para modificar conductas en la siguiente relación. Pero puede darse el resultado inverso.

Es el lado oscuro del contrafactual. Cuando ese reproche mental se sostiene en el tiempo y no somos capaces de avanzar en nuestras vidas. “Si te quedas pensando en un escenario que ya ocurrió, el contrafactual no es productivo, es invalidante. Eso ocurre especialmente cuando son temas de largo plazo (pareja, carrera, familia, etc.)”, apunta Mabel Urrutia. En ese caso, estaríamos frente a una estrategia desafortunada e incluso agresiva hacia uno mismo.

La investigadora agrega otro grupo: las personas que tienden a la procrastinación usan el contrafactual para eludir la responsabilidad en algún problema. Ejemplo: “Si me hubiera levantado más temprano, igual hubiera llegado tarde”. Así, prefieren no dedicar esfuerzo para cambiar sus actitudes.

En los dos últimos ejemplos, el contrafactual no funciona como debería. Y, como dice la experta, ahí entra en juego la personalidad de cada quien.

Ahora, hágase la siguiente pregunta: ¿Habría tenido tantos contrafactuales hoy si no hubiera leído esto?

 

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