La tabla periódica de la sicología 16-12-2014

by herbalife on 16/12/2014

in Psicologia - Psiquiatria,Salud

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La tabla periódica de la sicología

Al igual que en química y en siquiatría, un nuevo proyecto colaborativo busca clasificar los rasgos sicológicos del ser humano que surgieron como adaptaciones durante la evolución: la empatía, el gusto por el dulce, las preferencias sexuales y el favoritismo por un hijo son algunas de ellas.

Cada vez que usted siente asco, ya sea por un olor, cierto tipo de comida que le desagrada o cualquier cosa que simplemente le resulta “demasiado repulsiva” o “nauseabunda”, lo que en realidad está haciendo es combatir contra las enfermedades infecciosas. Náusea, salivación, distanciamiento, son todas reacciones que gatilla su cerebro sin que usted tenga que pensar en ello. Es lo que se conoce como una “adaptación sicológico evolutiva”: mecanismos que se fueron asentando en nuestros genes y que determinan nuestro comportamiento. Lo mismo pasa con el color de la piel, la estatura, el tamaño del cerebro y otros rasgos biológicos que caracterizan al ser humano como especie.

Las características sicológicas que han sido determinadas por la evolución ya habían sido exploradas por Charles Darwin en su trabajo de 1872, La expresión de las emociones en hombres y animales, pero no fue sino hasta décadas recientes que, gracias a los avances obtenidos en estudios con imágenes del cerebro, se ha podido determinar con exactitud los mecanismos evolutivos que determinan nuestra conducta: ahora, un grupo de sicólogos ha creado un proyecto para sistematizar todos estos hallazgos en un solo documento, con nomenclatura y clasificación al más puro estilo de la tabla periódica química elaborada por el ruso Dimitri Mendeléyev en 1869.

En el proyecto Psychtable.org, determinan que son tres las variables evolutivas que gobiernan nuestra conducta: mecanismo natural, sexual y de parentesco. Hablamos de conductas que en muchos casos fueron funcionales en las eras más primitivas del ser humano, lo que explica por qué algunas de nuestras conductas hoy en día parecen no tener sentido, como las fobias. Pero desde la empatía hasta nuestro natural -e infantil- gusto por las cosas dulces, pasando por la “atracción fatal” de las mujeres a los “chicos malos”, todos se encuentran arraigados en nuestro cerebro por “obra y gracia” de la evolución.

La naturaleza del temor

Partiendo por los mecanismos naturales de adaptación, la tabla periódica contempla desde emociones básicas como el miedo hasta nuestra inclinación por ciertos sabores y comidas. La aversión a las arañas y las serpientes es un ejemplo. Estudios en la última década han probado que la amígdala, el área del cerebro que evoluciona para dotarnos de la sensación biológica del miedo -que nos permite reaccionar huyendo o peleando para salvarnos del peligro-, se activa de manera distinta ante la proximidad de una serpiente.

Así lo estableció un estudio de la U. de Texas Austin publicado en 2011, que mediante imágenes del cerebro comprobó que la reacción de temor se enciende de manera instantánea en nuestra mente, incluso antes de que la persona procese cognitivamente el hecho de que se ha encontrado con una serpiente o una araña. Esto le permite reaccionar de manera refleja, saltando o alejándose, como quien aleja la mano del fuego. Esta adaptación parece un poco absurda ahora que vivimos en ciudades -al menos para el caso de las serpientes-, pero en los orígenes de nuestra historia como especie, en la sabana africana, habría sido vital para garantizar nuestra supervivencia.

Otra adaptación natural sicológica sería nuestra preferencia por las cosas dulces. Un estudio de la Universidad de Washington explica que este gusto es compartido por personas de todas las edades, razas y culturas. Durante la evolución, las cosas dulces jugaban un rol crucial en la alimentación. Como los primeros seres humanos que debían cazar o recolectar la comida, obtener energía y nutrientes esenciales a partir de alimentos dulces como las frutas era mucho más fácil que salir a cazar un mamut para proveerse de carne.

El problema es que en el presente, este mismo gusto por lo dulce es uno de los factores tras la epidemia global de obesidad: preservamos esta inclinación a pesar de que la disponibilidad de alimentos ya no sigue las dinámicas que guiaban a nuestros antepasados. Hoy basta con entrar al supermercado para encontrar lo que necesitamos. Dicho de otro modo, no sienta esa culpa terrible que se apodera de usted cuando en medio de la noche se levanta a probar una cucharada de helado. La evolución lo ha llevado a esto (lo que no quita que intente controlarse por el bien de su estado físico y su salud cardiovascular).

Sexo y parentescos

Otro de los grupos que propone esta clasificación son los mecanismos sexuales de adaptación. Muchas de nuestras conductas y preferencias a la hora de encontrar pareja están determinadas por la interacción entre las hormonas y el cerebro. En el caso de la mujer, por ejemplo, una clasificación denominada OVM (Female Ovulation-induced Preference for Morphological Masculinity) se propone para reunir la información de todos los estudios que han demostrado cómo afecta el ciclo reproductivo de la mujer su preferencia por una pareja.

Es así que la clasificación de la tabla periódica incluye desde la base evolutiva que explica por qué el hombre busca ganar poder y estatus -esto le garantiza encontrar pareja en la medida en que las mujeres buscan un “proveedor”- o incluso por qué pareciera que los varones son tan proclives a ser infieles (SXV o Male Preference for Sexual Variety).

Finalmente, emociones como la culpa o la empatía serían mecanismo familiares de adaptación o de “parentesco”. Las investigaciones señalan, por ejemplo, que estas emociones se procesan en las mismas áreas del cerebro que procesan el dolor, pero también se encuentran fuertemente influidas por la acción de hormonas como la oxitocina, responsable del apego. Las dinámicas familiares estrechas resultaban clave para el éxito reproductivo, en especial para la crianza y la cooperación en el grupo. Estas emociones explican desde la preferencia por un hijo, hasta la discriminación hacia las minorías.

Un estudio de la U. de California, Davis, realizado en 2005, siguió durante tres años a más de 400 familias registrando la interacción con sus hijos, comprobando que el 65% de las madres y el 70% de los padres exhibían favoritismo por uno de los niños. Aunque nuevamente, dado el contexto social en el que vivimos, esta adaptación resulta moralmente cuestionable, durante la evolución el concentrar esfuerzos en uno de los hijos era una ventaja adaptativa debido a la escasez de recursos. Del mismo modo, la discriminación se origina en una adaptación de protección al interior del grupo para protegerse de ataques en grupos rivales, explican los científicos.
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