La salud según el género 15-06-15

by herbalife on 15/06/2015

in Femenina,General,Masculina,Salud

 

La salud según el género

Hombres y mujeres no enferman igual ni tienen los mismos síntomas ni reaccionan igual al tratamiento. Pero durante siglos la medicina no lo tuvo en cuenta porque su prisma era masculino. Lograr que el hombre deje de ser el único referente puede mejorar diagnósticos y tratamientos para ellas

Hace siglos que los médicos saben que hay problemas de salud que atañen exclusiva o mayoritariamente a la mujer, como los trastornos de la menstruación, los tumores ginecológicos o las patologías vinculadas al embarazo. Pero no todos saben, ni siquiera hoy, que la mayoría de los mayores de 50 años con la tensión arterial alta son mujeres, que las miopatías endocrinas (enfermedades musculares) afectan al 20% de la población femenina de más de 40 años, que el 38% de las mayores de 50 años sufre trastornos de las glándulas paratiroides por déficit de vitamina D, que por su biología son más sensibles a las contaminaciones químicas y medioambientales, que regulan mejor el colesterol con un fármaco de pravastatina que de atorvastatina, que para las menores de 65 años el mejor predictor de riesgo cardiovascular es el colesterol LDL (el llamado colesterol malo), pero a partir de esa edad lo es el HDL (el bueno), o que el paracetamol o el diazepam actúan de forma diferente en hombres y en mujeres. Y si no lo saben algunos médicos, seguro que tampoco una gran parte de la población. “Si preguntas a quienes están en un ambulatorio de qué creen que mueren más las personas, lo habitual es que digan que los hombres de problemas de corazón y las mujeres de cáncer de mama; pero las estadísticas dicen lo contrario: la principal causa de muerte entre las mujeres son las enfermedades cardiovasculares, y, entre los hombres, el cáncer”, asegura la doctora Carme Valls-Llobet, que hace 25 años comenzó a investigar y difundir las diferencias de salud entre hombres y mujeres.

La razón, explica, es que hasta hace unas décadas la mujer ha sido invisible para la ciencia y la docencia médica, el hombre era el patrón para medir los niveles normales de glóbulos rojos o de colesterol o los síntomas y la incidencia de las enfermedades porque en los ensayos clínicos habitualmente no participaban mujeres y ni las estadísticas ni las investigaciones médicas diferenciaban por género. Pero eso ha cambiado en las dos últimas décadas. Desde 1993 es obligatorio que todos los ensayos realizados con dinero público incluyan personas de diferente sexo y etnias, y el análisis de sus resultados con criterio de género, sumado a la distinción entre hombres y mujeres en las estadísticas relacionadas con la salud, han evidenciado muchas diferencias y han abierto paso al concepto de medicina de género.

No es una mera cuestión de equidad. Tomar en consideración si el paciente es hombre o mujer significa mejorar los diagnósticos y tratamientos y, en consecuencia, la salud y bienestar de la población, en especial de la femenina. Y que las pacientes sepan cuáles son las dolencias que más sufren y sus riesgos contribuirá a prevenirlas; igual que conocer que su organismo no siempre responde como los manuales clásicos de medicina puede ser útil para entender por qué a veces el médico no parece atender a sus malestares o los atribuye a cuestiones psicológicas, y por eso necesitan insistir más.

Algunas de las evidencias de la medicina de género que ya se han divulgado han resultado impactantes, como saber que los infartos de miocardio resultan más mortales en las mujeres que en los hombres, entre otras razones, porque a ellas se les diagnostica más tarde debido a que los síntomas que perciben no siempre coinciden con los asociados tradicio­nalmente al infarto en hombres: un dolor fuerte en el pecho que se extiende hacia el brazo. “Se ha dado menos importancia al diagnóstico de enfermedades cardiovasculares en la mujer porque los médicos tenían la idea de que las hormonas femeninas las protegían y si un hombre llegaba al hospital con dolor en el pecho se le hacían pruebas, pero si era mujer no se le hacía tanta cosa, entre otras razones porque los síntomas previos que tienen no son tan expresivos como el dolor de angina de pecho en el hombre; a veces su dolor es de menor intensidad y no tiene una localización específica, es más errático –hacia el estómago, el cuello o la mandíbula–, y los médicos no le dan tanta importancia”, reconoce el presidente de la Fundación Española del Corazón, Leandro Plaza.

Sin embargo, cuando los especialistas han puesto la lente de género para mirar las enfermedades cardiovasculares se han dado cuenta de que hay un 10% más de muertes entre mujeres que entre hombres, y que entre ellas es más frecuente el infarto cerebral mientras que entre ellos el de miocardio. El doctor Plaza explica que es normal que las mujeres tengan más complicaciones cardiovasculares porque viven más y la arterioesclerosis se va desarrollando con los años y, como existía la creencia de que el sistema vascular de las mujeres estaba protegido por sus hormonas, no se hacía tanta labor de prevención con ellas, de forma que cuando la enfermedad da síntomas ya es crónica. Pero enfatiza que también se han producido cambios sociales que han contribuido al aumento de estas patologías, como que hace unas décadas se disparó el número de fumadoras y son más resistentes a abandonar el tabaco, que las mujeres tienen mayor tendencia al sobrepeso y que suelen ir sobrecargadas de trabajo, se dedican a cuidar de los demás pero poco de ellas, y cuando van a las consultas con malestares inespecíficos se les hace menos caso. No obstante, el presidente de la Fundación Española del Corazón cree que esto último está cambiando y los médicos piden más a menudo análisis sobre niveles de glucosa y colesterol con carácter preventivo.

Genes, hormonas y sociedad Santiago Palacios, director del Instituto Palacios de Salud y Medicina de la Mujer y presidente de la Fundación Española Mujer y Salud, opina que en los últimos diez años se ha avanzado bastante en la difusión de las diferencias de género en el ámbito de la salud y comenta que se aducen razones genéticas, hormonales y sociales para explicarlas. “Una razón para que las mujeres vivan más pero con menos calidad de vida pueden ser los genes, porque ellas tienen dos cromosomas X, grandes y ricos en genes, mientras que el hombre tiene un cromosoma X grande y un Y pequeño, aunque la mayoría de genes del segundo cromosoma X de las mujeres no se expresan y ahora se está estudiando qué diferencias hay en la expresión genética de X e Y”, apunta.

El segundo factor que justifica las diferencias entre ellos y ellas a la hora de enfermar son las hormonas y todo lo que tiene que ver con los órganos reproductores. “La más destacada es la anemia ferro­pénica habitual en muchas mujeres desde que tienen la menstruación hasta la menopausia; pero también otras patologías que son más frecuentes en mujeres, como la osteoporosis, las enfermedades relacionadas con el tiroides, la migraña o la depresión parecen estar relacionadas con los estrógenos, la serotonina y otras hormonas”, indica el doctor Palacios. Y explica que la diferente impresión del dolor que tienen las mujeres quizá tenga que ver con que el endotelio, el tejido que recubre cavidades internas del organismo, está cargado de receptores de estrógenos que podrían justificar vasodilataciones y vasoconstricciones derivadas de los niveles hormonales.

Pero más allá de genes y hormonas, las desigualdades de salud entre hombres y mujeres tienen mucho que ver con cuestiones de índole social. Santiago Palacios pone dos ejemplos muy gráficos: “Una señora que está triste va al médico y lo expresa bien, y le diagnostican una depresión; un hombre que está decaído igual se toma dos copas y enfoca sus problemas por otros derroteros; los hijos van a comer a casa de los padres y si a la madre se le ha olvidado un ingrediente del plato principal se cuestionan si estará perdiendo la memoria, pero no reparan en la salud mental del padre que está callado en una esquina de la mesa sin participar en nada; ¿quiere eso decir que las mujeres sufren más depresiones o problemas neurológicos o que la percepción de la enfermedad es diferente en ellas que en los hombres?”. Añade que también hay patologías muy relacionadas con el estilo de vida y los condicionantes sociales: “La sensación de agresividad que tiene la mujer en el trabajo y el estrés que comporta, sumado al estrés de compaginarlo con las tareas domésticas y familiares, tiene mucho que ver con los dolores de cabeza, el estreñimiento o la gastritis” y otras dolencias que padecen más.

La doctora Valls-Llobet, autora de Mujeres invisibles (Debolsillo), asegura que “cuesta aceptar que por problemas de estereotipos culturales, sociales y psicológicos estemos invisibilizando los problemas de salud de las mujeres, cometiendo errores en el diagnóstico, realizando exploraciones que no conducen a un fin eficaz y recomendando tratamientos que pueden enfermar o acelerar las enfermedades que pretendíamos tratar”. Y pone como ejemplo el hecho de que en los manuales de medicina se explique que la falta de hierro en las mujeres en edad reproductiva es algo normal, sin tener en cuenta que las anemias y las deficiencias de almacenamiento de hierro pueden producir cansancio, malestar y dificultades de memoria o de concentración, de modo que cuando las mujeres acuden con estos malestares al médico hay una predisposición a pensar que responden a cuestiones psicológicas y a recetarles ansiolíticos o antidepresivos.

Otro sesgo de género que destaca Valls-Llobet es el convencimiento de que la enfermedad pulmonar obstructiva es una enfermedad principalmente masculina, cuando ahora el número de fumadoras es similar al de fumadores, o que se trasplanten más riñones a hombres que a mujeres a pesar de que la incidencia de enfermedades renales es similar en ambos. “No es un problema de mala voluntad; la cuestión es que muchos médicos salen de la facultad creyendo cosas que en la vida son otras, porque pocos profesores enseñan medicina con perspectiva de género”, enfatiza.

Porque cuando la información relacionada con la salud se analiza con esta mirada hay datos que sorprenden. Así, cuando los investigadores diferenciaron por sexo los resultados de un estudio médico sobre vasculitis renales descubrieron que las mujeres tienen un tipo especial de vasculitis. Y un reciente estudio sobre medicina de género coordinado por Giovannella Baggio, de la Universidad de Padua (Italia), ha evidenciado que la cirrosis biliar primaria es una afección hepática que afecta sobre todo a mujeres, o que ellas sufren cáncer de colon a edades más tardías y en una localización distinta y responden mejor a los tratamientos con quimioterapia.

Leandro Plaza asegura que el hecho de que ahora los estudios sobre nuevos medicamentos y las investigaciones médicas tengan en cuenta tanto a hombres como a mujeres ha supuesto un gran avance y permite que en el ámbito de la cardiología ya exista más conciencia médica de que las medidas de prevención y la difusión de los hábitos cardio­saludables han de ser para todos, tanto hombres como mujeres, aunque para ellas es más importante a partir de la menopausia y el foco de atención ha de estar más en los infartos cerebrales que de miocardio.

Santiago Palacios, por su parte, cree que la menor presencia de las mujeres en los ensayos clínicos tiene que ver con el temor a exponerlas a riesgos durante la edad reproductiva, pero considera que es muy importante que estén porque la mujer, por su menor masa corporal, por su diferente sensibilidad al dolor y por su distinto metabolismo enzimático reacciona de forma diferente a muchos medicamentos, como pasa con el alcohol o el tabaco. Pone como ejemplo que 100 miligramos de aspirina actúan como un anticoagulante suave para los hombres pero no tanto para las mujeres, y que los efectos de una misma dosis de paracetamol o de anestesia son diferentes para unos y otras. A este respecto, la doctora Valls-Llobet explica que investigadores noruegos han demostrado que las mujeres metabolizan los fármacos de forma diferente –posiblemente por las diferencias enzimáticas en el hígado y la mayor presencia de grasa en el organismo femenino– y que con dosis menores de diazepam presentan niveles en sangre más elevados que los hombres. “Lo habitual es que demos las mismas dosis de medicamento a todos los adultos, y eso hace que la mujer esté más medicada de lo que necesitaría, porque sabemos que los metabolizan diferente por farmacocinética pero los conocimientos que llegan a los médicos están sesgados porque aún no hay ciencia suficiente”, comenta.

Enfermedades que marcan diferencias
 
Osteoporosis
La menopausia tiene mucho que ver con su mayor inci­dencia entre las mujeres, ­pero algunos médicos ad­vierten que en esta en­fermedad inciden otros fac­tores que pueden prevenirse si se toma en consideración su predominio femenino, como enfermedades endocrinas, sedentarismo, deficiencias nutricionales, enfermedades reumatológicas o el tabaquismo.

Alteraciones tiroideas
Otras dolencias marcadamente femeninas son las relacionadas con alteraciones de la función tiroidea, que a menudo se traducen en cansancio, pérdida de memoria, dolor muscular generalizado y tendencia a la depresión. Algunos especialistas en medicina de género sospechan que detrás de muchos diagnósticos de fibromialgia,de depresión o de ansiedad puede haber una hipofunción tiroidea no diagnosticada que se confunde con problemas psicológicos.

Anemia
Es la dolencia más frecuente entre mujeres menores de 50 años. La falta de hierro se ha considerado algo normal en las mujeres desde la pubertad hasta la menopausia. Sin embargo, esta deficiencia puede enmascarar otras enfermedades endocrinas o bien estar detrás de algunos diagnósticos de ansiedad o problemas de salud mental, puesto que se traduce en dolores de cabeza, cansancio, angustia, dificultades de memoria y concentración…

Problemas ambientales
Las enfermedades relacionadas con problemas quí­micos y ambientales tienen más incidencia entre la población femenina porque ellas acumulan un 15% más de grasa en el organismo, menos agua y su sistema metabólico es diferente.

Sida
La mujer tiene más riesgo de enfermedades de transmisión sexual y de sida porque las posibilidades de erosión de la vagina son mayores que las del pene.

Cirrosis biliar primaria
Es una enfermedad hepática que afecta sobre todo a mujeres (un 90% de los casos diagnosticados). Algunos investigadores han demostrado que tanto en esta patología como en la hepatitis C crónica influyen la genética y los niveles hormonales diferenciados de las mujeres. En general, las mujeres son más propensas a sufrir alteraciones en el hígado, que tiene un contenido enzimático diferente del de los hombres y metaboliza peor el alcohol y algunos fármacos.

Depresión y ansiedad
Las estadísticas muestran que son dolencias más frecuentes entre las mujeres, pero algunos especialistas consideran que quizá sólo es que ellas están más diagnosticadas porque exponen sus problemas más claramente en las consultas médicas, o que los médicos tienden a atribuir a problemas psicológicos síntomas inespecíficos que comentan sus pacientes sin indagar en otras posibles causas. También hay factores psicológicos, sociales y culturales que penalizan la salud mental de las mujeres, como la lucha por mantener la autoestima en una sociedad regida mayoritariamente por hombres, el sentimiento de culpa o la presión del perfeccionismo para conjugar vida laboral y familiar.
 
Infartos de miocardio
Los síntomas previos al infarto de miocardio son diferentes en las mujeres. El dolor en la parte anterior del pecho no es tan intenso y es más errático: a veces se expresa como dolor de estómago, de la mandíbula o del cuello.

Infartos cerebrales
A partir de la menopausia las mujeres son tan vulnerables como los hombres a las enfermedades cardiovasculares, aunque sus problemas de arterioesclerosis se localizan más en el entorno del cerebro y por eso sufren más infartos cerebrales.

Fibromialgia
La percepción del dolor que tienen hombres y mujeres es diferente y es posible que haya razones hormonales que lo justifiquen. Algunos expertos opinan que se ha usado la etiqueta fibromialgia para englobar cualquier dolor o malestar de las mujeres considerado incurable y de causas desconocidas, y subrayan que hay muchas enfermedades que pueden causar dolor muscular y articular y que deberían ser tenidas en cuenta para hacer un diagnóstico diferencial porque son patologías más prevalentes en el sexo femenino y tienen tratamiento, como las miopatías endocrinas, la deficiencia subclínica de vitamina D, el hiperparatiroidismo secundario por falta de vitamina D, la polimialgia reumática, la arteritis temporal…

Enfermedades autoinmunes
La artritis reumatoide, el síndrome de Sjögren o el lupus eritematoso sistemático son algunas de las enfermedades autoinmunes que se dan con más frecuencia en mujeres que en hombres. La causa no se sabe, aunque podría estar relacionada con el cromosoma X o con los niveles de estrógenos.

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