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Lista para llevar al mercado: Alimentos para tener un corazón sano

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Cuando se trata del corazón, lo que comes importa mucho. Sigue estos consejos para comer alimentos que te permitan tener un corazón sano:

Come menos grasas saturadas y grasas trans. Aléjate de las carnes con mucha grasa, los alimentos fritos, las tortas o pasteles y las galletas.
Reduce el consumo de sodio (sal). Busca marcas de sopa, verduras enlatadas, refrigerios y carnes frías que contengan poco sodio (low sodium) o que no tengan sal adicional (no salt added).
Consume más fibra. La fibra se encuentra en las verduras, las frutas y los granos integrales.

Lleva la siguiente lista la próxima vez que vayas de compras al mercado.

Frutas y verduras

Come una variedad de frutas y verduras. Para ahorrar dinero, compra frutas y verduras congeladas o enlatadas, o que estén en cosecha.

  • Verduras frescas, como tomates, repollo y  brócoli
  • Hortalizas de hoja verde para las ensaladas, como espinaca y col rizada
  • Verduras enlatadas que contengan poco sodio (sal)
  • Verduras congeladas sin mantequilla ni salsas
  • Frutas frescas, como manzanas, naranjas, plátanos guineos, peras y duraznos
  • Frutas enlatadas en jugo al 100% en vez de almíbar
  • Frutas congeladas o secas sin azúcar adicional

Leche y productos lácteos

Busca productos lácteos descremados o semidescremados. También puedes escoger leche de soya enriquecida con calcio.

  • Leche descremada o semidescremada (al 1%)
  • Yogur descremado o semidescremado (opta por los que tengan menos azúcar adicional)
  • Queso (que contenga 3 gramos de grasa o menos por porción)
  • Leche de soya sin grasa o con poca grasa, enriquecida con calcio

Panes, cereales y granos

En el caso de productos que tengan más de un ingrediente, asegúrate de que el primer producto de la lista sea trigo integral u otro grano integral.

  • Pan de trigo integral al 100%
  • Cereales para el desayuno que contengan granos integrales, como la avena
  • Granos integrales, como el arroz integral o silvestre, la cebada y el trigo partido (bulgur)
  • Pastas de trigo integral u otros granos integrales

Carnes, frijoles, huevos y nueces

Escoge cortes de carne magros y otros alimentos que contengan proteínas.

  • Pescado y mariscos
  • Pechuga de pollo y de pavo sin pellejo
  • Carne de cerdo: pierna, paletilla, lomo
  • Carne de res: pierna o nalga, solomillo, lomo, carne molida extra magra (por lo menos al 93%)
  • Frijoles, lentejas y chícharos (alverjas)
  • Huevos y sustitutos del huevo
  • Nueces y semillas sin sal

Grasas y aceites

Disminuye el consumo de productos que contengan grasas saturadas y busca productos que no tengan grasas trans.

  • Margarina y otros productos de untar (blandos, en tarro o líquidos) sin grasas trans
  • Aceites vegetales (aceite de colza [canola], oliva, cacahuete [maní] o ajonjolí)
  • Aceite de cocina en espray
  • Mayonesa con menos grasa (light)
  • Aderezos para ensaladas que contengan aceite en vez de cremas

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“La apnea del sueño unida a la hipertensión es un auténtico peligro”

El doctor Manuel Tumbeiro, responsable de la Unidad del Sueño del CHUO, explica que más de 2.600 ourensanos tienen actualmente tratamiento para la apnea

laregion.es

De ellos, 745 fueron diagnosticados el pasado año. Tumbeiro advierte que el riesgo que genera si no se trata es incluso mayor que el provocado por la tensión alta: “Las dos juntas son un peligro y si le sumamos obesidad y vida sedentaria ya tenemos un serio problema”. Este trastorno respiratorio se asocia además con el ictus o el infarto de miocardio.

¿Qué es la apnea del sueño y a quién afecta?

Es una patología respiratoria que se caracteriza por ronquidos, repetidas paradas de la respiración y somnolencia de día. Afecta a personas de cualquier edad y sexo, siendo más común en hombres de mediana edad con exceso de peso.

¿Cuales son los síntomas más frecuentes?

A veces lo detecta la pareja y alerta del problema. Otras veces porque tienen sueño de día o ya se levantan cansados. Hay profesionales del transporte que sufren apnea. Eso es muy peligroso. Desde que están en tratamiento su calidad de vida aumenta, eliminando un importante riesgo de accidentes por somnolencia.

¿Qué se debe hacer cuando se detecta?

Ir al médico de atención primaria. Si valora que se puede tratar de apnea, hace una interconsulta para que lo evaluemos. En todo caso se trata de un problema infradiagnosticado, porque existe la tendencia de vincular somnolencia y el cansancio por el día a otras cuestiones como malos hábitos de sueño o insomnio.

¿Qué pruebas se hacen en la Unidad del Sueño?

Se hace la poligrafía en el domicilio o la polisomnografía en el hospital mientras duerme el paciente. En el registro vemos si hacen apneas y la repercusión que tienen en la calidad del sueño y en la oxigenación de la sangre.

¿Cual es el remedio para resolver esta patología?

Dormir con la CPAP. Es un dispositivo que genera una presión de aire que, mediante una tubuladura, se conecta a una mascarilla nasal. Esta presión se transmite a la vía aérea alta, consiguiendo que no se cierre al dormir. Así desaparecen el ronquido y la apnea. Los beneficios, si se tolera, son inmediatos. Eso sí, la CPAP solamente alivia la apnea, lo que la curaría sería el bajar kilos de peso.

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¿El café también puede activar la salud del corazón?

En pruebas de laboratorio, la cafeína bloqueó la respuesta inflamatoria, pero no probaron causalidad

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La cafeína de su taza matutina de café quizá haga más que simplemente despertarlo… también podría ayudar a reducir el tipo de inflamación que se vincula con los factores de riesgo de la enfermedad cardiaca, sugiere un nuevo estudio.

Los investigadores encontraron que un mecanismo inflamatorio se activaba en ciertos adultos mayores, aunque no en otros. Cuando estaba altamente activado, las personas con frecuencia tenían una presión arterial alta y arterias rígidas.

Pero en experimentos de laboratorio, hubo evidencias de que la cafeína bloqueaba ese proceso inflamatorio.

Pero nadie afirma que la taza matutina de café es una panacea contra el envejecimiento.

Aún así, los hallazgos podrían ayudar a explicar por qué estudios anteriores han vinculado una ingesta más alta de cafeína con una vida más larga, apuntó el investigador líder, David Furman, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford.

El cuerpo humano “probablemente tenga cientos de vías” que contribuyen a la inflamación crónica y a varias enfermedades, según Furman.

“Identificamos una de ellas”, dijo.

Furman añadió que otras sustancias, aparte de la cafeína, podrían influir en el proceso inflamatorio. Apuntó al ejemplo bien conocido de los ácidos grasos omega 3 (unos nutrientes que se encuentran comúnmente en el pescado graso), que pueden aliviar la inflamación.

Una investigadora que no participó en el estudio también desaconsejó dar demasiada importancia al hallazgo sobre la cafeína.

Lo “realmente importante” es que el estudio apunta a algunos “objetivos” moleculares para nuevos tratamientos para combatir la inflamación crónica, aseguró Gabrielle Fredman.

Fredman es profesora asistente en el Colegio Médico de Albany, en Albany, Nueva York, y beneficiaria de la Federación Americana de Investigación sobre el Envejecimiento (American Federation for Aging Research).

Hace mucho que los investigadores creen que la inflamación de bajo grado duradera contribuye a la mayoría de enfermedades crónicas relacionadas con la edad, incluyendo la enfermedad cardiaca, la artritis, la demencia y muchos tipos de cáncer.

Fredman anotó que los medicamentos antiinflamatorios existentes tienen efectos secundarios, incluyendo la supresión del sistema inmunitario, que no son deseables en los adultos mayores.

Comentó que los científicos intentan desarrollar tratamientos que se dirijan a los culpables específicos del proceso de inflamación crónica.

No está claro si la cafeína podría ser uno de esos tratamientos.

“Hay algunas sugerencias en este estudio de que una cafeína moderada podría ser suficiente para reducir parte de esta inflamación”, dijo Fredman.

Pero enfatizó que es demasiado pronto como para decir lo que esto podría significar. “No realizaron un ensayo clínico que evaluara la cafeína”, apuntó Fredman. “Definitivamente hay que realizar más estudios”.

El estudio, que aparece en la edición en línea del 16 de enero de la revista Nature Medicine, incluyó a más de 100 adultos. Durante la década pasada, los participantes habían tomado encuestas y provisto muestras de sangre, y se habían revisado sus expedientes médicos.

El equipo de Furman comparó las muestras de sangre de los grupos de menor y mayor edad, para ver qué genes estaban más “activados” en los adultos mayores.

Detectaron dos “racimos” de genes en que todos los miembros parecían trabajar juntos. Ambos racimos tienen que ver con la producción de una potente proteína inflamatoria llamada IL-1-beta.

Resultó que los adultos mayores podían separarse en dos grupos: los que tenían una activación alta en uno o ambos racimos de genes, y los que tenían una activación baja.

De los doce adultos en el grupo “alto”, nueve tenían hipertensión, frente a solo una de 11 personas en el grupo “bajo”. Los del grupo alto también eran mucho más propensos a tener arterias rígidas.

Encima de eso, sus análisis de sangre mostraron diferencias. Los adultos mayores en el grupo alto tenían unos niveles más altos de IL-1-beta. También tenían unos niveles más altos de unas sustancias conocidas como metabolitos del ácido nucleico. Son los productos de la descomposición de las moléculas que funcionan como bloques de construcción de los genes.

Entonces, ¿qué tiene que ver la cafeína?

Los del grupo de activación baja bebían más bebidas con cafeína. Eso condujo a los investigadores a observar más de cerca en el laboratorio.

Primero, incubaron células del sistema inmunitario con metabolitos de ácido nucleico que eran prevalentes en el grupo “alto”. Encontraron que los metabolitos aumentaban la actividad en uno de los racimos de genes inflamatorios. Eso, a su vez, hacía que las células inmunitarias produjeran más IL-1-beta.

Cuando las inyectaron en ratones, las sustancias desencadenaron una inflamación generalizada e hipertensión.

Luego, los investigadores incubaron células inmunitarias tanto en metabolitos del ácido nucleico como en cafeína.

Encontraron que la cafeína parecía bloquear las sustancias que provocaban inflamación.

Según Fredman, los resultados apuntan a algunas sustancias que pueden ser “objetivos” para tratamientos antiinflamatorios.

Investigaciones anteriores han mostrado que la IL-1-beta tiende a estar elevada en las personas con enfermedad cardiovascular, señaló Fredman. Y un ensayo clínico está evaluando ahora los efectos de un inhibidor de la IL-1-beta en los pacientes con enfermedad cardiaca.

A un nivel más amplio, dijo Fredman, el nuevo estudio comienza a abordar una pregunta fundamental.

“Esto puede ayudarnos a comprender por qué algunas personas envejecen de forma más exitosa que otras”, planteó. “¿Por qué una persona sufre un accidente cerebrovascular a los 60, mientras que otra vive hasta los 100 y nunca tiene un accidente cerebrovascular?”.

No está claro por qué algunas personas tienen una activación “alta” de los racimos de genes inflamatorios y otras no.

Pero probablemente sea en parte genético, dijo Fredman. Y el estudio muestra evidencias de ello, añadió. Las personas en el grupo de activación baja eran ocho veces más propensas a tener al menos un pariente cercano que hubiera vivido hasta los 90 años de edad o más.

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Preocuparse por la salud puede dañar el corazón

Un estudio indica que las personas obsesionadas con las enfermedades tienen un 73 % más de posibilidades de sufrir cardiopatías.

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Los enfermos imaginarios son más propensos que el resto de la población a padecer problemas cardiacos. Es la conclusión a la que ha llegado un equipo de doctores noruegos tras estudiar a 7.052 personas durante 12 años. Aquellos individuos que mostraban ansiedad respecto a su estado de salud al principio de la investigación tenían un 73 % más de posibilidades de desarrollar una enfermedad del corazón que quienes no se preocupaban.

Hace tiempo que se sabe que la ansiedad crónica es un trastorno psicológico que puede dañar el corazón, pero este trabajo es el primero que se centra en la ansiedad relacionada con la salud, esa hipocondría que provoca en quien la padece una preocupación constante por caer gravemente enfermo y una necesidad de acudir al médico aunque no haya nada que lo justifique.

Los investigadores creían al principio de su estudio que los más preocupados por su salud serían los más sanos, ya que se cuidarían más que el resto, pero han comprobado que no es así.

Los individuos analizados, nacidos entre 1953 y 1957, habían pasado por chequeos médicos entre 1997 y 1999 y rellenaron cuestionarios sobre su salud, estilo de vida y nivel educativo. Los autores aplicaron una escala para medir los niveles de hipocondría y conluyeron que el 10 % de la muestra la padecía.

La salud cardiaca de los participantes fue controlada en 2009, con la exclusión de quienes recibían tratamiento por problemas de corazón o habían fallecido a consecuencias de estos. ¿Qué ocurrió? El 3,3 % habían sufrido un accidente isquémico (un ataque al corazón o una angina de pecho, por ejemplo). Pero entre ellos, los fallecidos eran el doble entre quienes habían mostrado indicios de hipocondría al principio del trabajo.

Cuando añadieron otros factores potencialmente peligrosos para el corazón, los investigadores hallaron que las personas calificadas como hipocondriacas al inicio del experimento tenían un 73 % más de probabilidades de desarrollar una cardiopatía que el resto. De esta forma, la ansiedad se confirma como un riesgo para el corazón similar al tabaquismo o la obesidad.

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Pasar muchas horas en la oficina podría aumentar su riesgo de enfermedad cardiaca, según un estudio

El peligro fue más alto para los que trabajaron 46 horas a la semana o más

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Trabajar muchas horas podría aumentar su riesgo de sufrir una enfermedad cardiaca, según un estudio reciente.

Los investigadores analizaron los datos de más de 1,900 personas en un estudio a largo plazo sobre el trabajo. Hallaron que al 43 por ciento les habían diagnosticado un problema relacionado con las enfermedades cardiovasculares, como la angina de pecho, la enfermedad arterial coronaria, la insuficiencia cardiaca, un ataque cardiaco, hipertensión o un accidente cerebrovascular.

Entre los empleados a tiempo completo, el riesgo aumentó un 1 por ciento por cada hora adicional trabajada a la semana durante 10 años o más.

A partir de las 46 horas, cada hora adicional trabajada aumentó el riesgo de enfermedad cardiaca incluso más. En comparación con los que trabajaron un promedio de 45 horas a la semana durante 10 años o más, el riesgo de enfermedad cardiaca fue un 16 por ciento más alto entre los que trabajaron 55 horas a la semana y un 35 por ciento más alto entre los que trabajaron 60 horas a la semana.

El hallazgo no aplicó a los trabajadores a tiempo parcial, según el estudio publicado en la edición de marzo de la revista Journal of Occupational and Environmental Medicine.

Los investigadores tampoco demostraron una relación de causalidad entre trabajar muchas horas y un aumento del riesgo de enfermedad cardiaca.

“Este estudio ofrece evidencias específicas sobre el hecho de trabajar muchas horas y un aumento [en] el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares, lo que proporciona un fundamento para los esfuerzos de prevención de enfermedades cardiovasculares focalizados en los horarios de los trabajadores, lo que podría reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares de millones de trabajadores estadounidenses”, afirmó en un comunicado de prensa de la revista la autora del estudio, Sadie Conway, del Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Texas, en Houston.

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La depresión podría aumentar el riesgo de enfermedades cardiacas y de ACV de las personas mayores

Los médicos deberían vigilar si las personas de edad avanzada tienen un estado de ánimo bajo, según los investigadores

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La depresión aumenta el riesgo de enfermedades cardiacas y de accidente cerebrovascular (ACV) en las personas mayores, indica un estudio reciente.

Los investigadores observaron a más de 7,300 personas en Francia sin antecedentes de enfermedades cardiacas, ACV o demencia al inicio del periodo de estudio. Se examinó a los participantes de nuevo dos, cuatro y siete años más tarde.

Al principio, aproximadamente el 30 por ciento de las mujeres y el 15 por ciento de los hombres tenían unos niveles altos de síntomas depresivos. En cada visita de seguimiento, aproximadamente el 40 por ciento de los que presentaban unos niveles altos de síntomas depresivos se habían recuperado, mientras que el mismo porcentaje tenían unos nuevos síntomas de depresión, comentaron los autores del estudio.

En todas las evaluaciones realizadas durante el estudio, menos del 10 por ciento de los participantes estaban tomando antidepresivos, según el informe publicado en línea recientemente en la revista Journal of the American Geriatrics Society.

Los participantes del estudio que presentaban unos niveles altos de síntomas depresivos en alguna de las visitas tenían un riesgo más alto de sufrir enfermedades cardiacas o ACV a lo largo de 10 años. Pero el riesgo aumentó con la duración de la depresión: del 15 por ciento si los síntomas depresivos eran evidentes solamente en una visita al 75 por ciento si eran aparentes en las 4 visitas, hallaron los investigadores.

Los hallazgos sugieren que la depresión podría ser un factor de riesgo para las enfermedades cardiacas o el ACV. Sin embargo, como este estudio fue observacional, los hallazgos no pueden demostrar que haya una relación causal.

Pero, basándose en los hallazgos, el autor del estudio, el Dr. Renaud Pequignot, del INSERM en París, y sus colaboradores sugirieron en un comunicado de prensa que los médicos deberían vigilar de cerca a las personas de a partir de 65 años en busca de síntomas de depresión.

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¿El optimismo protege el corazón?

Una reciente investigación demuestra que los cenizos tienen peor salud cardiovascular.

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Un nuevo estudio ha venido a confirmar lo que circula entre la gente como un lugar común: ver el lado bueno de las cosas es positivo para el organismo. Investigadores de la Universidad de Illinois, en EE. UU., han analizado el vínculo entre optimismo y salud cardiaca en más de 5.100 adultos de entre 45 y 84 años, y han concluido que “los individuos que muestran los mayores niveles de optimismo tienen dos veces más posibilidades de encontrarse en un estado cardiovascular ideal que aquellos más pesimistas”.

Además, esta asociación se mantuvo cuando los expertos aplicaron los factores correctores atribuibles a las diferencias de edad y estatus socioeconómico. Los autores del trabajo se valieron de siete patrones para medir la salud cardiovascular de los sujetos: presión sanguínea, índice de masa corporal, niveles de colesterol y glucosa, dieta, actividad física y consumo de tabaco.

Después cruzaron estos datos con los niveles de salud mental, optimismo y bienestar físico que decían tener estos individuos. Los resultados no dejaron lugar a la duda: los más positivos y animosos eran los que poseían los corazones más fuertes, y también mostraban mejores niveles de colesterol.

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El tratamiento para el cáncer infantil podría aumentar el riesgo de enfermedad cardiaca en la adultez

Un estudio encuentra que muchos supervivientes no presentan síntomas, pero que de cualquier forma sufren de problemas del corazón

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Los niños que sobreviven al cáncer podrían enfrentarse a un riesgo más alto de enfermedad cardiaca en la adultez, sugiere una investigación reciente.

Los efectos persistentes de los tratamientos que salvaron sus vidas en la niñez podrían provocar el desarrollo de anomalías cardiacas que quizá no causen síntomas aparentes, explicaron los investigadores.

Los investigadores hallaron que la enfermedad cardiaca parece afectar a entre un 3 y un 24 por ciento de los supervivientes a cánceres pediátricos para cuando cumplen los 30 años. Esas cifras aumentaron a entre un 10 y un 37 por ciento entre los pacientes a partir de los 40, encontró el estudio.

Pero aunque el estudio reveló un vínculo entre el tratamiento del cáncer infantil y la enfermedad cardiaca posterior, no probó causalidad.

“La prevalencia de estos hallazgos cardiacos podría anticiparse en una población adulta de más edad, pero no necesariamente en esta población joven”, apuntó el autor líder del estudio, el Dr. Paul Mulrooney.

“Los supervivientes al cáncer infantil expuestos a terapias oncológicas cardiotóxicas están en riesgo de enfermedad cardiovascular prematura, gran parte de la cual podría presentarse de forma asintomática (sin síntomas) y ameritar una vigilancia a largo plazo”, señaló.

Mulrooney, que trabaja en el departamento de oncología en la división de supervivencia al cáncer del Hospital Pediátrico de Investigación St. Jude en Memphis, Tennessee, y sus colaboradores, publicaron sus hallazgos en la edición en línea del 4 de enero de la revista Annals of Internal Medicine.

A medida que las terapias para el cáncer han mejorado, las probabilidades de sobrevivir a los tumores infantiles han aumentado de forma marcada. En Estados Unidos, cuatro de cada cinco pacientes jóvenes sobreviven ahora al menos cinco años tras su diagnóstico inicial. Según los investigadores, hay casi 390,000 adultos supervivientes a un cáncer infantil. Se calcula que esa cifra habrá aumentado a más de medio millón en 2020, dijeron los autores del estudio.

¿El problema? En el pasado, un regreso del cáncer era el mayor problema entre los pacientes pediátricos. Pero hoy día, los expertos creen que los supervivientes adultos quizá tengan que enfrentarse a los efectos secundarios del tratamiento oncológico.

Para explorar el tema, los autores del estudio se concentraron en casi 1,900 hombres y mujeres tratados inicialmente por un cáncer pediátrico en el Hospital Pediátrico de Investigación St. Jude.

Los participantes tenían entre 18 y 60 años de edad. Todos habían sido tratados con varios tipos de quimioterapia y/o radiación. Todos habían sobrevivido un mínimo de 10 años, según el estudio.

Los investigadores encontraron que aunque casi ninguno de los pacientes mostraba ninguna señal externa de enfermedad cardiaca, más del 7 por ciento sufrían de alguna forma de enfermedad del músculo cardiaco (cardiomiopatía), como un corazón agrandado, engrosado, debilitado y/o rígido. Ese problema fue más prevalente entre los que se habían sometido a radioterapia del pecho que entre los que no, mostró la investigación.

Casi el 4 por ciento tenían una enfermedad de la arteria coronaria y un 28 por ciento tenían un estrechamiento del vaso sanguíneo o filtración de la válvula cardiaca. Se observaron anomalías del ritmo cardiaco en más del 4 por ciento de los supervivientes, halló el estudio.

“En nuestro estudio, solo incluimos a supervivientes de cánceres infantiles expuestos a tratamientos oncológicos cardiotóxicos, [como] las antraciclinas y/o la radiación cardiaca”, explicó Mulrooney.

No hubo pacientes en el estudio que no recibieron tratamiento para su cáncer pediátrico. Así que “es difícil decir si el cáncer en sí podría también contribuir a estos resultados cardiacos”, añadió.

El Dr. Nicholas Zaorsky, medico residente de oncología de la radiación en el Centro Oncológico Fox Chase, en Filadelfia, sugirió que lo más probable es que el tratamiento del cáncer infantil en sí aumente el riesgo de enfermedad cardiaca en la adultez.

“Se sabe que ciertos tipos de quimioterapia aumentan el riesgo de enfermedad cardiaca”, dijo Zaorsky. Además, la radioterapia dirigida a la región de la cavidad torácica también aumenta las probabilidades de enfermedad cardiaca, apuntó.

“Lo más probable es que el aumento en el riesgo de enfermedad cardiaca surja del tratamiento del cáncer con quimioterapia y radioterapia, más que del cáncer en sí”, planteó Zaorsky.

El Dr. Stephen Freedland, profesor de cirugía, presidente del departamento de cáncer de próstata y director del Centro de Investigación Integrada sobre el Cáncer y el Estilo de Vida del Centro Médico Cedars-Sinai, en Los Ángeles, se hizo eco de esa opinión.

“Se trata básicamente de un fenómeno moderno. Porque hace entre 20 y 40 años no había supervivientes al cáncer infantil. Lo atacamos con todo lo que teníamos. Y algunas cosas funcionaron”, explicó Freedland.

“Pero ahora nos damos cuenta de que esos fármacos pueden resultar nocivos”, añadió. “La pregunta ahora es si podemos hacer que el tratamiento del cáncer sea más amable y suave con el corazón sin reducir su eficacia. Gran parte de la investigación sobre el cáncer pediátrico se enfoca ahora en ese tema”.

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La contaminación del tráfico podría aumentar el riesgo de ataque cardiaco a corto plazo

Un estudio sugiere que el efecto apenas dura hasta seis horas, y que parece afectar sobre todo a los que ya están en riesgo

La exposición a altos niveles de contaminación atmosférica relacionada con el tráfico parece aumentar temporalmente el riesgo de experimentar un ataque cardiaco, sugiere una nueva investigación británica.

Sin embargo, el aumento aparente del riesgo es de corta duración, anotó el equipo del estudio, ya que apenas dura entre una y seis horas tras la exposición, y se disipa por completo después.

Además, la exposición a la contaminación atmosférica podría no tanto aumentar el riesgo cardiaco general como acelerarlo, aumentando las probabilidades de que un individuo que ya se enfrenta a un probable ataque cardiaco lo experimente un poco antes.

El hallazgo, que aparece en la edición del 20 de septiembre de la revista BMJ, es el trabajo de un equipo liderado por Krishnan Bhaskaran, profesor de epidemiología estadística del departamento de epidemiología de las enfermedades no contagiosas de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres.

Para evaluar el impacto potencial de la contaminación atmosférica sobre la salud cardiaca, los investigadores analizaron los casos de poco más de 79,000 pacientes de Inglaterra y Gales que experimentaron un ataque cardiaco entre 2003 y 2006 en uno de quince centros urbanos relativamente grandes (Londres) o pequeños (Cardiff).

Tras anotar la hora del ataque cardiaco de cada paciente, el equipo analizó los datos regionales relevantes sensibles al tiempo sobre los niveles de contaminación atmosférica con partículas contaminantes (PM10), monóxido de carbono, dióxido de azufre, ozono y dióxido de nitrógeno, obtenidos por el Archivo Nacional de Calidad del Aire de R.U.

Bhaskaran y colegas notaron específicamente que el dióxido de nitrógeno y las PM10 son el principal producto de los vehículos motorizados en ambientes urbanos. Así, el equipo determinó que las elevaciones en éstos eran un indicador de la exposición a la contaminación relacionada con el tráfico.

Tras ajustar varios factores como la temperatura del aire, la humedad, las condiciones de gripe y virales generales, los periodos de fiesta y los días específicos de la semana, el equipo halló que unos mayores niveles ambientales de PM10 y dióxido de nitrógeno parecían relacionarse con un aumento a corto plazo en el riesgo de experimentar un ataque cardiaco.

Pero aunque observaron el riesgo de ataque cardiaco durante hasta 72 horas tras la exposición a la contaminación atmosférica, no pareció haber un mayor riesgo fuera del rango de una a seis horas.

A pesar de esa observación, el equipo señaló en un comunicado de prensa de la revista que aunque quizás haya “un potencial limitado para reducir la carga general de infarto al miocardio solo a través de reducciones en la contaminación… eso no debe socavar las llamadas a medidas contra la contaminación atmosférica, que tiene asociaciones bien establecidas con resultados más amplios de salud, entre ellos la mortalidad general, respiratoria y cardiovascular”.

En un comentario sobre el estudio, el Dr. Bertram Pitt, profesor emérito de medicina de la Facultad de medicina de la Universidad de Michigan en Ann Arbor, describió los hallazgos como “poco sorprendentes” pero “creíbles”.

“Muchos datos muestran que la contaminación atmosférica es un tremendo riesgo cardiaco”, anotó. “Si se es parte de una población vulnerable y se sale al tráfico o algo parecido que le empuja por encima del umbral, es muy probable que se tenga un ataque cardiaco. Y una vez ocurre, el daño que causa puede continuar para siempre”, explicó Pitt.

“Así que la respuesta es, por supuesto, reducir la contaminación atmosférica. Por supuesto, esto no es nada que no hayamos escuchado antes. Pero es una indicación más que nos dice que debemos hacer cualquier cosa que podamos para reducir la exposición al aire contaminado”, sentenció Pitt.

 

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Una copa de vino al día podría mejorar la salud cardiaca de las personas con diabetes tipo 2

Las personas que procesan el alcohol de forma lenta también experimentaron mejoras en los niveles de azúcar en sangre, señala un estudio

healthfinder.gov.-Kathleen Doheny

Relajarse con una copa de vino al final del día podría ayudar a mejorar la salud cardiaca y los niveles de azúcar en sangre de las personas con diabetes tipo 2, sugiere una investigación reciente.

El vino tinto mejoraba más el colesterol, según el estudio. Y tanto el vino tinto como el blanco ayudaban al control del azúcar en sangre en las personas que metabolizan el alcohol con lentitud, dijeron los investigadores.

Aunque otros estudios han sugerido que beber vino ayuda al corazón, las recomendaciones de los expertos sobre los beneficios de un consumo moderado siguen siendo controversiales, sobre todo para las personas con diabetes, apuntó la autora líder del estudio, Iris Shai, investigadora de la Universidad de Ben-Gurion en Negev, Israel.

“Este es el primer ensayo clínico sobre una intervención con alcohol a largo plazo y a gran escala que se ha llevado a cabo, y en particular con diabéticos”, que observó los beneficios del vino, y si el tipo de vino importa, aseguró.

Shai y sus colegas asignaron al azar a 224 pacientes de diabetes tipo 2 que tenían entre 40 y 75 años de edad a beber una copa de cinco onzas (casi 15 centilitros) de vino tinto, vino blanco o agua mineral con la cena cada noche durante dos años. Los investigadores midieron los niveles de colesterol y azúcar en sangre, y otros indicadores de la salud cardiaca y el control de la diabetes. Esas medidas se tomaron al inicio del estudio, a los seis meses y una vez más al final del estudio.

Se pidió a todos los voluntarios del estudio que siguieran una dieta mediterránea, que es saludable para el corazón. Se les pidió que no restringieran las calorías. Cuando el estudio comenzó, su diabetes estaba bien gestionada. Antes del inicio del estudio, los voluntarios bebían poco, alrededor de una bebida alcohólica a la semana, dijeron los investigadores.

El vino ayudó al reducir el riesgo cardiaco, dijo Shai, y el vino tinto resultó mejor que el blanco. El vino tinto aumentaba el colesterol HDL (el colesterol “bueno”) en alrededor de un 10 por ciento, en comparación con el grupo del agua, mostraron los hallazgos.

“Tanto el vino tinto como el blanco pueden mejorar el control de la glucosa [el azúcar en sangre], pero no en todo el mundo”, comentó. Los niveles de azúcar en sangre mejoraron solo entre las personas que metabolizaban el alcohol lentamente. El beneficio no se encontró entre los que procesaban el alcohol con rapidez, según se evaluó mediante pruebas genéticas. Alrededor de una persona de cada cinco procesaba el alcohol con demasiada rapidez para obtener la mejora en el azúcar en sangre, reveló la investigación.

El efecto del vino sobre los niveles de azúcar en sangre probablemente se debiera al alcohol en sí, sugirió Shai. El alcohol puede impedir la generación de la glucosa en el organismo, dijo.

El efecto del vino sobre los niveles de colesterol fue mayor con el vino tinto, y da el crédito a unas sustancias conocidas como fenoles. En comparación con los vinos blancos, los vinos tintos del estudio tenían unos niveles totales de fenoles, como el resveratrol, alrededor de siete veces más altos, según el estudio.

Para las personas que no beben alcohol, la Asociación Americana del Corazón (American Heart Association, AHA), anota que esas sustancias también pueden encontrarse en las uvas y en el jugo de uva, además de otras frutas y verduras. La AHA dice que el ejercicio también es una forma efectiva de mejorar los niveles de colesterol HDL.

El estudio de Shai aparece en la edición en línea del 12 de octubre de la revista Annals of Internal Medicine.

La Dra. Minisha Sood, directora de diabetes en pacientes internos del Hospital Lenox Hill en la ciudad de Nueva York, revisó los hallazgos, pero no participó en el estudio. Dijo que uno de los puntos fuertes de la nueva investigación fue la duración del estudio de dos años.

La investigación “respalda la idea de que el vino tinto, no el blanco, beneficia los niveles de colesterol”, apuntó Sood. ¿Cuáles son las implicaciones? “Entre las personas que sufren de diabetes tipo 2 y que tienen un riesgo bajo de abuso del alcohol, iniciar un consumo moderado de vino con una dieta saludable es seguro, y podría ser beneficioso contra el riesgo cardiovascular”, planteó.

Shai advirtió que en este caso “si un poco es bueno, más no es mejor”. Las mujeres deben tomar como máximo una copa al día, y los hombres dos, advirtió.

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