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Mujer

¿Por qué nos dan las crisis hormonales? ¿Por qué nos dan las crisis hormonales?

La vida de la mujer se caracteriza por cambios en la producción de las hormonas sexuales

soycarmin.com

La vida de la mujer se caracteriza por varias etapas importantes que cambian la producción de hormonas sexuales. Estas modifican todo su organismo y se pueden considerar como verdaderas crisis.

Y con crisis no me refiero a una situación límite en la que estallan los conflictos, sino a un cambio que nos conmociona.

Y la vida de la mujer se ve conmocionada por modificaciones en la producción de hormonas sexuales. El primer cambio importante se da en la pubertad, el segundo durante el proceso de procreación y el tercero durante el climaterio, también llamado edad critica.

Una de las dos hormonas que los ovarios producen cíclicamente desde la pubertad hasta el climaterio son los estrógenos, los cuales son los responsables de la estimulación del organismo femenino en tres áreas. El cuerpo, el aparato genital y parte del proceso de reproducción.

Los estrógenos son los que, en la etapa del desarrollo. También son responsables de la maduración del aparato genital, las características de su forma corporal, la disposición de la grasa, la tersura de la piel, el desarrollo de las mamas, la calidad del cabello, el timbre de la voz. En otras palabras todo el organismo responde a su acción estimulante.

La otra hormona es la progesterona además de ser responsable de inducir el aumento del tamaño de la glándula mamaria, especialmente en los días previos a la menstruación, estimula la retención de agua y sal por parte del riñón, lo que hace que se dé un pequeño incremento del peso corporal y acumulación de líquidos en las mamas, el abdomen y los miembros inferiores.

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Menopausia y climaterio: lo que deberían saber las mujeres

biobiochile.cl

En la actualidad, existen alrededor 3,3 millones de mujeres chilenas mayores de 45 años, cada una de ellas transitando hacia la menopausia o viviendo la etapa del climaterio con diferentes manifestaciones.

Además, su expectativa de vida se ha prolongado hasta los 81 años en nuestro país, lo que abre un nuevo escenario para este período del género, con dudas individuales y problemáticas sociales derivadas de su aparición.

En el contexto del seminario Climaterio y Menopausia: Lo que deberían saber las mujeres, organizado por Laboratorio Chile – Teva, tres expertos se dieron cita para desmitificar creencias equivocadas, tanto sobre los síntomas y consecuencias de no tratarlos, así como de los miedos infundados a la terapia hormonal y la necesidad de un manejo integral de la misma.

Los médicos enfatizaron que esta etapa es “más que bochornos”, por lo que las afectadas deberían conocer sus derechos a optar a la mejor calidad de vida posible. Para eso es necesario tener claridad que “a más síntomas, más problemas se presentan”, que existen tratamientos eficaces –las Terapias de Reposición Hormonal (TRH) reducen sus manifestaciones, mortalidad y bajan las enfermedades crónicas-, además de Orientaciones Técnicas por parte del sistema de salud, que entrega cobertura nacional y un modelo adecuado para su trato.

 

Definición, síntomas y terapia

El doctor Arnaldo Porcile, experto en ginecología y reproducción humana, aclara que este es un proceso normal en las mujeres. “Debemos entender como climaterio la claudicación fisiológica de los ovarios, y la menopausia se refiere, básicamente, a la última menstruación. El climaterio que empieza antes que la última menstruación es denominado pre-menopáusico y el posterior, post-menopáusico”, explica.

En ese sentido, el académico es categórico al precisar que “cuando el ovario claudica, lo hace para siempre”, por lo que la sobrevida de las mujeres en condiciones de carencia de estrógeno, considera un deterioro de su nivel de vida, lo que duplica el riesgo de enfermedades coronarias, aumenta el riesgo metabólico e incrementa el peligro de fracturas por osteoporosis, entre otros.

El médico internista, endocrinólogo y profesor adjunto de la U. de Chile, doctor Sergio Brantes, evidencia una realidad muy representativa al momento de atender a sus pacientes que transitan hacia el climaterio.

“Las mujeres tienen una etapa llena de autonomía, pero llega la menopausia cerca de los 50 años y se les vienen encima los paradigmas de la vejez y una serie de síntomas que deterioran su calidad de vida”, apunta.

En ese sentido, es enfático al advertir que ellas deben consultar a un profesional cuando aparecen indicios como dolor articular, insomnio, bochornos, sudoraciones o palpitaciones, alteraciones menstruales, molestias urinarias, sequedad vaginal y problemas emocionales, como depresión, ansiedad, angustia o irritabilidad.

La indicación de un tratamiento apropiado es esencial de acuerdo al doctor Brantes. “La Terapia de Reposición Hormonal (TRH) de hoy es técnica, y lo es porque hay perfiles de riesgo y beneficio que individualizan cada terapia. La mujer post-menopáusica puede reivindicar biológicamente su cuerpo privado de estrógenos, con recursos que conocemos de la A a la Z. ¿Qué significa esto? Que sabemos los riesgos, beneficios y cuáles son las mejores terapias según las características personales”, puntualiza el asesor del Ministerio de Salud en el Programa de Salud de la Mujer.

 

Seguridad de las Terapia de Reposición Hormonal y beneficios asociados

En 2002 se conocieron los resultados de la Iniciativa de Salud de la Mujer (WHI), sobre el uso de la terapia hormonal para reemplazar la falta de estrógenos después de la menopausia. Sin embargo, el desconocimiento y creencias equivocadas sobre este tratamiento han dado pie a que muchas mujeres no se traten en esta etapa, con consecuencias negativas innecesarias, que perjudican su salud y calidad de vida.

Luego de 13 años de análisis de este estudio, se concluye que el tratamiento con estrógenos es seguro y efectivo. Además, se ha demostrado que los estrógenos conjugados disminuyen levemente, pero con significación estadística, el riesgo de cáncer de mama.

“Incluso solos los estrógenos reducen, aunque mínimamente, el riesgo de padecer esta enfermedad”, asegura el doctor Carlos Rencoret, ginecólogo, oncólogo mamario y Past President de la Sociedad Chilena de Mastología. Asimismo, aplicando la misma terapia, el riesgo cardiovascular decreció cuando se inició antes de los 60 años, o si no habían transcurrido más de 10 años desde la menopausia, es decir, desde la última menstruación.

El experto llamó a confiar en el tratamiento con estrógenos y su combinación con varios tipos de progestinas, pues las múltiples fuentes de información, incluyendo prolongados estudios de seguimiento en Europa, concluyen que es seguro. Las Sociedades científicas también han sido enfáticas en repetir que es necesario revertir la desinformación, para evitar el daño que la omisión injustificada causa a la salud de millones de mujeres en el mundo.

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Permanecer delgadas y fuertes podría reducir el riesgo de incontinencia urinaria

Pero en las mujeres del estudio, esos factores solo ayudaron con un tipo de incontinencia

healthfinder.gov

La incontinencia urinaria es una molestia generalizada entre las mujeres, pero un nuevo estudio sugiere que las mujeres mayores podrían encontrar alivio para el frustrante problema si fueran más delgadas y fuertes.

El estudio siguió a casi 1,500 mujeres que tenían entre 70 y 79 años de edad durante tres años. Los investigadores encontraron que una reducción del 5 por ciento o más en el índice de masa corporal en ese periodo condujo a una reducción del 50 por ciento en el riesgo de una incontinencia urinaria por estrés nueva o persistente.

El índice de masa corporal (IMC) es un estimado aproximado de la grasa de una persona en función de su estatura y su peso. Por ejemplo, una mujer que mida 5 pies y 6 pulgadas (167 centímetros) que pese 175 libras (79 kilos) tiene un IMC de 28.2. Si perdiera un 5 por ciento de su IMC, sería de 26.8, lo que equivale a una pérdida de peso de unas 9 libras (unos 4 kilos).

El estudio también mostró que una reducción en la fuerza de agarre de la mano de un 5 por ciento o más se vinculó con unas probabilidades de incontinencia urinaria por estrés nueva o persistente un 60 por ciento más altas. La fuerza de agarre de la mano se considera un indicador de la fuerza muscular general, dijeron los autores del estudio.

“Nuestro estudio encontró que los cambios en la composición corporal y en la fuerza de agarre de la mano se asocian con cambios en la frecuencia de la incontinencia urinaria por estrés a lo largo del tiempo, pero no con cambios en la frecuencia de la incontinencia urinaria por urgencia a lo largo del tiempo”, señaló la autora líder del estudio, la Dra. Anne Suskind, profesora asistente de urología en la Universidad de California, en San Francisco.

Suskind dijo que distinguir entre los dos tipos de incontinencia urinaria es importante.

“La incontinencia por estrés es una pérdida involuntaria de orina asociada con un aumento en la presión abdominal (por ejemplo, al toser, reír o estornudar”, explicó.

“La incontinencia urinaria por urgencia es la pérdida involuntaria de orina acompañada o precedida de inmediato por una sensación de urgencia. Los mecanismos subyacentes de cada tipo de incontinencia son distintos, y cada tipo de incontinencia se trata de forma distinta”, aclaró Suskind.

La incontinencia urinaria por estrés tiende a ocurrir después de dar a luz, dijo la Dra. Megan Schimpf, presidenta del Comité de Educación Pública de la Sociedad Americana de Uroginecología (American Urogynecologic Society).

La incontinencia por urgencia podría ser provocada por problemas neurológicos, señaló Schimpf.

Al inicio del estudio, había 1,475 mujeres de 70 a 79 años. De ellas, 212 mujeres dijeron que tenían una incontinencia por estrés al menos mensualmente, y 233 dijeron que tenían una incontinencia por urgencia al menos mensualmente.

Las mujeres que dijeron que sufrían de incontinencia urinaria al menos una vez al mes tenían un IMC promedio de más o menos 28. Fue ligeramente más bajo (de 27.5) entre las mujeres que no sufrían de incontinencia. Un IMC de entre 24.9 y 29.9 se considera como sobrepeso. Con un IMC por encima de 30 se considera que una persona es obesa.

Tras tres años de seguimiento, 1,137 de las mujeres seguían en el estudio.

De esas mujeres, 164 dijeron que tenían incontinencia urinaria por estrés nueva o persistente, y 320 tenían incontinencia urinaria por urgencia nueva o persistente.

Los autores del estudio sugirieron que perder peso (incluso en una mujer de 70 a 79 años) podría ayudar a la incontinencia urinaria por estrés al aliviar parte de la presión en la vejiga. De igual manera, la fuerza de agarre de la mano podría indicar la fuerza general, y unos músculos más fuertes en la vejiga quizá sean capaces de soportar una mayor presión.

Ninguno de esos factores se vinculó con una mejora en la incontinencia urinaria por urgencia. Esto podría deberse a que la incontinencia urinaria por urgencia podría ser resultado de años de daños que no son fácilmente reversibles, anotaron los investigadores.

Schimpf dijo que cualquiera que sea la causa, las mujeres de todas las edades con incontinencia urinaria deben consultar al médico.

“Lamentablemente, muchas mujeres suponen que los problemas de incontinencia son normales, y sin duda no es así”, enfatizó Schimpf.

Hay varios tratamientos para la incontinencia por estrés, desde la fisioterapia para el suelo pélvico y unos dispositivos de silicona llamados pesarios hasta la cirugía, y esos tratamientos no son universales, añadió.

Schimpf advirtió que la cafeína, el alcohol, la nicotina y las bebidas con edulcorantes artificiales pueden irritar la vejiga y desencadenar espasmos de vejiga, que pueden conducir a síntomas de vejiga hiperactiva.

Volviendo a los hallazgos del nuevo estudio, Suskind, la investigadora, apuntó que la pérdida de peso y el aumento en la fuerza también pueden ser tratamientos efectivos. “Una dieta y un ejercicio adecuados podrían ser un buen lugar de inicio, e incluso podría ser útil para reducir las probabilidades de una incontinencia urinaria por estrés nueva o que empeore”, dijo.

El estudio aparece en una edición reciente de la revista Journal of the American Geriatrics Society.

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Hoy la menopausia se vive mejor

Para la OMS, dentro de 30 años habrá más de 1,000 millones de mujeres con 50 años o más, el triple que en 1990.

eleconomista.com.mx

La menopausia siempre se ha relacionado con cambios negativos tanto físicos como de carácter, además de un signo de decrepitud al tratarse del fin de la capacidad reproductiva de una mujer, por lo que siempre se había buscado ocultar esta condición. La realidad es que hoy debido al incremento de la esperanza de vida, las mujeres alcanzaremos una edad muy avanzada, por lo que el tema cobra mayor relevancia.

Si bien es cierto que esta etapa de vida sugiere retos a nivel personal, también es cierto que la comprensión de la menopausia, las mejoras de la salud y el propio desarrollo social y profesional de la mujer están ayudando a cambiar el matiz negativo que solía tener este término.

Para acabar con los mitos, así como para crear conciencia sobre la importancia de la evaluación de la salud de las mujeres y de la prevención de enfermedades durante este periodo, el pasado 18 de octubre se celebró el Día Mundial de la Menopausia.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), dentro de 30 años habrá más de 1,000 millones de mujeres con 50 años o más, el triple que en 1990. Al celebrar este día, se pretende que los países activen los programas de educación, a través de los cuales las mujeres puedan conocer cómo afrontar esta etapa de la vida y entonces prevenir los trastornos.

Básicamente, la menopausia es el momento de la vida de una mujer en el que sus periodos (menstruación) cesan. En la mayoría de los casos, se trata de un cambio corporal normal y natural que casi siempre ocurre entre los 45 y 55 años de edad.

Durante la menopausia, los ovarios de una mujer dejan de producir óvulos. El cuerpo produce una cantidad menor de las hormonas femeninas estrógeno y progesterona. Los menores niveles de estas hormonas causan los síntomas de menopausia.

La batalla de los síntomas

Según los especialistas, éstos se pueden dividir en tres áreas: neurodegenerativos, locales y sistémicos.

En los neurodegenerativos entran los sofocos, síntoma más frecuente y precoz de la menopausia, además de palpitaciones, insomnio, cefalea, sudoraciones, vértigos, entre otros.

Con los síntomas locales, los cambios se manifiestan en los ovarios, vulva, vagina y útero; aquí se presenta disminución de tamaño, grosor y atrofia. Debido a las alteraciones, es más frecuente la aparición de prolapsos genitales, así como incontinencia urinaria a causa de las modificaciones en músculos y ligamentos.

En los sistémicos se presentan alteraciones psicológicas, como depresiones, ansiedad, dificultades de concentración o disminución de la libido. Además de modificaciones cutáneas, y enfermedades cardiovasculares.

Muchos tratamientos

Sobre las enfermedades cardiovasculares es que la Sociedad Internacional de Menopausia puso énfasis este año y presentó la evaluación de factores de riesgo específicos de este periodo.

“La enfermedad cardiovascular (ECV) es la principal causa de morbilidad y mortalidad en las mujeres posmenopáusicas. Aunque es un proceso del envejecimiento, la enfermedad vascular se inicia mucho antes. Por lo tanto, la necesidad de ser conscientes de la posibilidad de prevenir el desarrollo de la enfermedad a edad temprana y continuar esta vigilancia durante toda la vida es real. El periodo de la menopausia y la menopausia precoz presenta una oportunidad ideal para evaluar el riesgo cardiovascular y planificar en consecuencia”, se lee en el documento.

Pasos muy concretos como el abandono del tabaquismo y promocionando un estilo de vida saludable para el corazón, que incluya una dieta sana y actividad física regular, podrían hacer la diferencia.

Sobre los tratamientos en general, está claro que hoy contamos con muchas más herramientas para frenar los síntomas, desde fitoestrógenos hasta administración de hormonas por diferentes vías: oral, vaginal o transdérmica. Además, hay procedimientos específicos para evitar la osteoporosis, todos con efectos secundarios controlados si se dan en etapa temprana y en dosis bajas.

Más allá de encontrar los últimos y más efectivos tratamientos, “es esencial conseguir que la paciente acepte psíquicamente que la menopausia es una etapa fisiológica de la vida… Así se puede evitar que decaiga la actividad sexual, tan importante también en este periodo, ya que es la mejor manera de evitar la atrofia consecutiva al déficit hormonal”, dijo Mariano Durán, especialista en ginecología a Sinc.

Hoy la menopausia se vive de otra manera, aunque hay variaciones étnicas y culturales en el modo de enfrentarla; la ciencia ha atendido el problema. En los últimos cinco años se han publicado más de 10,000 artículos científicos al respecto.

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¿Debemos llevar sujetador?

Los sujetadores son una prenda básica en la indumentaria de una mujer, aunque los hay que quieren desterrarla de los armarios.queña”, cantaba Javier Krahe en alusión a un complejo muy masculino. Pero hay otros.

muyinteresante.es.-M.A. Sabadell

Uno de los últimos intentos usando la ciencia vino de la Universidad de Franche-Comte en Besançon, Francia. En 2013 el profesor de ciencia deportiva Jean-Denis Rouillion dio a conocer en los medios de comunicación su estudio de 15 años sobre el efecto de los sujetadores en 330 mujeres con edades comprendidas entre los 18 y 35 años. Según comentó en diferentes entrevistas, el uso de esta prenda desde una edad temprana no ayuda para nada en lo que es sujetar el pecho, reducir el dolor de espalda o prevenir la temida flacidez prematura de los senos. Es más, armado con calibres y escuadras, se dedicó a tomar medidas en los pechos de estas mujeres y descubrió que aquellas que no usaban sujetador tenían sus pezones 7 mm más arriba que los de aquellas mujeres que usaban sostén de manera continuada.

Será que el sujetador reduce el tono general del pecho femenino? ¡Por supuesto! Dice un conocido cirujano plástico de Nueva York, Stafford Broumand “En las jóvenes no llevar sujetador aumenta la producción de colágeno, lo que es muy bueno para un pecho en desarrollo”.

Un observador cínico diría que esa tirria contra el sostén no podía venir de otro país que de Francia, la patria de la rebelión contra el sujetador. Pero pasando al terreno de lo científico lo que resulta más llamativo es que Rouillion, después de tres años, no ha publicado aún los resultados de su investigación, por lo menos en una revista reconocida del mundo de la salud y listada en PubMed. De hecho, si después de década y media los resultados que anunció fueron solo “preliminares”, como confesó, ya es cosa de chirigota. Eso sí, para lo que sirvió fue para reavivar la llama anti-sujetador de los 70 y provocar encendidas discusiones en las redes sociales.

Lo que el investigador francés no pareció considerar es que las mujeres no usan sujetador por razones médicas o fisiológicas sino por cuestiones estéticas y prácticas. Como dijo una periodista inglesa, “este investigador no se da cuenta que con un sujetador rara vez tienes que pensar por dónde andan tus pezones”. Y no solo eso, sino que impide que los pechos estén bamboleándose de un lado para otro “si no tendríamos que agarrarlos cada vez que corremos para llegar al ascensor”.

Lo que sí suena mucho más científico es el trabajo que desarrolla Joanna Scurr, una experta en biomecánica del pecho (ahí queda eso). La profesora Scurr dirige el grupo de investigación en salud del pecho en la Universidad en Portsmouth y sus trabajos -esta vez sí, publicados- sí que inciden en un importante problema en las mujeres cuando practican deporte: el pecho se mueve un promedio de 21 cm arriba y abajo y de un lado a otro. El inconveniente es que la mayoría de los sujetadores están diseñados solo para limitar el movimiento en vertical, no en horizontal. Es más, según este grupo de investigación en la vida diaria un número significativo de mujeres no compran la talla de sujetador idónea: “muchas mujeres no quieren mostrar que su pecho es muy pequeño o muy grande, y compran un sujetador que no es su talla”, dice una de las investigadoras del grupo, Wendy Hedger.

 

 

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Mujeres, con mayor probabilidad de enfermar y morir por tabaquismo

Debido a enfermedades como el cáncer de mama, las mujeres son más vulnerables a padecer padecimientos relacionados con el tabaquismo

amqueretaro.com.-Francisco Velázquez

Las mujeres fumadoras tienen dos veces más probabilidades de enfermar y morir que los hombres que fuman, debido a enfermedades relacionadas con el tabaquismo como los cánceres de mama, cervicouterino y pulmonar, éste último porque las féminas tienen los pulmones más pequeños, así lo dijo Gisela de Jesús Sánchez Díaz, presidenta de Salud y Género Querétaro A. C.

De acuerdo con estadísticas presentadas por la activista social, basadas en la última Encuesta Nacional de Adicciones, de 17 millones de fumadores, más de 5 millones son mujeres y, aunque la mayoría de los consumidores de productos de tabaco son varones, el 44 por ciento de las defunciones anuales relacionadas con el tabaquismo se registran en las mujeres.

“Un gran número de mujeres enferman y mueren sin ser fumadoras, por el hecho de estar expuestas al humo de tabaco ajeno en sus centros de trabajo o en su casa. Las evidencias sobre los efectos nocivos del consumo de tabaco en las mujeres son incontrovertibles. (…) La industria tabacalera genera estrategias de mercado seductoras y agresivas dirigidas a mujeres y adolescentes”, sostuvo.

Al presentar el folleto “Mujeres y… ¿Tabaco? …Ni de regalo”, que ofrece aspectos que se relacionan con la adicción al tabaco como motivos de inicio y consumo, efectos nocivos y políticas públicas necesarias para disminuir el consumo, Gisela de Jesús Sánchez indicó que las mujeres fumadoras tienen el doble de probabilidades de sufrir un ataque cardiaco que las que no fuman.

Alertan por consecuencias del tabaquismo en las mujeres

Informó que en comparación con los no fumadores, las féminas que fuman tienen un 25 por ciento más de riesgo de desarrollar una enfermedad cardiaca coronaria que los hombres fumadores; asimismo, destacó que México se encuentra entre los 20 países con mayor número de mujeres fumadoras.

“Resulta trascendental que se apruebe una reforma al artículo 27 de la Ley General para el Control de Tabaco para hacer de México un 100 por ciento libre de humo de tabaco y de esta manera proteger la salud de las mujeres de todo el país. Asimismo, es necesario crear campañas de prevención y concientización del grave problema del tabaquismo y los irreversibles daños a las mujeres”, indicó.

En este sentido, el representante de Comunicación, Diálogo y Conciencia A. C. (Códice) en Querétaro, José Luis Yáñez, señaló que las autoridades de salud tienen la responsabilidad de diseñar los tratamientos para la cesación del consumo de tabaco, además de que deben destinar más recursos para campañas de prevención del tabaquismo.

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Las migrañas son más frecuentes una vez se llega a la menopausia

Las mujeres que alcanzan la menopausia experimentan un aumento de hasta un 76% en la frecuencia de sus migrañas

abc.es

La interrupción definitiva de la menstruación en la mediana edad, o lo que es lo mismo, la llegada de la menopausia, constituye una etapa en la vida de la mujer caracterizada por la aparición de, entre otros síntomas, los sofocos y la irritabilidad. Unos síntomas que derivan de los cambios hormonales propios de esta etapa y entre los que, asimismo, se encuentran los dolores de cabeza: las consabidas ‘migrañas’. De hecho, y como muestra un estudio dirigido por investigadores de la Universidad de Cincinnati (EE.UU.), las mujeres que alcanzan la menopausia experimentan un aumento de hasta un 76% en la frecuencia de sus migrañas.

Como explica Vincent Martin, director de esta investigación publicada en la revista «Headache: The Journal of Head and Face Pain», «las mujeres llevan años diciendo a sus médicos que sus migrañas empeoran según se aproximan a la menopausia, y ahora tenemos la prueba de que tenían razón».

Cambios hormonales

En la investigación, los autores evaluaron la incidencia de las migrañas que padecían un total de 3.644 mujeres que, con una edad entre los 35 y los 65 años e incluidas en el Estudio Americano sobre la Prevalencia y Prevención de la Migraña (AMPP), estaban próximas a entrar o ya habían entrado en menopausia. Es decir, durante la perimenopausia –esto es, el período en el que se empiezan a presentar las primeras alteraciones en el ciclo menstrual– y la propia menopausia –etapa que se inicia una vez la mujer no ha tenido ninguna menstruación en los últimos 12 meses.

Para ello, y además de responder a un cuestionario sobre la frecuencia de sus migrañas, las mujeres fueron seleccionadas en tres grupos diferentes en función de las características de su menstruación: pre-menopausia, en la que se incluyeron las participantes con ciclos menstruales normales; perimenopausia, en el que recabaron aquellas con ciclos irregulares; y menopausia, en el que la ausencia de menstruación es total.

Y en este contexto, explica Richard Lipton, co-autor de la investigación, «los cambios en los niveles de hormonas femeninas, caso de los estrógenos y la progesterona, que tienen lugar durante la perimenopausia podrían provocar un aumento notable de las migrañas durante este período. Concretamente, el AMPP muestra un mayor riesgo de migraña durante la perimenopausia tardía, dado que es en esta fase cuando empiezan a ‘desaparecer’ los ciclos menstruales y las mujeres presentan bajos niveles de estrógenos».

Demasiados analgésicos

En el estudio, y comparadas frente a las mujeres en la pre-menopausia, el riesgo de presentación de migrañas durante más de 10 días al mes se incrementó en un 60% tanto en las participantes en la perimenopausia y la menopausia.

Es más; en el caso concreto de las mujeres en la menopausia, el aumento de la frecuencia fue de hasta un 76%. Y este incremento, ¿es realmente típico de la menopausia? Pues según apuntan los autores, no tiene por qué estar directamente asociado a los cambios hormonales, sino más bien al exceso de medicamentos que, por lo general, toman las mujeres durante este período.

Como indica Vincent Martin, «según van envejeciendo, las mujeres padecen muchos dolores y achaques, caso entre otros de los dolores de espalda y en las articulaciones. Y en consecuencia, es posible que se sobreexcedan en el uso de fármacos para tratar las migrañas y otros dolores, lo que podría conllevar un aumento de las migrañas en las mujeres durante la menopausia».

Sea como fuere, existen tratamientos para paliar la bajada de niveles hormonales en cada una de las etapas. Como recuerda Jelena Pavlovic, co-autora del estudio, «los médicos pueden prescribir terapias hormonales que corrigen las alteraciones de los niveles hormonales en la perimenopausia y la menopausia. Asimismo, y en el caso de las mujeres en la perimenopausia temprana, podemos administrar píldoras anticonceptivas para equilibrar estas concentraciones. Y en el caso de las mujeres en la perimenopausia tardía y que, por tanto, comienzan a tener ciclos menstruales irregulares, contamos con los parches de estrógenos».

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¿Cómo reacciona nuestro cuerpo ante la angustia, la ansiedad y el estrés?

La angustia, el estrés y la ansiedad pueden desencadenar problemas físicos. Toma nota de está información y cuida tu salud.

nuevamujer.com

Es verdad que nuestro cuerpo tiene una conexión con nuestra mente, más grande de lo que pensamos. El cuerpo es el encargado de responder a la forma en la que actuamos, pensamos y sentimos. Es en el que se ven reflejadas actitudes conflictivas, temores y sentimientos reprimidos, que influyen en el funcionamiento de nuestro organismo. Cada persona tiene diferentes formas de expresar sus sentimientos, hay algunas personas que los pueden externar en palabras, pero también, hay muchas otras que no lo pueden expresar verbalmente y, por ende, lo reflejan mediante diferentes problemas somáticos. En realidad es común que nuestras angustias y emociones se conecten directamente con nuestro cuerpo.

La somatización es el desencadenamiento de síntomas físicos, recurrentes e inexplicables, que interfieren en la vida social y laboral de la persona. Regularmente, se debe a la ansiedad ocasionada por estrés o problemas emocionales.

Algunos de los problemas psicosomáticos más frecuentes y que favorecen diferentes tipos de enfermedades son: dolor de espalda, dolor en el pecho, estreñimiento o diarrea, resequedad en la boca, cansancio excesivo, dolores de cabeza, presión arterial elevada, insomnio, mareos, palpitaciones, problemas sexuales, sensación de falta de aire, tensión en el cuello, sudoración, malestar estomacal, aumentos o pérdidas de peso significativas, malestares y dolores generalizados. Las distintas dolencias pueden contribuir no solo a disminuir nuestra salud física, sino también a facilitar la curación a un nivel más profundo, de aquí parte la importancia de entender e interpretar los mensajes que encierran los desórdenes físicos.

Para identificar cuándo estos problemas somáticos se relacionan con alguna emoción o alguna angustia debemos evaluar qué tipo de dolor es, en qué zona del cuerpo se presenta, qué tan intenso es y la frecuencia con la que se presenta. Y lo más importante es evaluar si nos encontramos en alguna situación que genere alguna angustia significativa.

Asimismo, para entender los diferentes malestares somáticos se debe estar consciente de que el cuerpo y la mente son un todo, no existe separación entre las emociones y los sentimientos y lo que ocurre en el organismo. Se sabe que un sentimiento que provoca angustia, ansiedad o nerviosismo puede dar lugar a alguna molestia estomacal, estreñimiento o dolor de cabeza. El estrés puede provocar úlceras o incluso ataques al corazón, y la depresión e infelicidad afectan al organismo de manera que la persona se siente aletargada y con falta de energía.

En suma, las enfermedades psicosomáticas tienen su origen en un conflicto psicológico, ya sean emociones o sentimientos negativos que no pueden ser exteriorizados emocionalmente y que se identifican cuando se expresa a través de un síntoma físico.

Algunos ejemplos de problemas psicosomáticos son:

Cabeza. Es el centro de comunicación, el lugar desde donde se conecta con el mundo. Si nos duele, es porque sus arterias aceleran el pulso sanguíneo. Transporta sentimientos positivos y negativos y refleja la incapacidad para expresar o recibir sentimientos.

Cuello. Es el puente entre la mente y el cuerpo. Un cuello con poca movilidad indica la imposibilidad de ver en todas direcciones. Se trata de una visión muy rígida y limitada, que supone obstinación y una mentalidad estrecha.

Espalda. Es un espacio donde se mezclan símbolos y significados. Ahí es donde se deja todo lo que no se quiere ver o mostrar a los demás. Es el lugar en el que enterramos sentimientos y experiencias que nos han causado daño o confusión.

Alergias. Es una respuesta hiperactiva por parte del sistema inmunológico a un agente externo; esta respuesta se deriva de una causa interna. Las alergias tienden a indicar un nivel profundo de temor, un miedo a participar plenamente de la vida o a despojarse de las ayudas para ser autosuficientes.

Corazón. Como centro y núcleo de nuestras emociones, se asocia a toda la gama de sentimientos positivos y negativos.

Para contrarrestar los diferentes problemas psicosomáticos se debe estar consciente de que el problema parte de alguna alteración a nivel psicológico, porque alguna situación no está siendo exteriorizada y está provocando mucha angustia y la única manera en que se puede presentar es de manera somática.

En conclusión, cuando se identifica que el problema es psicosomático y que está afectando al cuerpo y a la mente al mismo tiempo y, además, el cuerpo se encuentra sobrecargado de angustia es recomendable buscar ayuda y trabajar de manera conjunta con el psicólogo y el médico.

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El tabaquismo activo y pasivo se vincula con la infertilidad y la menopausia precoz, según un estudio

Los investigadores encontraron un vínculo entre ambos tipos de exposición y los problemas de salud de las mujeres

healthfinder.gov

Fumar y ser expuestas al humo de segunda mano podría provocar una menopausia precoz e infertilidad en las mujeres, sugiere un estudio reciente.

Otras investigaciones han vinculado fumar con unas tasas más altas de infertilidad, y quizá con una menopausia más temprana. Pero “se ha investigado menos sobre el humo de segunda mano”, sobre todo en mujeres que nunca han fumado, apuntó el autor del estudio, Andrew Hyland, presidente de conductas de salud del Instituto Oncológico Roswell Park en Buffalo, Nueva York.

En el estudio, Hyland y sus colaboradores evaluaron a las mujeres inscritas en la Iniciativa de Salud de las Mujeres, un estudio de gran tamaño que comenzó en 1991 para observar una variedad de temas de salud en más de 160,000 mujeres postmenopáusicas generalmente sanas.

El equipo de Hyland observó información sobre la edad de la menopausia y la fertilidad, junto con la exposición al tabaco, en algunas de las mujeres inscritas en el estudio. Los investigadores evaluaron información disponible sobre 88,000 mujeres para observar los efectos sobre la fertilidad. También examinaron la información de unas 80,000 para estudiar el inicio de la menopausia natural, o no quirúrgica.

Tanto fumar como la exposición al humo de segunda mano se vincularon con problemas de fertilidad y menopausia precoz (antes de la edad típica de 50 años), hallaron los investigadores.

En comparación con las que nunca habían fumado, las fumadoras actuales o ex fumadoras tenían un 14 por ciento más de probabilidades de ser infértiles y un 26 por ciento más de probabilidades de sufrir una menopausia precoz. La menopausia precoz se ha vinculado con un riesgo más alto de mortalidad por todas las causas, apuntó Hyland.

Entre las que nunca habían fumado, las expuestas al nivel más alto de humo de segunda mano (como vivir con un fumador durante 10 o más años) tenían un 18 por ciento más de probabilidades de sufrir de problemas de fertilidad y de menopausia precoz, encontró el estudio.

Las mujeres que habían fumado en algún momento alcanzaron la menopausia 22 meses antes que las que nunca habían fumado o nunca se habían expuesto al humo. Las expuestas al nivel más alto de tabaquismo pasivo alcanzaron la menopausia 13 meses antes que las que no habían sido expuestas, según los hallazgos.

Pero el estudio no puede probar causalidad, añadió Hyland. “Se trata de un estudio observacional que observa datos ya recolectados”, dijo. “[El vínculo] podría ser algo asociado con el desarrollo temprano y la exposición en la niñez temprana”.

El humo interactúa con las hormonas y también puede tener efectos adversos, añadió.

El estudio aparece en la edición en línea del 15 de diciembre de la revista Tobacco Control.

Los hallazgos son un valioso recordatorio de que siempre hay que evitar el humo, sentenció Patricia Folan, directora del Centro de Control del Tabaco del Sistema de Salud North Shore-LIJ en Great Neck, Nueva York.

“Este estudio ofrece una motivación y unos incentivos adicionales a las mujeres de todas las edades para evitar fumar y la exposición al humo de segunda mano, y también para dejar de fumar”, enfatizó. Ambas cosas se asocian con el parto prematuro, un peso bajo al nacer, la muerte infantil y ciertos defectos congénitos, añadió.

“Esta evidencia, además de los datos del estudio actual, ofrecen a los proveedores de atención sanitaria, sobre todo a los ginecoobstetras, la información necesaria para aconsejar a las mujeres sobre los peligros de fumar y del humo de segunda mano, y para animar al abandono del hábito”, dijo Folan.
 

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Vinculan el síndrome de fatiga crónica con la menopausia precoz, según los CDC

El trastorno también se asocia con otros problemas menstruales y con dolor pélvico, según un estudio

Hay un vínculo entre una menopausia temprana y el síndrome de fatiga crónica (SFC), según un estudio reciente.

Los hallazgos podrían explicar la razón por la que las mujeres tienen entre dos y cuatro veces más probabilidades de tener el SFC que los hombres, y la razón por la que la afección es más habitual en las mujeres de 40 a 49 años, indicaron los investigadores de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE. UU.

“El SFC puede cobrarse un precio muy alto en las vidas de las mujeres de mediana edad y en nuestra sociedad y nuestro sistema de atención sanitaria. Ser consciente de la asociación del SFC con una menopausia más temprana puede ayudar a los profesionales a asesorar a las mujeres para distinguir los síntomas del SFC de los de la menopausia”, dijo la Dra. Margery Gass, directora ejecutiva de la Sociedad Norteamericana de la Menopausia (North American Menopause Society), en un comunicado de prensa de la sociedad.

Aunque el estudio pudo encontrar un vínculo entre la menopausia temprana y el síndrome de fatiga crónica, los investigadores no pudieron saber si una afección es causa de la otra o si hay otro factor que podría provocar ambas afecciones.

Los resultados del estudio aparecen en la edición en línea del 4 de febrero de la revista Menopause.

El estudio contó con 84 mujeres y un grupo de control de 73 mujeres sanas en Georgia que proporcionaron información sobre su salud ginecológica.

En comparación con las del grupo de control, las mujeres con el síndrome de fatiga crónica tenían 12 veces más probabilidades de presentar un dolor pélvico que no estaba relacionado con la menstruación. También tenían más probabilidades de tener un sangrado menstrual excesivo (el 74 por ciento frente al 42 por ciento) y un sangrado más abundante entre los periodos (el 49 frente al 23 por ciento). Los investigadores también hallaron que las mujeres con el SFC también tenían más probabilidades de que no les llegara el periodo (el 38 frente al 22 por ciento).

Las mujeres con el síndrome de fatiga crónica tenían más probabilidades (el 57 frente al 26 por ciento) de usar hormonas para otros fines que no eran el control de natalidad, como, por ejemplo, para tratar los periodos irregulares, los síntomas menopáusicos o la pérdida ósea, que las mujeres sin la afección.

El estudio también halló que el 66 por ciento de las mujeres con el SFC se habían sometido a al menos una cirugía ginecológica, frente al 32 por ciento de las del grupo de control. El tipo más habitual de cirugía fue la histerectomía (el 55 por ciento frente al 19 por ciento).

La menopausia temprana relacionada con la histerectomía (a los 45 años o antes) se produjo en el 62 por ciento de las mujeres con el SFC, en contraste con el 33 por ciento de las del grupo de control. El sangrado como razón para realizar la histerectomía fue mucho más común entre las mujeres con el SFC.

Las mujeres con el SFC también tendían a presentar una menopausia natural antes que las del grupo de control, pero no hubo una diferencia significativa entre los dos grupos, según el estudio.

Las investigaciones previas han vinculado el SFC con el dolor pélvico y las afecciones ginecológicas, como la endometriosis y las anomalías menstruales. Pero este es el primer estudio que vincula el SFC con una menopausia más temprana, según los autores del estudio.

Dijeron que se necesita más investigación para saber más sobre este posible vínculo, y los médicos deben vigilar los síntomas del SFC en las mujeres que tienen problemas ginecológicos o de dolor pélvico. Los síntomas del SFC incluyen dolor muscular y de las articulaciones, dificultades para dormir o de memoria y empeoramiento de estos problemas tras un esfuerzo excesivo.

 

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