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Infantil – pediatria

El ‘bullying’ infantil se asocia a diferentes problemas de salud en la edad adulta

Tanto las víctimas como los perpetradores de este tipo de abusos acaban viéndose afectados por un mayor riesgo de problemas de salud derivados del estrés

abc.es

Investigadores de la Universidad de Pittsburgh (EE.UU.) han constatado los riesgos que puede conllevar el acoso o ‘bullying’ durante la infancia para la salud en la edad adulta, desde problemas psicosociales a problemas de tipo cardiovascular tanto para las víctimas como para los agresores, según un nuevo estudio publicado en la revista «Psychological Science».

Como explica Karen A. Matthews, directora de la investigación, «la mayoría de las investigaciones sobre el ‘bullying’ se han basado en el abordaje de los resultados en salud mental, pero queríamos examinar el impacto potencial que también podía tener para la salud física».

Tanto víctimas como agresores

Para llevar a cabo el estudio, los autores siguieron la evolución de 300 varones desde que estudiaban en Primaria –a una edad de 6 o 7 años– hasta que cumplieron los 30. El objetivo era observar si el hecho de haber sufrido algún episodio de acoso o intimidación o, por el contrario, haberlo protagonizado como parte activa, podría tener alguna repercusión en su estado de salud.

Los resultados mostraron que los varones que, ya adultos, habían sido agresores durante la infancia eran más propensos a fumar tabaco o marihuana, tener una actitud agresiva y sufrir situaciones de estrés después de más de dos décadas.

Por su parte, quienes habían sido víctima de un episodio de ‘bullying’ tenían más problemas económicos, se sentían injustamente tratados y eran menos optimistas. Unos resultados especialmente críticos porque, según constataron los investigadores, situaban también a estas personas en un mayor riesgo de tener más problemas de salud, sobre todo de tipo cardiovascular. De hecho, investigaciones previas ya han vinculado los factores de riesgo psicosociales como el estrés, la ira y la hostilidad con un mayor riesgo de problemas de salud como infarto de miocardio, ictus e hipertensión.

En consecuencia, y dado que el ‘bullying’ conlleva relaciones interpersonales estresantes tanto para los agresores como las víctimas, los autores sugieren que «ambos podrían verse afectados por un mayor riesgo de problemas de salud derivados del estrés».

Mayor riesgo cardiovascular

Junto con las evaluaciones regulares sobre los factores de riesgo psicosocial, conductual y biológico de tener problemas de salud, los investigadores también recopilaron información también procedente de padres y profesores para saber cómo los participantes se comportaban cuando tenían entre 10 y 12 años.

Además, entre los indicadores evaluados en los participantes cuando ya eran adultos incluyeron analíticas de sangre, pruebas cardiovasculares y mediciones de la estatura, el peso y los niveles de inflamación.

Inesperadamente, la intimidación en la infancia no se relacionó con una mayor inflamación o síndrome metabólico en la edad adulta. Sin embargo, tanto los agresores como las víctimas aumentaron el riesgo psicosocial fruto de su mala salud física. Y el hecho de que los agresores de pequeños fumaran más de adultos aumentó su predisposición a un mayor riesgo cardiovascular.

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Ocho errores de los padres con el sobrepeso de los niños

No premiar con comida, respetar horarios, evitar tener golosinas en casa, algunas recomendaciones.

eltiempo.com

Los primeros y principales responsables de un niño con problemas de sobrepeso, coinciden todos los especialistas, son los padres. Los malos hábitos y la falta de educación en esta decisiva materia se transmiten, cultivan y consolidan en casa.

“Somos los padres quienes decidimos qué comen nuestros hijos”, recuerda la doctora Ximena Raimann, nutricionista infantil de la clínica Las Condes, de Santiago de Chile. “Y somos los padres quienes debemos enseñarles a comer de forma saludable”, añaden otros expertos.

Y aunque lo anterior parezca una obviedad, el problema es que diversos estudios confirman que a los papás y mamás contemporáneos les cuesta mucho reconocer sus fallas en este terreno. Una investigación realizada por la Universidad de Nueva York, y dirigida por el profesor Dustin Duncan, reveló que cerca del 95 por ciento de los padres de niños con sobrepeso vieron a sus hijos con “un peso saludable” y no identificaron su situación como algo potencialmente peligroso para los menores, como en efecto lo es.

Para la Organización Mundial de la Salud (OMS), la obesidad no solo es uno de los principales problemas de salud pública del siglo XXI, sino que ha alcanzado proporciones de pandemia: más de 1.900 millones de adultos, mayores de 18 años, presentan sobrepeso en el mundo, y de ellos, más de 600 millones sufren de obesidad.

Y el mismo organismo señala que el futuro no es nada alentador, pues el sobrepeso y la obesidad infantil se han casi triplicado en los últimos 30 años. A tal punto que hoy existen en el mundo alrededor de 42 millones de niños y niñas con sobrepeso: el 80 por ciento de ellos, en países en vías de desarrollo.

En América Latina, el cuadro no es bueno: entre el 20 y el 25 por ciento de la población de niños y adolescentes tiene sobrepeso.

Y si bien es cierto que en las tiendas de 8 de cada 10 escuelas se siguen ofreciendo bebidas azucaradas y en muy pocas hay frutas u otras opciones saludables, también lo es que la mayoría de los padres no están haciendo la tarea que les corresponde en este tema.

Aquí, ocho consejos para que su hijo no caiga en el sobrepeso, es decir, no aumente sus posibilidades de sufrir enfermedades cardiovasculares, diabetes, cáncer y otros males, que no solo afectarán su calidad de vida, sino que la acortarán.

1. Golosinas para consentir

Uno de los principales errores de los padres es que desde muy temprana edad introducen a los pequeños en el consumo de alimentos marcadamente dulces (golosinas, chocolates, etc.) o salados (papas fritas y otros ‘paquetes’), generando que el menor se acostumbre a estos sabores altamente adictivos. Abuelos y otros familiares deben unirse y ayudar para que los niños se acostumbren a comer alimentos frescos y naturales.

2. Comida sin horas

Muchos padres permiten que los niños coman a deshoras, y, en general, se trata de productos con mucha grasa, sal o azúcar que los dejan satisfechos y que hacen que después no quieran comer la comida que les corresponde. “Ahí empieza un círculo vicioso, porque después -nuevamente a deshora- les da hambre y comen otra vez ese tipo de pasabocas, que suelen ser muy calóricos”, dice la directora de la Escuela de Nutrición de la Universidad de los Andes de Chile, doctora Eliana Reyes.

Para evitar esto, no solo hace falta que consuman de forma ordenada las comidas diarias, sino que estas sean correctamente planificadas y equilibradas para que no sientan hambre a deshoras. Y si eso ocurre, la propuesta debe ser siempre saludable: una fruta, un yogur, etc.

3. Posponer las frutas y verduras

“En los primeros años de vida es cuando se adquieren hábitos y gustos”, dice la doctora Elizabeth Yáñez, nutricionista infantil de la clínica Alemana. Por eso es tan importante familiarizarse desde temprano con el sabor de frutas y verduras. De hecho, según la doctora Raimann, al cumplir el año, los niños ya deberían empezar a comer ensaladas, algo que generalmente no se hace. “Pero, en cambio, se les introducen golosinas como las galletas, que no son en absoluto necesarias”. “Si en la primera infancia no se les acerca a estos alimentos saludables, será más difícil que los coman después”.

4. Loncheras extracalóricas

Frutas, verduras como la zanahoria, yogur y frutos secos son buenas ideas para la lonchera. Sin embargo, todas las especialistas consultadas concuerdan en que a pesar de las recomendaciones que dan sobre esta materia, muchos papás siguen enviándoles golosinas y productos envasados altos en calorías y azúcar (por comodidad). Y las profesionales añaden que evitar tener este tipo de golosinas en la casa también es clave.

5. Porciones de adulto

Servirle a un niño de cuatro años la misma porción que a su hermano adolescente es un error común, dicen las especialistas. Y en muchos casos, a pesar de ser porciones no adecuadas para la edad, los padres los obligan a terminarlas. En términos generales, no es bueno premiar ni castigar a un niño con la comida, porque genera distorsiones, como, por ejemplo, cuando se premia un buen resultado escolar con comida chatarra.

6. El mal ejemplo

“Uno tiene que predicar con el ejemplo, y especialmente con los niños”, dice la doctora Reyes. Por eso, no solo el niño debe comer de forma saludable, los adultos también. Las ensaladas deberían estar siempre presentes y el postre debería ser una fruta, dejando los dulces más elaborados solo para el fin de semana, y en porciones moderadas, dice la doctora Yáñez.

7. Las gaseosas

Servir agua en la mesa, no jugos industriales ni gaseosas, es esencial. “No hay que acostumbrarlos a las bebidas dulces, porque son adictivas. La gente lo hace por cariño, para darles algo rico, pero a la larga les generan un daño”, dice la nutricionista Eliana Reyes. Incluso, el jugo con endulzante es mejor sacarlo de la dieta, dice Raimann, porque acostumbra el paladar a lo dulce. En Colombia, la costumbre de los jugos naturales es muy sana, pero eso se arruina cuando se les pone azúcar.

8. Comer frente a la TV o al PC

Sentarse a la mesa en familia y evitar estar frente al televisor o el computador mientras se come es absolutamente fundamental. “El cenar en familia es un factor protector de sobrepeso, de trastornos alimentarios y de consumo de drogas”, dice la doctora Raimann. “Cuando uno come mirando la tele no tiene control de lo que come”, asegura. Paralelamente, hay que disminuir el consumo de videojuegos y otro tipo de ‘hobbies’ sedentarios, como ver televisión en exceso, y animar constantemente al niño o niña a que realice juegos en los que prime el ejercicio físico.

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Enfermedades respiratorias infantiles en invierno

Los catarros o resfriados constituyen la enfermedad pediátrica más común. Los pacientes presentan obstrucción nasal, aumento de mucosidad y tos. La fiebre no suele durar más de tres días, los síntomas nasales y de garganta ceden en una semana, pero la tos puede continuar a lo largo de dos o tres semanas.

canarias7.es

El otoño y el invierno suelen ser sinónimo de estornudos, de catarros, de gripes. Es normal que los niños pequeños presenten entre seis y 10 episodios  catarrales en el invierno.  Esto no  significa que estén «bajos de defensas» o  tengan otra enfermedad, simplemente refleja la exposición de un sistema inmunológico inmaduro a gérmenes que todavía no conoce. La mayoría de estas infecciones en la primera infancia están causadas por virus y remiten espontáneamente sin complicaciones.

Dependiendo de dónde se produzca la afectación principal, nos encontraremos ante una rinofaringitis (nariz y garganta), faringoamigdalitis (anginas), laringitis (zona de las cuerdas vocales, con su característica tos perruna), bronquitis (en los bronquios, con tos y ruidos respiratorios), bronquiolitis (en bronquiolos, las vías respiratorias más finas, con dificultad respiratoria), neumonía (pulmón), otitis media aguda (oído) o sinusitis aguda (senos paranasales), explica la doctora María del Pilar Álvaro, pediatra del servicio de Urgencias de Pediatría de Hospital Perpetuo Socorro.

Los catarros o resfriados constituyen la enfermedad pediátrica más común. Los pacientes presentan obstrucción nasal, aumento de mucosidad y tos. La fiebre no suele durar más de tres días, los síntomas nasales y de garganta ceden en una semana, pero la tos puede continuar a lo largo de dos o tres semanas.  Los virus se transmiten a través la tos o los estornudos, o por medio de objetos contaminados, fundamentalmente las manos o chupas, entre otros. «Disminuimos el contagio ventilando las habitaciones, lavando frecuentemente las manos y evitando el ambiente tabáquico», asegura la especialista en Pediatría, añadiendo que los niños deben estar bien hidratados, dormir semiincorporados y tener las fosas nasales limpias.

Las complicaciones, generalmente bacterianas, como otitis, sinusitis, conjuntivitis purulenta o  neumonía deben descartarse en los siguientes casos: fiebre más de 72 horas, dolor de oídos, dificultad respiratoria, persistencia de más de 10 días de mucosidad nasal espesa o decaimiento. Respecto a la laringitis, se trata de la inflamación de la laringe y suele iniciarse con un resfriado común. La tos disfónica o perruna característica, de predominio nocturno, provoca gran alarma en los padres, aunque generalmente su curso es benigno, En caso de dificultad respiratoria con gran retracción o quejido inspiratorio, dificultad para tragar o hipersalivación se debe acudir a urgencias.

La otitis media aguda o infección del oído medio provoca acumulación de líquido detrás del tímpano. Puede ser de origen vírico o bacteriano y ocurre, normalmente, después de que los niños hayan padecido una infección de garganta, un resfriado u otras afecciones de las vías respiratorias altas. El uso de antibióticos  y analgésicos por parte de los pediatras es el tratamiento más común. Tras finalizar el tratamiento se recomienda control por el pediatra para  comprobar la curación. En lactantes, la irritabilidad y el llanto inconsolable sugieren la aparición de esta complicación.

Por su parte, la neumonía suele debutar a los dos o tres días de un resfriado o un dolor de garganta. Por ello, cuando el paciente presenta fiebre alta a las 72 horas del inicio del catarro debe ser valorado por el pediatra para descartarla. Otros síntomas son tos, dolor torácico, dificultad respiratoria, vómitos o dolor abdominal. Con tratamiento antibiótico curan en un período de entre una y dos semanas, concluye la especialista en Pediatría del Hospital Perpetuo Socorro.

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Cómo detectar una enfermedad infantil común y potencialmente peligrosa

El virus sincitial respiratorio (VSR) es similar a un resfriado común, pero puede conducir a complicaciones que incluyen la neumonía

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Casi todos los niños han contraído el virus sincitial respiratorio (VSR) cuando tienen dos años de edad. Pero que la infección sea común no significa que se deba tomar a la ligera, advierte una especialista en enfermería.

Los síntomas de esta infección pulmonar y respiratoria (tos, estornudos y escurrimiento nasal) con frecuencia se confunden con los del resfriado, según Alison Pittman, profesora clínica asistente en el colegio de Enfermería Texas A&M.

“La mayoría de los niños sanos experimentan síntomas parecidos a un resfriado, pero puede propagarse fácilmente a bebés con afecciones preexistentes” y ponerlos en riesgo de problemas graves de salud, advirtió en un comunicado de prensa del colegio.

Los que están en mayor riesgo de una infección grave incluyen a los bebés prematuros, a los bebés nacidos con problemas del corazón o los pulmones, y a las personas de cualquier edad que tienen sistemas inmunitarios debilitados.

La mayoría de bebés con VSR desarrollan tos, escurrimiento nasal y otros síntomas parecidos a un resfriado durante una a dos semanas.

Los padres deben comunicarse con el pediatra si el bebé tiene respiración sibilante o problemas para respirar; una fiebre de 100.4 ºF (38 ºC) o más; expectora moco amarillo, verde o gris; tiene un flujo nasal espeso; se niega a comer; se deshidrata; o tiene una descoloración azul en los labios o las uñas.

El VSR grave puede conducir a infecciones peligrosas como la neumonía o la bronquiolitis, una inflamación de las vías respiratorias más pequeñas en los pulmones, señaló Pittman.

“La respuesta del cuerpo a esas infecciones es secretar más fluido en los pulmones. Esto hace que para el niño respirar sea más difícil, y puede hacer que comience a tener respiración sibilante”, dijo.

La única forma de saber si un niño tiene el virus es mediante una prueba rápida del VSR realizada por un proveedor de atención de la salud, añadió Pittman.

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Cómo hacer que sus hijos estén seguros este otoño

Recuerde a los niños que tomen precauciones al anochecer para asegurarse de ser visibles para los coches

healthfinder.gov

Con la llegada del otoño, los días se hacen más cortos y el clima cambia, lo que puede traer riesgos especiales para los niños.

El hecho de que los días se hagan más cortos significa que los jóvenes podrían volver a casa caminando o en bicicleta de las actividades extraescolares al anochecer o cuando ya está oscuro. Los expertos Hospital Pediátrico de la Universidad de California (UC) en Davis y del Programa de Prevención de Traumatismos de la UC en Davis afirman que se debe enseñar a los niños a asegurarse de que les pueden ver, incluso cuando la visibilidad sea baja.

Animan a los padres a que recuerden a sus hijos lo siguiente:

  • Ir por la acera y mantenerse fuera del asfalto. Enseñarles que es importante cruzar solamente al final de la calle y nunca entre los coches parqueados.
  • Llevar ropa o chaquetas brillantes o con colores claros. También pueden llevar zapatos que tengan material reflectante o tener una pequeña luz de advertencia en la bolsa, la mochila o en la trabilla del pantalón para que los conductores puedan verlos.
  • Usar luces en la noche. Instale luces delanteras y luces traseras en las bicicletas o patinetes de sus hijos que se puedan encender cuando haya oscurecido.
  • Mantenerse alerta y llevar un casco. Recuerde a sus hijos cuáles son los riesgos de andar en bicicleta o en patinete cerca de los coches e insista en que lleven casco cada vez que lo hagan.

Los parques son otro lugar en que los niños podrían estar en riesgo. Más de 200,000 lesiones al año se producen en los parques en Estados Unidos, muchas veces por caídas producidas por las condiciones húmedas, según los expertos de la UC en Davis. Sugieren que los padres enseñen a sus hijos a que sigan estos pasos:

  • Prestar atención a los alrededores y tener cuidado con los parques infantiles, incluyendo a los travesaños y las barras.
  • Llevar zapatillas de deporte con cordones.
  • Evitar poner la cabeza entre las barras o las cadenas.
  • Usar las barandillas en los puentes y las pasarelas.
  • Evitar los aparatos que tengan bordes afilados o herramientas al descubierto.
  • No saltar de columpios o las estructuras con altura o de un aparato a otro.

Los niños que jueguen deportes en otoño, como el fútbol o el fútbol americano, deberían tomar precauciones para protegerse de las lesiones en la cabeza. Deberían llevar siempre un equipamiento que les quede bien ajustado, incluyendo los cascos, los protectores bucales, las rodilleras, las coderas, las espinilleras y el calzado. Los niños que jueguen deportes en otoño también deberían:

  • Hacer un calentamiento y estiramientos leves antes de jugar.
  • Beber mucha agua a lo largo de los entrenamientos o de los partidos para mantenerse hidratados.
  • Los futbolistas nunca deberían “cabecear” la pelota, sobre todo los menores de 10 años.

Cuando llegue el clima más frío, los niños que jueguen deportes en invierno deberían descansar cuando se sientan cansados. Es importante llevar capas de ropa, gafas de sol, gafas de protección y filtro solar además de artículos de protección, como el casco y muñequeras.

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Usan iPads para calmar a niños difíciles

La tecnología móvil es la herramienta favorita de algunos padres frustrados, encuentra un estudio

healthfinder.gov

Algunos padres utilizan los teléfonos celulares y las tabletas para calmar a los niños pequeños que tienen problemas conductuales, halla un estudio reciente.

“Sabemos que los padres de bebés y niños pequeños con una conducta difícil usan la televisión y los videos de forma desproporcionada como herramientas para calmarlos. Deseábamos explorar si podría estar sucediendo lo mismo con la tecnología móvil, como los teléfonos y las tabletas”, comentó en un comunicado de prensa de la Universidad de Michigan la autora líder del estudio, la Dra. Jenny Radesky, del Hospital Pediátrico C.S. Mott de la universidad.

“Hallamos que cuanto menos control tenían los padres sobre la conducta de sus hijos y más frustrados se sentían al respecto, más probable era que recurrieran a los dispositivos móviles para ayudar a calmar a sus hijos”, apuntó Radesky.

El estudio incluyó a 144 niños de 15 a 36 meses de edad, en familias de bajos ingresos. Se preguntó a sus padres con qué frecuencia permitían el uso de los teléfonos móviles y las tabletas en distintas situaciones.

Lo más probable es que se utilizaran los dispositivos para “apaciguar” a los niños con dificultades sociales y emocionales, dijeron los investigadores.

Pero el uso de la tecnología móvil de los padres no fue distinto para los niños con problemas socioemocionales y los demás niños en otras situaciones, como comer, estar en público, hacer las tareas del hogar o la hora de acostarse, según el estudio. Los hallazgos aparecen en la edición del 29 de febrero de la revista JAMA Pediatrics.

“Necesitamos estudiar más si esta relación entre la tecnología digital y las dificultades en el desarrollo socioemocional se aplica también a una población más general de padres, y qué efecto podría tener sobre los resultados de los niños a largo plazo”, añadió Radesky, que llevó a cabo el estudio mientras estaba en el Centro Médico de Boston.

Estudios anteriores han mostrado que pasar más tiempo frente a la televisión puede afectar negativamente al desarrollo del lenguaje y social de los niños, en parte porque reduce la interacción entre humanos, dijo Radesky.

“Ahora que las pantallas pueden llevarse a todos lados, se han convertido en parte de nuestro espacio interpersonal”, añadió. “Nos interesa identificar las formas en que los dispositivos móviles a veces interfieren con la dinámica familiar, pero también cómo podemos usarlos para aumentar la conexión entre padres e hijos”.

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La depresión y la ansiedad de los padres podrían contribuir a que sus hijos pongan más reparos a la comida

Si mamá o papá tenían problemas de salud mental, los niños eran más quisquillosos con lo que comían, según un estudio

healthfinder.gov

Los niños de preescolar cuyos padres tienen depresión y/o ansiedad podrían ser más propensos a ser quisquillosos con la comida, según sugiere un estudio reciente.

Ser quisquilloso al comer (negarse a comer ciertos alimentos de forma regular) es algo habitual entre los niños y es una causa frecuente de preocupación para los padres. Y se ha relacionado con el estreñimiento, los problemas de peso y los problemas conductuales de los niños, afirmaron los investigadores.

Los autores del estudio observaron a más de 4,700 madres y 4,100 padres en Holanda y a sus hijos, nacidos entre 2002 y 2006. A los 3 años de edad, se consideró que aproximadamente el 30 por ciento de los niños eran quisquillosos al comer, según los hallazgos.

Los niños eran más propensos a ser quisquillosos al comer a los 4 años de edad si sus madres sufrieron de ansiedad durante el embarazo y cuando el niño tenía 3 años de edad. La ansiedad de los papás cuando los niños tenían una edad preescolar se asoció con un efecto parecido en sus hijos, según los investigadores.

Los investigadores también encontraron que la depresión de las mamás y de los papás durante el embarazo y cuando el niño tenía 3 años se asoció con un aumento del riesgo de que el niño fuera quisquilloso a los 4 años de edad.

El estudio aparece en la edición en línea del 22 de febrero de la revista Archives of Disease in Childhood.

Los hallazgos respaldan a las investigaciones previas. El estudio también aporta información importante para los médicos, señalaron los autores del estudio.

“Los profesionales clínicos deberían ser conscientes de que la ansiedad y la depresión severas, pero también formas más leves de problemas internalizantes, podrían afectar a la conducta alimentaria del niño”, afirmaron en un comunicado de prensa de la revista Lisanne de Barse, del Centro Médico de la Universidad de Erasmus en Róterdam, Holanda, y sus colaboradores.

Aunque el estudio encontró una asociación entre la ansiedad y la depresión de los padres y los hábitos alimenticios de sus hijos, no se diseñó para probar una relación causal directa.

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Alimentación infantil: errores

diariodeleon.es

¿Cuánto tiene que comer mi hijo?La gran pregunta ¿comerá suficiente? La cuestión es ¿para qué tiene que comer? Para crecer ha de preocuparnos más cuanto come, sin olvidar la calidad de lo ingerido. Para desarrollarse la calidad es más importante.

Crecer es un aumento de la masa del ser vivo, más kilos, más tamaño. Si es acelerado respecto al punto de partida, comerá más. Desarrollarse supone la maduración de órganos y sistemas, aumentar su tamaño y básicamente su función, cerebro incluido. La maduración cerebral es la clave del desarrollo psicológico. La calidad prima.

¿Cuál predomina en cada edad?

El crecimiento acelerado se produce en lactancia y adolescencia. Los dos primeros años de vida, el niño ven cuatriplicar su peso de nacimiento, pasar de 3 a 12kg. El salto de los 6 a los 12 años ni siquiera duplica su peso. Consumirá una cantidad muy alta de alimento respecto a su peso hasta los dos años, notablemente superior a la que realizará a partir de este momento.

Los enormes biberones con cereales del desayuno, pasarán a algo más liviano y masticado, para gran disgusto de los padres. Los grandes platos de puré, que se terminan en un momento son sustituidos por alimentos sólidos, que tiene que masticar, que tarda en comer.

Aquí comienzan los grandes errores. Empeñarnos en que coma mucho y lo haga rápido.

El niño está aprendiendo por fin a comer, inicia su aprendizaje de la alimentación adulta, a reconocer sabores, texturas, olores, colores. Muy importante es superar la «neofobia», la etapa del «no me gusta». Un no a lo desconocido, a los alimentos que no están en sus recuerdos. Un mecanismo ancestral de defensa, ante la posible toxicidad de un alimento nuevo. Invítale a probar y reconocer nuevos alimentos, texturas, sabores, insiste, persevera.

La educación alimentaria en esta etapa se basará en calidad y variedad. Que coma todo tipo de verduras enteras, olvida el puré que «lleva de todo». Su cerebro en evolución y desarrollo, precisa de buenas grasas para madurar correctamente, pescados azules, buen aceite de oliva, nada de bollerías, galletas para niños. Vuelve a los bocadillos de toda la vida. Desvincula del sabor dulce en todo, cereales de desayuno, yogures de sabores, petisuis dulces que se coman rápido.

Su relación con la comida se fraguará aquí. «Si no te comes todo, eres malo», «no se deja nada en el plato». Comer lo necesario, con consciencia del comer. A partir de los tres años, es fundamental que coma por si mismo, con cubiertos, masticando bien, dedicando a la comida el tiempo que necesita. Si está lleno dirá no quiero más.

Ofrece a tu hijo alimentos que haya que masticar, poco dulces, que se tengan que comer en una mesa con cubiertos, que no se coman mientras ven la tele.

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El tratamiento para el cáncer infantil podría aumentar el riesgo de enfermedad cardiaca en la adultez

Un estudio encuentra que muchos supervivientes no presentan síntomas, pero que de cualquier forma sufren de problemas del corazón

healthfinder.gov

Los niños que sobreviven al cáncer podrían enfrentarse a un riesgo más alto de enfermedad cardiaca en la adultez, sugiere una investigación reciente.

Los efectos persistentes de los tratamientos que salvaron sus vidas en la niñez podrían provocar el desarrollo de anomalías cardiacas que quizá no causen síntomas aparentes, explicaron los investigadores.

Los investigadores hallaron que la enfermedad cardiaca parece afectar a entre un 3 y un 24 por ciento de los supervivientes a cánceres pediátricos para cuando cumplen los 30 años. Esas cifras aumentaron a entre un 10 y un 37 por ciento entre los pacientes a partir de los 40, encontró el estudio.

Pero aunque el estudio reveló un vínculo entre el tratamiento del cáncer infantil y la enfermedad cardiaca posterior, no probó causalidad.

“La prevalencia de estos hallazgos cardiacos podría anticiparse en una población adulta de más edad, pero no necesariamente en esta población joven”, apuntó el autor líder del estudio, el Dr. Paul Mulrooney.

“Los supervivientes al cáncer infantil expuestos a terapias oncológicas cardiotóxicas están en riesgo de enfermedad cardiovascular prematura, gran parte de la cual podría presentarse de forma asintomática (sin síntomas) y ameritar una vigilancia a largo plazo”, señaló.

Mulrooney, que trabaja en el departamento de oncología en la división de supervivencia al cáncer del Hospital Pediátrico de Investigación St. Jude en Memphis, Tennessee, y sus colaboradores, publicaron sus hallazgos en la edición en línea del 4 de enero de la revista Annals of Internal Medicine.

A medida que las terapias para el cáncer han mejorado, las probabilidades de sobrevivir a los tumores infantiles han aumentado de forma marcada. En Estados Unidos, cuatro de cada cinco pacientes jóvenes sobreviven ahora al menos cinco años tras su diagnóstico inicial. Según los investigadores, hay casi 390,000 adultos supervivientes a un cáncer infantil. Se calcula que esa cifra habrá aumentado a más de medio millón en 2020, dijeron los autores del estudio.

¿El problema? En el pasado, un regreso del cáncer era el mayor problema entre los pacientes pediátricos. Pero hoy día, los expertos creen que los supervivientes adultos quizá tengan que enfrentarse a los efectos secundarios del tratamiento oncológico.

Para explorar el tema, los autores del estudio se concentraron en casi 1,900 hombres y mujeres tratados inicialmente por un cáncer pediátrico en el Hospital Pediátrico de Investigación St. Jude.

Los participantes tenían entre 18 y 60 años de edad. Todos habían sido tratados con varios tipos de quimioterapia y/o radiación. Todos habían sobrevivido un mínimo de 10 años, según el estudio.

Los investigadores encontraron que aunque casi ninguno de los pacientes mostraba ninguna señal externa de enfermedad cardiaca, más del 7 por ciento sufrían de alguna forma de enfermedad del músculo cardiaco (cardiomiopatía), como un corazón agrandado, engrosado, debilitado y/o rígido. Ese problema fue más prevalente entre los que se habían sometido a radioterapia del pecho que entre los que no, mostró la investigación.

Casi el 4 por ciento tenían una enfermedad de la arteria coronaria y un 28 por ciento tenían un estrechamiento del vaso sanguíneo o filtración de la válvula cardiaca. Se observaron anomalías del ritmo cardiaco en más del 4 por ciento de los supervivientes, halló el estudio.

“En nuestro estudio, solo incluimos a supervivientes de cánceres infantiles expuestos a tratamientos oncológicos cardiotóxicos, [como] las antraciclinas y/o la radiación cardiaca”, explicó Mulrooney.

No hubo pacientes en el estudio que no recibieron tratamiento para su cáncer pediátrico. Así que “es difícil decir si el cáncer en sí podría también contribuir a estos resultados cardiacos”, añadió.

El Dr. Nicholas Zaorsky, medico residente de oncología de la radiación en el Centro Oncológico Fox Chase, en Filadelfia, sugirió que lo más probable es que el tratamiento del cáncer infantil en sí aumente el riesgo de enfermedad cardiaca en la adultez.

“Se sabe que ciertos tipos de quimioterapia aumentan el riesgo de enfermedad cardiaca”, dijo Zaorsky. Además, la radioterapia dirigida a la región de la cavidad torácica también aumenta las probabilidades de enfermedad cardiaca, apuntó.

“Lo más probable es que el aumento en el riesgo de enfermedad cardiaca surja del tratamiento del cáncer con quimioterapia y radioterapia, más que del cáncer en sí”, planteó Zaorsky.

El Dr. Stephen Freedland, profesor de cirugía, presidente del departamento de cáncer de próstata y director del Centro de Investigación Integrada sobre el Cáncer y el Estilo de Vida del Centro Médico Cedars-Sinai, en Los Ángeles, se hizo eco de esa opinión.

“Se trata básicamente de un fenómeno moderno. Porque hace entre 20 y 40 años no había supervivientes al cáncer infantil. Lo atacamos con todo lo que teníamos. Y algunas cosas funcionaron”, explicó Freedland.

“Pero ahora nos damos cuenta de que esos fármacos pueden resultar nocivos”, añadió. “La pregunta ahora es si podemos hacer que el tratamiento del cáncer sea más amable y suave con el corazón sin reducir su eficacia. Gran parte de la investigación sobre el cáncer pediátrico se enfoca ahora en ese tema”.

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El TDAH podría afectar a las relaciones sociales a principios de la vida

Un estudio encuentra que un ciclo de rechazo por parte de los compañeros y el empeoramiento de los síntomas podría aumentar las dificultades

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Los niños pequeños con trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) podrían experimentar más problemas para socializar con sus compañeros, lo que puede entonces contribuir a que los síntomas empeoren, sugiere un nuevo estudio noruego.

Pero el ciclo entre los síntomas y los problemas sociales parece reducirse a medida que los niños crecen, apuntaron los autores del estudio.

“Los niños inquietos tienden a ser menos atractivos como compañeros de juego, debido a sus problemas para mantener la atención en las normas, estar alertas ante las ideas de los otros niños y una comprensión limitada del concepto de los turnos”, comentó el autor del estudio, Frode Stenseng. Stenseng es profesor asociado del Centro Regional de Salud Mental de los Niños y los Jóvenes y de Bienestar de los Niños de la Universidad Noruega de Ciencias y Tecnología.

“Los padres y los maestros deben, al menos cuando se trate de niños en edad preescolar, intentar orientar a esos niños hacia el juego social, de forma que no se les excluya con tanta facilidad”, añadió Stenseng.

A un experto le sorprendieron los hallazgos.

“Aunque hace mucho que sabemos que los niños con TDAH tienen un riesgo más alto de rechazo de sus pares, es sorprendente que un rechazo paritario más temprano parezca conducir a unos mayores síntomas de TDAH, lo que sugiere una relación bidireccional entre los síntomas del TDAH y el funcionamiento social”, apuntó el Dr. Andrew Adesman, jefe de pediatría del desarrollo y conductual del Centro Médico Pediátrico Cohen de Nueva York, en New Hyde Park, Nueva York.

Los hallazgos aparecen en la edición del 16 de diciembre de la revista Child Development.

En el estudio, los investigadores evaluaron los síntomas de TDAH en casi mil niños cuando tenían unos cuatro años de edad. Los padres y los maestros de preescolar de los niños también completaron cuestionarios sobre las interacciones sociales de los niños con sus compañeros.

Los investigadores volvieron a recabar la misma información cuando los niños tenían entre 6 y 8 años. Los investigadores le perdieron la pista a poco más de 300 niños durante el proceso de seguimiento.

Para caracterizar las interacciones sociales de los niños, los padres y maestros calificaron qué tanto aplicaban tres afirmaciones a cada niño: “No les cae bien a otros niños/pupilos”, “No se lleva bien con otros niños/pupilos”, y “Se burlan mucho de él/ella”.

Cuando los investigadores compararon los síntomas y las interacciones sociales de los niños a los 4, 6 y 8 años de edad, encontraron que los niños con los síntomas más graves de TDAH también experimentaban el mayor nivel de rechazo de parte de sus compañeros de clase. Al mismo tiempo, cuanto más rechazo experimentaban los niños a los 4 años, peores tendían a ser sus síntomas de TDAH a los 6 años.

Pero cuando los niños cumplieron 8 años, ese ciclo de rechazo por parte de sus compañeros y de empeoramiento de los síntomas de TDAH ya no parecía existir, hallaron los investigadores.

“Todos los niños necesitan de la interacción social con sus compañeros, por ejemplo para facilitar la aptitud social”, dijo Stenseng. “Cuando un niño es rechazado por sus pares, esto podría conducir a una mayor inquietud y además a una mayor agresividad”.

Pero comprender el motivo de que los demás niños no deseen jugar con ellos podría ayudar a reducir la agresividad de esos niños, y quizá ayudarles a aprender estrategias para vencer su frustración, explicó Stenseng.

“Como padre, una opción es facilitar el juego y las actividades en áreas sociales que sus hijos puedan dominar a pesar de su inatención, impulsividad e inquietud”, dijo Stenseng.

“Los padres deben ayudar a sus hijos a encontrar actividades, como los deportes u otras actividades de ocio, con el fin de establecer vínculos sociales en un contexto en que el niño se sienta más cómodo que en el ámbito escolar”, sugirió Stenseng.

Adesman apuntó que “los niños con TDAH con frecuencia tienen problemas con deportes populares de equipo, como el béisbol y el fútbol, en que se espera que los niños presten atención aunque la pelota no se dirija a ellos”.

En lugar de ello, añadió, “es más probable que a los niños con TDAH les vaya bien en deportes de equipo como el básquetbol, que conlleva un movimiento y una participación más constantes, o deportes de logro individual como el tenis, la natación, el campo y pista y las artes marciales”.

Mientras tanto, los padres y los maestros también pueden ayudar a enseñar a los niños habilidades sociales como una parte importante de la gestión de las conductas del TDAH, planteó Mayra Méndez, coordinadora del programa de servicios para las discapacidades intelectuales y del desarrollo y de salud mental del Centro de Desarrollo Infantil y Familiar Providence Saint John’s en Santa Mónica, California.

“El entrenamiento temprano en habilidades sociales es esencial para el cerebro en desarrollo de un niño pequeño, mientras que el entrenamiento en habilidades sociales en los niños mayores solidifica una comprensión de las normas sociales a un nivel más alto”, comentó Méndez, que no participó en la investigación.

“El entrenamiento en habilidades sociales respalda la concienciación sobre las situaciones y los límites sociales, lo que ayuda a los niños a construir su capacidad de autoevaluación, de autorregulación y de ajuste de su conducta de acuerdo con el impacto que tengan sobre los demás”, añadió Méndez.

Stenseng enfatizó que también es importante no culpar al niño con TDAH de las dificultades que experimente con sus pares, sino tomar el diagnóstico en cuenta e intentar comprender sus sentimientos.

Los investigadores no exploraron los posibles efectos de tomar medicamentos sobre este ciclo, pero es posible que los fármacos para el TDAH puedan influir en las interacciones, dijo Stenseng.

“En la medida en que los medicamentos reducen los síntomas del TDAH, podrían también reducir las probabilidades de que los niños sean rechazados por sus compañeros”, planteó Stenseng. “Pero los medicamentos excesivos también podrían conducir a resultados nocivos, dado que ningún niño quiere jugar con alguien sin energía ni iniciativa”.

Adesman se mostró de acuerdo en que la cantidad adecuada de medicamentos puede ayudar a un niño con TDAH a funcionar mejor a nivel social.

“Este estudio no observó los efectos de los medicamentos, y la mayoría de niños en edad preescolar con TDAH no están siendo tratados con fármacos”, explicó. “Dicho esto, el tratamiento farmacológico exitoso de los niños con TDAH con frecuencia sí resulta en un mejor funcionamiento social y en una mayor aceptación de parte de los compañeros”.

 

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