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Familia

El ‘bullying’ infantil se asocia a diferentes problemas de salud en la edad adulta

Tanto las víctimas como los perpetradores de este tipo de abusos acaban viéndose afectados por un mayor riesgo de problemas de salud derivados del estrés

abc.es

Investigadores de la Universidad de Pittsburgh (EE.UU.) han constatado los riesgos que puede conllevar el acoso o ‘bullying’ durante la infancia para la salud en la edad adulta, desde problemas psicosociales a problemas de tipo cardiovascular tanto para las víctimas como para los agresores, según un nuevo estudio publicado en la revista «Psychological Science».

Como explica Karen A. Matthews, directora de la investigación, «la mayoría de las investigaciones sobre el ‘bullying’ se han basado en el abordaje de los resultados en salud mental, pero queríamos examinar el impacto potencial que también podía tener para la salud física».

Tanto víctimas como agresores

Para llevar a cabo el estudio, los autores siguieron la evolución de 300 varones desde que estudiaban en Primaria –a una edad de 6 o 7 años– hasta que cumplieron los 30. El objetivo era observar si el hecho de haber sufrido algún episodio de acoso o intimidación o, por el contrario, haberlo protagonizado como parte activa, podría tener alguna repercusión en su estado de salud.

Los resultados mostraron que los varones que, ya adultos, habían sido agresores durante la infancia eran más propensos a fumar tabaco o marihuana, tener una actitud agresiva y sufrir situaciones de estrés después de más de dos décadas.

Por su parte, quienes habían sido víctima de un episodio de ‘bullying’ tenían más problemas económicos, se sentían injustamente tratados y eran menos optimistas. Unos resultados especialmente críticos porque, según constataron los investigadores, situaban también a estas personas en un mayor riesgo de tener más problemas de salud, sobre todo de tipo cardiovascular. De hecho, investigaciones previas ya han vinculado los factores de riesgo psicosociales como el estrés, la ira y la hostilidad con un mayor riesgo de problemas de salud como infarto de miocardio, ictus e hipertensión.

En consecuencia, y dado que el ‘bullying’ conlleva relaciones interpersonales estresantes tanto para los agresores como las víctimas, los autores sugieren que «ambos podrían verse afectados por un mayor riesgo de problemas de salud derivados del estrés».

Mayor riesgo cardiovascular

Junto con las evaluaciones regulares sobre los factores de riesgo psicosocial, conductual y biológico de tener problemas de salud, los investigadores también recopilaron información también procedente de padres y profesores para saber cómo los participantes se comportaban cuando tenían entre 10 y 12 años.

Además, entre los indicadores evaluados en los participantes cuando ya eran adultos incluyeron analíticas de sangre, pruebas cardiovasculares y mediciones de la estatura, el peso y los niveles de inflamación.

Inesperadamente, la intimidación en la infancia no se relacionó con una mayor inflamación o síndrome metabólico en la edad adulta. Sin embargo, tanto los agresores como las víctimas aumentaron el riesgo psicosocial fruto de su mala salud física. Y el hecho de que los agresores de pequeños fumaran más de adultos aumentó su predisposición a un mayor riesgo cardiovascular.

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Ocho errores de los padres con el sobrepeso de los niños

No premiar con comida, respetar horarios, evitar tener golosinas en casa, algunas recomendaciones.

eltiempo.com

Los primeros y principales responsables de un niño con problemas de sobrepeso, coinciden todos los especialistas, son los padres. Los malos hábitos y la falta de educación en esta decisiva materia se transmiten, cultivan y consolidan en casa.

“Somos los padres quienes decidimos qué comen nuestros hijos”, recuerda la doctora Ximena Raimann, nutricionista infantil de la clínica Las Condes, de Santiago de Chile. “Y somos los padres quienes debemos enseñarles a comer de forma saludable”, añaden otros expertos.

Y aunque lo anterior parezca una obviedad, el problema es que diversos estudios confirman que a los papás y mamás contemporáneos les cuesta mucho reconocer sus fallas en este terreno. Una investigación realizada por la Universidad de Nueva York, y dirigida por el profesor Dustin Duncan, reveló que cerca del 95 por ciento de los padres de niños con sobrepeso vieron a sus hijos con “un peso saludable” y no identificaron su situación como algo potencialmente peligroso para los menores, como en efecto lo es.

Para la Organización Mundial de la Salud (OMS), la obesidad no solo es uno de los principales problemas de salud pública del siglo XXI, sino que ha alcanzado proporciones de pandemia: más de 1.900 millones de adultos, mayores de 18 años, presentan sobrepeso en el mundo, y de ellos, más de 600 millones sufren de obesidad.

Y el mismo organismo señala que el futuro no es nada alentador, pues el sobrepeso y la obesidad infantil se han casi triplicado en los últimos 30 años. A tal punto que hoy existen en el mundo alrededor de 42 millones de niños y niñas con sobrepeso: el 80 por ciento de ellos, en países en vías de desarrollo.

En América Latina, el cuadro no es bueno: entre el 20 y el 25 por ciento de la población de niños y adolescentes tiene sobrepeso.

Y si bien es cierto que en las tiendas de 8 de cada 10 escuelas se siguen ofreciendo bebidas azucaradas y en muy pocas hay frutas u otras opciones saludables, también lo es que la mayoría de los padres no están haciendo la tarea que les corresponde en este tema.

Aquí, ocho consejos para que su hijo no caiga en el sobrepeso, es decir, no aumente sus posibilidades de sufrir enfermedades cardiovasculares, diabetes, cáncer y otros males, que no solo afectarán su calidad de vida, sino que la acortarán.

1. Golosinas para consentir

Uno de los principales errores de los padres es que desde muy temprana edad introducen a los pequeños en el consumo de alimentos marcadamente dulces (golosinas, chocolates, etc.) o salados (papas fritas y otros ‘paquetes’), generando que el menor se acostumbre a estos sabores altamente adictivos. Abuelos y otros familiares deben unirse y ayudar para que los niños se acostumbren a comer alimentos frescos y naturales.

2. Comida sin horas

Muchos padres permiten que los niños coman a deshoras, y, en general, se trata de productos con mucha grasa, sal o azúcar que los dejan satisfechos y que hacen que después no quieran comer la comida que les corresponde. “Ahí empieza un círculo vicioso, porque después -nuevamente a deshora- les da hambre y comen otra vez ese tipo de pasabocas, que suelen ser muy calóricos”, dice la directora de la Escuela de Nutrición de la Universidad de los Andes de Chile, doctora Eliana Reyes.

Para evitar esto, no solo hace falta que consuman de forma ordenada las comidas diarias, sino que estas sean correctamente planificadas y equilibradas para que no sientan hambre a deshoras. Y si eso ocurre, la propuesta debe ser siempre saludable: una fruta, un yogur, etc.

3. Posponer las frutas y verduras

“En los primeros años de vida es cuando se adquieren hábitos y gustos”, dice la doctora Elizabeth Yáñez, nutricionista infantil de la clínica Alemana. Por eso es tan importante familiarizarse desde temprano con el sabor de frutas y verduras. De hecho, según la doctora Raimann, al cumplir el año, los niños ya deberían empezar a comer ensaladas, algo que generalmente no se hace. “Pero, en cambio, se les introducen golosinas como las galletas, que no son en absoluto necesarias”. “Si en la primera infancia no se les acerca a estos alimentos saludables, será más difícil que los coman después”.

4. Loncheras extracalóricas

Frutas, verduras como la zanahoria, yogur y frutos secos son buenas ideas para la lonchera. Sin embargo, todas las especialistas consultadas concuerdan en que a pesar de las recomendaciones que dan sobre esta materia, muchos papás siguen enviándoles golosinas y productos envasados altos en calorías y azúcar (por comodidad). Y las profesionales añaden que evitar tener este tipo de golosinas en la casa también es clave.

5. Porciones de adulto

Servirle a un niño de cuatro años la misma porción que a su hermano adolescente es un error común, dicen las especialistas. Y en muchos casos, a pesar de ser porciones no adecuadas para la edad, los padres los obligan a terminarlas. En términos generales, no es bueno premiar ni castigar a un niño con la comida, porque genera distorsiones, como, por ejemplo, cuando se premia un buen resultado escolar con comida chatarra.

6. El mal ejemplo

“Uno tiene que predicar con el ejemplo, y especialmente con los niños”, dice la doctora Reyes. Por eso, no solo el niño debe comer de forma saludable, los adultos también. Las ensaladas deberían estar siempre presentes y el postre debería ser una fruta, dejando los dulces más elaborados solo para el fin de semana, y en porciones moderadas, dice la doctora Yáñez.

7. Las gaseosas

Servir agua en la mesa, no jugos industriales ni gaseosas, es esencial. “No hay que acostumbrarlos a las bebidas dulces, porque son adictivas. La gente lo hace por cariño, para darles algo rico, pero a la larga les generan un daño”, dice la nutricionista Eliana Reyes. Incluso, el jugo con endulzante es mejor sacarlo de la dieta, dice Raimann, porque acostumbra el paladar a lo dulce. En Colombia, la costumbre de los jugos naturales es muy sana, pero eso se arruina cuando se les pone azúcar.

8. Comer frente a la TV o al PC

Sentarse a la mesa en familia y evitar estar frente al televisor o el computador mientras se come es absolutamente fundamental. “El cenar en familia es un factor protector de sobrepeso, de trastornos alimentarios y de consumo de drogas”, dice la doctora Raimann. “Cuando uno come mirando la tele no tiene control de lo que come”, asegura. Paralelamente, hay que disminuir el consumo de videojuegos y otro tipo de ‘hobbies’ sedentarios, como ver televisión en exceso, y animar constantemente al niño o niña a que realice juegos en los que prime el ejercicio físico.

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Los pediatras declaran la guerra contra los dispositivos inteligentes para bebés

elpais.com

Calcetines que calculan la frecuencia cardíaca, sensores que miden los niveles de oxígeno o pañales inteligentes que analizan la orina de los bebés y envían a una app móvil los datos sobre el riesgo de deshidratación, infecciones o problemas renales. La tecnología lo tiene (casi) todo para que los padres controlen el bienestar de sus hijos. Para los médicos, sin embargo, los bebés data se han convertido en una pesadilla. El equipo del Children’s Hospital de Filadelfia ha publicado un artículo en el que critica el uso de esos monitores y afirma que su principal efecto es llenar los departamentos de urgencias con falsas alarmas.

“Para la mayoría de los bebés sanos, no hay ninguna necesidad del uso de esos monitores en casa”, defiende Elizabeth Foglia, neonatóloga y coautora del texto publicado en la revista JAMA, de la Asociación Médica Americana (American Medical Association).

Foglia y sus colegas, los pediatras Christopher Bonafide y David Jaminson, explican que los sensores de señales vitales tampoco disminuyen el riesgo del Síndrome de Muerte Súbita en el Lactante, uno de los mayores miedos de los padres. “En cambio, que el lactante duerma boca arriba en vez de boca abajo o de lado, o que no se fume en el entorno del bebé, son medidas contrastadas que si han demostrado disminuir la muerte súbita y que no cuestan e incluso ahorran dinero”, señala Federico Martinón-Torres, jefe de Pediatría del Hospital Santiago de Compostela.

Los fabricantes de esos dispositivos reconocen que no pueden prevenir el síndrome, pero en su publicidad afirman que los aparatos emiten “señales de alerta”. Es el caso de Owlet, una marca citada por los médicos del Children’s Hospital. Ese monitor, que cuesta 230 euros, es un calcetín inteligente que promete controlar el ritmo cardiaco, los niveles de oxígeno, temperatura corporal y calidad del sueño del recién nacido.

Para los pediatras, que han analizado cinco modelos de monitores fisiológicos, con precios entre 140 euros y 280 euros, esos aparatos provocan más estrés en los padres, en vez de tranquilizarles. Foglia explica, por ejemplo, que los bebés sanos tienen caídas ocasionales de oxígeno de menos del 80%, sin consecuencias, y que eso no sería motivo de alarma. “Esos artefactos se aprovechan de la inseguridad y de la dificultades para conciliar las responsabilidades paternales con las laborales y acaban por generar más inseguridades y más preocupación”, opina Martinón-Torres.

Reglamentación

Los pediatras estadounidenses abogan por que los monitores sean reglamentados por la agencia que controla los medicamentos en EE UU, la Agencia de Administración de Alimentación y Medcamentos (FDA, por sus siglas en inglés). “No hay evidencias de que los sensores sean precisos en la medición de las señales vitales”, dicen. La marca Owlet afirma en su página web que ya ha enviado a la FDA una solicitud para la aprobación del dispositivo. Aunque estos obtengan el visto bueno, el equipo del Children’s Hospital defiende que la comunidad médica debe debatir si el uso de los sensores es apropiado, una vez que una pequeña señal de caída del nivel de oxígeno podría ocasionar una visita a urgencias, un análisis de sangre innecesario o incluso el ingreso hospitalario del bebé.

Máximo Vento Torres, presidente de la Asociación Española de Neonatología, afirma que los sensores más eficaces son aquellos de alta precisión, desarrollados por médicos, y que son utilizados por un breve período y en circunstancias específicas, como en el caso de algunos bebés prematuros. “Ellos pueden tener riesgo de apnea y recomendamos los dispositivos para acortar su estancia en el hospital”, explica. Vento Torres señala que, en esos casos, los padres reciben una formación en reanimación cardiorrespiratoria. “Los aparatos, por muy inteligentes que sean, no ayudan en nada si sus alertas no generan la reacción adecuada”, concluye.

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Retrasar el pinzamiento del cordón umbilical reduce el riesgo de anemia en bebés

Los bebés en los que se corta el cordón umbilical cuando ya han transcurrido tres minutos desde el parto presentan mayores niveles de hemoglobina

abc.es

La anemia ferropénica es una enfermedad caracterizada por una deficiencia de hierro, metal que resulta absolutamente indispensable para la formación de la hemoglobina –esto es, la proteína de los glóbulos rojos que, entre otras funciones, transporta el oxígeno a los tejidos y el CO2 para su eliminación en los pulmones–. Una enfermedad que puede asociarse a complicaciones muy graves y que resulta, si cabe, más peligrosa en los bebés. Y es que la anemia ferropénica puede conllevar defectos en el neurodesarrollo de los bebés y, por tanto, la aparición de problemas cognitivos, motores y del comportamiento. Un riesgo que, como muestra un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Uppsala (Suecia), puede evitarse simplemente retrasando el pinzamiento –y posterior corte– del cordón umbilical tras el alumbramiento.

Como explica Ola Andersson, director de esta investigación publicada en la revista «JAMA Pediatrics», «nuestro trabajo muestra que demorar 180 segundos el pinzamiento del cordón umbilical es una intervención efectiva para reducir la anemia a los ocho y los 12 meses de edad en la población de alto riesgo con un coste mínimo y sin efectos secundarios aparentes».

No hay prisa

A día de hoy, el tratamiento de anemia ferropénica en bebés viene constituido por la administración de suplementos y alimentos enriquecidos. Pero dado que siempre es mejor prevenir que curar, debe contemplarse, tal y como han sugerido distintos estudios, la posibilidad de retrasar el pinzamiento y corte del cordón umbilical tras el parto. No en vano, como recuerda la Organización Mundial de la Salud (OMS), esta demora permite que se mantenga el flujo sanguíneo entre la madre y el recién nacido, lo que puede mejorar la dotación de hierro del neonato. Un beneficio, además, que resulta aún más importante en aquellos lactantes nacidos en países en los que hay un menor acceso a alimentos ricos en hierro. Pero, ¿se trata de una medida realmente efectiva? Y asimismo, ¿cuánto debe retrasarse la intervención?

Para responder a estas preguntas, los autores contaron con la participación de 540 recién nacidos de Nepal –país con una elevada prevalencia de anemia ferropénica neonatal– en los que, de acuerdo con un criterio totalmente aleatorio, realizaron el pinzamiento y corte del cordón umbilical antes de que hubiera transcurrido el primer minuto desde el alumbramiento o una vez se habían superado los 180 segundos.

Los resultados mostraron que los bebés de ocho meses en los que se esperó un mínimo de tres minutos para realizar el pinzamiento tenían un nivel promedio de hemoglobina mayor, así como una prevalencia de anemia ferropénica inferior.

Es más; alcanzados los 12 meses de edad, los beneficios en los niveles de hemoglobina y en la tasa de anemia asociados con la demora de tres o más minutos fueron incluso más significativos.

Efectivo y barato

En definitiva, parece que el pinzamiento tardío del cordón umbilical tiene efectos muy positivos sobre la salud del bebé. Un aspecto a tener muy en cuenta dado que se trata de una medida que, contrariamente a como sucede con la posterior necesidad de suplementos y alimentos enriquecidos, no conlleva ningún coste económico.

Como concluye Ola Anderson, «la implementación de esta intervención a nivel global podría traducirse en una reducción de cinco millones de casos de anemia en niños de ocho meses de edad, lo que tendría especialmente una alta significación en materia de salud pública en el Asia Meridional y en el África sub-sahariana, regiones en las que se localiza la mayor prevalencia de anemia».

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Enfermedades respiratorias infantiles en invierno

Los catarros o resfriados constituyen la enfermedad pediátrica más común. Los pacientes presentan obstrucción nasal, aumento de mucosidad y tos. La fiebre no suele durar más de tres días, los síntomas nasales y de garganta ceden en una semana, pero la tos puede continuar a lo largo de dos o tres semanas.

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El otoño y el invierno suelen ser sinónimo de estornudos, de catarros, de gripes. Es normal que los niños pequeños presenten entre seis y 10 episodios  catarrales en el invierno.  Esto no  significa que estén «bajos de defensas» o  tengan otra enfermedad, simplemente refleja la exposición de un sistema inmunológico inmaduro a gérmenes que todavía no conoce. La mayoría de estas infecciones en la primera infancia están causadas por virus y remiten espontáneamente sin complicaciones.

Dependiendo de dónde se produzca la afectación principal, nos encontraremos ante una rinofaringitis (nariz y garganta), faringoamigdalitis (anginas), laringitis (zona de las cuerdas vocales, con su característica tos perruna), bronquitis (en los bronquios, con tos y ruidos respiratorios), bronquiolitis (en bronquiolos, las vías respiratorias más finas, con dificultad respiratoria), neumonía (pulmón), otitis media aguda (oído) o sinusitis aguda (senos paranasales), explica la doctora María del Pilar Álvaro, pediatra del servicio de Urgencias de Pediatría de Hospital Perpetuo Socorro.

Los catarros o resfriados constituyen la enfermedad pediátrica más común. Los pacientes presentan obstrucción nasal, aumento de mucosidad y tos. La fiebre no suele durar más de tres días, los síntomas nasales y de garganta ceden en una semana, pero la tos puede continuar a lo largo de dos o tres semanas.  Los virus se transmiten a través la tos o los estornudos, o por medio de objetos contaminados, fundamentalmente las manos o chupas, entre otros. «Disminuimos el contagio ventilando las habitaciones, lavando frecuentemente las manos y evitando el ambiente tabáquico», asegura la especialista en Pediatría, añadiendo que los niños deben estar bien hidratados, dormir semiincorporados y tener las fosas nasales limpias.

Las complicaciones, generalmente bacterianas, como otitis, sinusitis, conjuntivitis purulenta o  neumonía deben descartarse en los siguientes casos: fiebre más de 72 horas, dolor de oídos, dificultad respiratoria, persistencia de más de 10 días de mucosidad nasal espesa o decaimiento. Respecto a la laringitis, se trata de la inflamación de la laringe y suele iniciarse con un resfriado común. La tos disfónica o perruna característica, de predominio nocturno, provoca gran alarma en los padres, aunque generalmente su curso es benigno, En caso de dificultad respiratoria con gran retracción o quejido inspiratorio, dificultad para tragar o hipersalivación se debe acudir a urgencias.

La otitis media aguda o infección del oído medio provoca acumulación de líquido detrás del tímpano. Puede ser de origen vírico o bacteriano y ocurre, normalmente, después de que los niños hayan padecido una infección de garganta, un resfriado u otras afecciones de las vías respiratorias altas. El uso de antibióticos  y analgésicos por parte de los pediatras es el tratamiento más común. Tras finalizar el tratamiento se recomienda control por el pediatra para  comprobar la curación. En lactantes, la irritabilidad y el llanto inconsolable sugieren la aparición de esta complicación.

Por su parte, la neumonía suele debutar a los dos o tres días de un resfriado o un dolor de garganta. Por ello, cuando el paciente presenta fiebre alta a las 72 horas del inicio del catarro debe ser valorado por el pediatra para descartarla. Otros síntomas son tos, dolor torácico, dificultad respiratoria, vómitos o dolor abdominal. Con tratamiento antibiótico curan en un período de entre una y dos semanas, concluye la especialista en Pediatría del Hospital Perpetuo Socorro.

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El recién nacido y tu mascota

Ayuda al animal para que entienda la llegada de un nuevo integrante a la familia

El perro ve el mundo bien diferente a nosotros los humanos. Con la llegada de un bebé, el perro podría llegar a experimentar varias semanas de depresión postparto. Los perros aprenden las cosas por asociación, y es importante tener en mente que no queremos que el perro asocie al bebé con hechos negativos, tales como reducción del tiempo de juego, ser echado de su habitación, o algo tan sencillo como el cambio de ubicación de su platito de comida. Es adecuado comenzar a hacer los cambios al menos un mes antes del nacimiento del bebé.

Graba una cinta de audio con el llanto de un bebé para que el perro se vaya acostumbrando a ese extraño y potente sonido de gritos y llantos. Los perros poseen un agudo sentido auditivo, y podrían entrar en pánico al escuchar por primera vez este nuevo sonido.

Es recomendable que si el perro no conoce comandos básicos como “¡Acuéstate!” “¡Quieto!” y “¡Deja eso!”, que comience a trabajar en enseñárselos unos meses antes del nacimiento del bebé. Es importante también tener todas sus vacunas al día y que el mismo esté adecuadamente desparasitado.

Una vez el bebé haya nacido, toma alguna ropita o manta que el bebé haya usado y muéstrasela, permítele olerla para que comience a reconocer su olor y así llegue a crear un vinculo con el nuevo integrante de la familia.

Una vez llegue al hogar por primera vez con el bebé, lo mas importante es saludar al perro antes de cualquier otra cosa, mientras la pareja carga al bebé en los brazos. Por haber estado fuera del hogar por unos días, la emoción natural que sentirá la mascota al ver a sus dueños podría hacer que salte y se comporte un poco rudo. Una vez el perro esté calmado, se debe poner una correa al perro y permitirle a distancia observar el bebé, y acariciando gradualmente a ambos. Si el perro se mantiene calmado, deja que huela al bebé. Poco a poco bajo supervisión, permite al perro acercarse más.

Casi todas las recomendaciones relacionadas con los perros funcionarán con los gatos, aunque lo más probable es que no tengas tanta suerte cuando quieras darle una orden a tu gato.

Debido a que los gatos se abalanzan instintivamente sobre objetos móviles, generalmente no se sentirán atraídos por un bebé recién nacido. No es una buena idea dejar al gato solo en la habitación con el bebé, ya que a los gatos les gusta acurrucarse sobre los cuerpos tibiecitos y es por ello que podrían tratar de meterse en la cuna para dormir con él.

Las mascotas son parte de nuestra familia y el nacimiento de un bebé no quiere decir que hay que disponer del perro o el gato. Tomar los pasos adecuados asegurará una fácil transición.

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Una nueva técnica podría duplicar el éxito de los tratamientos para la infertilidad

Investigadores de OHSU y Salk Institute desarrollan un nuevo método para transmitir el material genético de una madre a huevos de donantes

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Las mujeres con infertilidad o aquellas con una predisposición genética a transferir una enfermedad mitocondrial podrían algún día beneficiarse de un nuevo descubrimiento realizado por científicos de OHSU y del Instituto Salk de Estudios Biológicos (EE.UU.). Los investigadores, liderados por Shoukhrat Mitalipov, han visto que es posible regenerar huevos humanos o ovocitos -las fases celulares más iniciales de un embrión- haciendo uso de un material genético, ADN, que habitualmente se desecha: los ‘cuerpos polares’.

Tal y como explican en el último número de la revista «Cell Stem Cell», este ADN proviene de pequeñas células denominadas ‘cuerpos polares’ que se forman fuera de los ovocitos y contienen el mismo material genético que el núcleo de un huevo de la mujer. Hasta ahora, nunca se había demostrado que los ‘cuerpos polares’ fueran útiles para generar huevos humanos funcionales que pudieran ser utilizados en los tratamientos de fertilidad. En el estudio, los científicos trasplantaron con éxito un ‘cuerpo polar’ de un ovocito en desarrollo de una mujer al citoplasma de un ovocito de una donante despojado de su núcleo.

Y, a pesar de que la técnica podría demorarse muchos años antes de llegar a un ensayo clínico, en el futuro podría ser importante para aquellas mujeres de avanzada edad que quieren tener hijos. «Sabemos que la fertilidad disminuye a medida que las mujeres envejecen», afirma Mitalipov, director del Centro OHSU de Terapia Celular. «Ahora disponemos de una forma de duplicar el número de ovocitos que podemos obtener en una sesión de fertilización in vitro».

«Aunque únicamente pudimos examinar un número limitado de líneas celulares, desde el punto de vista de los perfiles epigenómicos la calidad de las células embrionarias derivadas de los cuerpos polares parece bastante prometedora», apuntó por su parte otro de los autores, Joseph Ecker, director del Laboratorio de Análisis Genómico del Salk Institute.

Al rescatar los cuerpos polares los investigadores, gracias a una técnica de transferencia nuclear, fueron capaces de formar nuevos oocitos genéticamente relacionados con la madre. Y cuando se fertilizaron con espermatozoides, los nuevos ovocitos se convirtieron en embriones viables. Pero los expertos advierten: ninguno de los embriones se implantó para llevar a cabo un embarazo real.

«Normalmente, los cuerpos polares se desintegran y desaparecen durante el desarrollo de los ovocitos», explica Hong Ma, del Centro de OHSU. Ahora, subraya, «hemos sido capaces de reciclarlos y esperamos que al hacerlo podamos duplicar el número de huevos de pacientes disponibles para la fertilización in vitro». «Esta es la primera investigación sobre la sorprendente viabilidad de los ‘cuerpos polares’ humanos y revela una nueva fuente de material genético previamente descartado», añade Ryan O’Neil, co-primer autor y investigador de Salk.

Enfermedades mitocondriales

Además de beneficiar en el futuro a las mujeres de avanzada edad que quieren tener hijos, la técnica puede presentar otra oportunidad para ayudar a aquellas mujeres portadoras de mutaciones en las mitocondrias, las pequeñas centrales energéticas que se encuentran en el interior de las células. Las mutaciones en las mitocondrias pueden causar enfermedades mitocondriales en los hijos.

Las técnicas de reemplazo mitocondrial tienen el potencial de prevenir la transmisión del ADN mitocondrial causante de la enfermedad. Esta aproximación terapéutica, destinada a evitar la trasmisión de mutaciones patológicas a la descendencia, consiste en reemplazar las mitocondrias con alteraciones de la madre por mitocondrias de una donante sana.

Sin embargo, la extensión de esta tecnología, conocida popularmente como «hijos de tres padres genéticos», y que ya ha sido aprobada en Reino Unido, requiere una comprensión global de la relevancia fisiológica de la variabilidad del ADN mitocondrial. Ahora, apunta Mitalipov, «esta nueva técnica maximiza las posibilidades de que las familias puedan tener un hijo a través de las técnicas de fertilización in vitro libre de mutaciones genéticas».

Mitalipov desarrolló previamente una terapia de reemplazo mitocondrial que implica la implantación del núcleo del huevo del paciente – o huso – en un huevo donado sano despojado de su núcleo original. Mitalipov además es el padre de Roku y Hex, los primeros «monos quiméricos» creados a partir de una mezcla embrionaria de seis primates, y su equipo también fue el primero en desarrollar embriones humanos de cinco días de edad con genes de tres padres, lo que supuso una gran avance para el tratamiento de las enfermedades mitocondriales.

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Cómo hacer que sus hijos estén seguros este otoño

Recuerde a los niños que tomen precauciones al anochecer para asegurarse de ser visibles para los coches

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Con la llegada del otoño, los días se hacen más cortos y el clima cambia, lo que puede traer riesgos especiales para los niños.

El hecho de que los días se hagan más cortos significa que los jóvenes podrían volver a casa caminando o en bicicleta de las actividades extraescolares al anochecer o cuando ya está oscuro. Los expertos Hospital Pediátrico de la Universidad de California (UC) en Davis y del Programa de Prevención de Traumatismos de la UC en Davis afirman que se debe enseñar a los niños a asegurarse de que les pueden ver, incluso cuando la visibilidad sea baja.

Animan a los padres a que recuerden a sus hijos lo siguiente:

  • Ir por la acera y mantenerse fuera del asfalto. Enseñarles que es importante cruzar solamente al final de la calle y nunca entre los coches parqueados.
  • Llevar ropa o chaquetas brillantes o con colores claros. También pueden llevar zapatos que tengan material reflectante o tener una pequeña luz de advertencia en la bolsa, la mochila o en la trabilla del pantalón para que los conductores puedan verlos.
  • Usar luces en la noche. Instale luces delanteras y luces traseras en las bicicletas o patinetes de sus hijos que se puedan encender cuando haya oscurecido.
  • Mantenerse alerta y llevar un casco. Recuerde a sus hijos cuáles son los riesgos de andar en bicicleta o en patinete cerca de los coches e insista en que lleven casco cada vez que lo hagan.

Los parques son otro lugar en que los niños podrían estar en riesgo. Más de 200,000 lesiones al año se producen en los parques en Estados Unidos, muchas veces por caídas producidas por las condiciones húmedas, según los expertos de la UC en Davis. Sugieren que los padres enseñen a sus hijos a que sigan estos pasos:

  • Prestar atención a los alrededores y tener cuidado con los parques infantiles, incluyendo a los travesaños y las barras.
  • Llevar zapatillas de deporte con cordones.
  • Evitar poner la cabeza entre las barras o las cadenas.
  • Usar las barandillas en los puentes y las pasarelas.
  • Evitar los aparatos que tengan bordes afilados o herramientas al descubierto.
  • No saltar de columpios o las estructuras con altura o de un aparato a otro.

Los niños que jueguen deportes en otoño, como el fútbol o el fútbol americano, deberían tomar precauciones para protegerse de las lesiones en la cabeza. Deberían llevar siempre un equipamiento que les quede bien ajustado, incluyendo los cascos, los protectores bucales, las rodilleras, las coderas, las espinilleras y el calzado. Los niños que jueguen deportes en otoño también deberían:

  • Hacer un calentamiento y estiramientos leves antes de jugar.
  • Beber mucha agua a lo largo de los entrenamientos o de los partidos para mantenerse hidratados.
  • Los futbolistas nunca deberían “cabecear” la pelota, sobre todo los menores de 10 años.

Cuando llegue el clima más frío, los niños que jueguen deportes en invierno deberían descansar cuando se sientan cansados. Es importante llevar capas de ropa, gafas de sol, gafas de protección y filtro solar además de artículos de protección, como el casco y muñequeras.

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Para algunos bebés, aprender un segundo idioma podría resultar más fácil

Una investigación sugiere que una conducta llamada ‘desplazamiento de la mirada’ podría ser la clave

healthfinder.gov

Cierto tipo de conducta social ayuda a los bebés a aprender un segundo idioma, sugiere un nuevo estudio de tamaño reducido.

Los investigadores encontraron que los bebés que realizaban más “desplazamientos de la mirada” durante las sesiones con un tutor mostraban una mayor respuesta cerebral que indica el aprendizaje del idioma.

En el desplazamiento de la mirada, un bebé hace contacto visual y luego mira al mismo objeto que la otra persona está mirando. Es uno de los tipos más tempranos de habilidades sociales en los bebés, dijeron los investigadores.

El estudio incluyó a 17 bebés de unos 10 meses de edad, de familias angloparlantes. Durante cuatro semanas, asistieron a una docena de sesiones de tutoría del idioma español de 25 minutos de duración. Durante las sesiones, los tutores leyeron libros, hablaron y jugaron con los bebés, en español.

“Nuestro estudio ofrece evidencias de que las habilidades sociales de los bebés tienen un rol en descodificar el nuevo idioma”, aseguró la coautora del estudio, Patricia Kuhl, codirectora del Instituto de Ciencias del Aprendizaje y del Cerebro de la Universidad de Washington, en un comunicado de prensa de la universidad.

“Encontramos que el grado en el cual los bebés rastreaban visualmente a los tutores y los juguetes que sostenían se vinculaba con medidas cerebrales del aprendizaje infantil, mostrando que las conductas sociales ofrecen información útil a los bebés en una situación natural compleja de aprendizaje de un lenguaje”, añadió.

El estudio aparece en una edición reciente en línea de la revista Developmental Neuropsychology.

En investigaciones anteriores, el mismo equipo de investigadores encontraron que el desplazamiento de mirada ayuda a los niños en edad preescolar a aprender unas habilidades de lenguaje y sociales más sofisticadas.

“Nuestros hallazgos muestran que la participación social de los bebés pequeños contribuye a su propio aprendizaje del idioma. No son solo oyentes pasivos del lenguaje”, aseguró en el comunicado de prensa la coautora del estudio, Rechele Brooks, profesora asistente de investigación del Instituto de Ciencias del Aprendizaje y del Cerebro.

“Prestan atención, y muestran a los padres que están listos para aprender cuando miran hacia un lado y otro. La mayor parte del aprendizaje sucede en ese momento”, comentó.

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La depresión y la ansiedad de los padres podrían contribuir a que sus hijos pongan más reparos a la comida

Si mamá o papá tenían problemas de salud mental, los niños eran más quisquillosos con lo que comían, según un estudio

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Los niños de preescolar cuyos padres tienen depresión y/o ansiedad podrían ser más propensos a ser quisquillosos con la comida, según sugiere un estudio reciente.

Ser quisquilloso al comer (negarse a comer ciertos alimentos de forma regular) es algo habitual entre los niños y es una causa frecuente de preocupación para los padres. Y se ha relacionado con el estreñimiento, los problemas de peso y los problemas conductuales de los niños, afirmaron los investigadores.

Los autores del estudio observaron a más de 4,700 madres y 4,100 padres en Holanda y a sus hijos, nacidos entre 2002 y 2006. A los 3 años de edad, se consideró que aproximadamente el 30 por ciento de los niños eran quisquillosos al comer, según los hallazgos.

Los niños eran más propensos a ser quisquillosos al comer a los 4 años de edad si sus madres sufrieron de ansiedad durante el embarazo y cuando el niño tenía 3 años de edad. La ansiedad de los papás cuando los niños tenían una edad preescolar se asoció con un efecto parecido en sus hijos, según los investigadores.

Los investigadores también encontraron que la depresión de las mamás y de los papás durante el embarazo y cuando el niño tenía 3 años se asoció con un aumento del riesgo de que el niño fuera quisquilloso a los 4 años de edad.

El estudio aparece en la edición en línea del 22 de febrero de la revista Archives of Disease in Childhood.

Los hallazgos respaldan a las investigaciones previas. El estudio también aporta información importante para los médicos, señalaron los autores del estudio.

“Los profesionales clínicos deberían ser conscientes de que la ansiedad y la depresión severas, pero también formas más leves de problemas internalizantes, podrían afectar a la conducta alimentaria del niño”, afirmaron en un comunicado de prensa de la revista Lisanne de Barse, del Centro Médico de la Universidad de Erasmus en Róterdam, Holanda, y sus colaboradores.

Aunque el estudio encontró una asociación entre la ansiedad y la depresión de los padres y los hábitos alimenticios de sus hijos, no se diseñó para probar una relación causal directa.

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