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Autoinmunes

Vinculan fatiga y deterioro del funcionamiento de las piernas a peor progresión de la esclerosis múltiple.

En mayores de 50 años y con más de 15 años de evolución de la enfermedad se encontró que la fatiga y el deterioro del funcionamiento de las piernas fueron más comunes en aquellos con peor progresión de la esclerosis múltiple.

2ti.es

Síntomas de fatiga y alteraciones del funcionamiento de las extremidades inferiores, como debilidad o espasmos, son más comunes que ocurran en aquellas personas que pasarán de una forma remitente-recurrente de esclerosis múltiple a una forma progresiva secundaria de la enfermedad. Así informa mediante un comunicado de prensa la Academia Americana de Neurología (AAN). El estudio será presentado en abril en la Reunión anual de la AAN.

Como ya hemos comentado en artículos anteriores, la gran mayoría de las personas con esclerosis múltiple comienza manifestando una forma de la enfermedad, llamada esclerosis múltiple recurrente – remitente, que se caracteriza por la ocurrencia de brotes o crisis durante los cuales los síntomas se agudizan. A estos brotes suele seguir un periodo relativamente libre de los síntomas más intensos.

Sin embargo, al pasar los años muchas personas con EM hacen la transición hacia una forma (para algunos más bien una fase) más difícil de la enfermedad, llamada esclerosis múltiple secundaria progresiva ¿Hay algún síntoma que pueda indicar quiénes pasarán a esta forma de EM y quiénes no? La respuesta a esta pregunta no es insignificante. Según una de las autoras del estudio, la profesora de la Universidad de Buffalo, en EE.UU, Bianca Weinstock-Guttman:

– “Una mejor comprensión de quién está en alto riesgo de empeorar puede eventualmente permitirnos adaptar tratamientos más específicos para estas personas “.

Progresión de la esclerosis múltiple en mayores de 50 años: 5 años de estudio aportan algunas claves.

En la investigación se estudió a un total de 150 personas con esclerosis múltiple recurrente – remitente que tenían 50 años o más. Todos los participantes llevaban como mínimo 15 años de evolución de la enfermedad.

Al inicio del estudio se realizó una valoración completa de los síntomas y del nivel de funcionamiento. Cinco años después se repitieron las mismas pruebas. En ese tiempo, el 30% de los investigados había pasado a la forma secundaria progresiva de EM.

Las personas que hicieron la transición eran hasta cuatro veces más propensas a tener síntomas de fatiga. Las alteraciones en el funcionamiento de las piernas estaban presentes en el 53% de los que pasaron a EM secundaria progresiva, mientras que en los que no empeoraron, esta cifra fue de 22%.

Si existe fatiga y debilidad en las piernas, ¿se pasa a EM secundaria progresiva?

No, en ningún momento es esa la conclusión que se puede sacar de este estudio. Si nos fijamos en las cifras, es evidente que muchas personas con ambas manifestaciones no llegaron a empeorar.

El conocimiento de indicadores fiables de un peor pronóstico de EM pasa por la realización de este tipo de estudios, que no se pueden generalizar, pero si se unen a los resultados de otras investigaciones ayudarán a construir instrumentos de evaluación más objetivos.

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Se reduce la discapacidad en la esclerosis múltiple

A los 17 años del diagnóstico casi el 90% de los pacientes puede seguir caminando sin ayuda.

immedicohospitalario.es

Un estudio realizado en los EE.UU. resume con estos números el principal beneficio del tratamiento farmacológico a largo plazo en la esclerosis múltiple (EM). La comparación con estudios epidemiológicos indica que, sin tratamiento, sólo el 50% de los pacientes mantiene preservada su capacidad de deambular sin necesidad de muletas o silla de ruedas. Aunque la farmacoterapia en la EM se ha desarrollado muy rápidamente en los últimos años, es difícil poner cifras a los avances, afirma Heinz Wiendl (foto), miembro de la Sociedad Alemana de Neurología. Sólo el 18,1% de los pacientes cuyo diagnóstico de inicio fue la forma recidivante-remitente de la enfermedad evolucionaron negativamente hacia EM secundaria progresiva (EMSP). La EMSP es considerada el segundo estadio de la enfermedad, que, sin tratamiento, es alcanzado en un porcentaje que oscila entre el 36 y el 50%.

La mayoría de los pacientes de este estudio inició su terapia con interferón o glatirámero acetato, recibiendo después natalizumab, rituximab, mitoxantrona y ciclofosfamida en caso de empeoramiento. El impacto de fingolimod, dimetilfumarato y teriflunomida en los dos primeros años no fue tenido en consideración en el análisis debido a la relativamente reciente introducción de estos fármacos.

El estudio también confirmó el valor de la inmunoterapia en la reducción de la discapacidad tardía y en la mejora del pronóstico.

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Estrechando el cerco a la enfermedad celíaca

Nuevos estudios intentan desvelar el origen de la intolerancia al gluten, un problema de salud que ha crecido en los últimos años. Lo cuenta Elena Sanz.

muyinteresante.es.-Pablo Colado

Hoy por hoy no existe tratamiento para la celiaquía: el único modo de evitar la anemia, la diarrea crónica, la osteoporosis grave o el retraso en el crecimiento que acarrea este trastorno del sistema inmunitario es someterse a una dieta estricta, ausente de gluten, de por vida. Eso implica renunciar a toda la comida que contenga cuatro tipos de grano: trigo, centeno, cebada y avena. También están prohibidos híbridos o derivados de estos, como el kamet, la espelta y el triticale.

La preocupación de los expertos sanitarios es más que comprensible si tenemos en cuenta que actualmente hay cuatro veces más afectados que hace cincuenta años, tal y como sacaba a la luz la clínica estadounidense Mayo en un estudio publicado por la revista Gastroenterology. “Algo ha cambiado en nuestro entorno que vuelve la dolencia más común”, advierte el gastroenterólogo Joseph Murray, coautor de la investigación, aunque de momento admite desconocer en qué radica ese cambio.

Según un trabajo de las universidades suecas de Umea y Upsala, la explicación podría encontrarse en la –mala– salud de los bebés. Sus datos indican que sufrir tres o más infecciones durante los seis primeros meses de vida incrementaría las posibilidades de ser celíaco en nada menos que un 50 %. Y cuando la afección que se repite una y otra vez es una gastroenteritis, la probabilidad se dispara al 80 %. La investigación reveló asimismo que si la lactancia materna se interrumpe pronto, antes de introducir el gluten en la dieta del niño, el peligro de que aparezca la intolerancia vuelve a acrecentarse.

En Finlandia, los científicos han estrechado el cerco poniendo su mirada en los virus. De acuerdo con estudios del ADN de pacientes, los genes que predisponen a desarrollar la celiaquía están relacionados con las defensas del sistema inmune frente a la invasión de dichos patógenos. “Eso hace sospechar que las infecciones víricas están conectadas en cierto modo con la intolerancia al gluten”, asegura Päivi Saavalainen, coautora de la investigación.

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Las mujeres con lupus parecen estar en mayor riesgo de fracturas de la cadera

Las mujeres con lupus, una enfermedad autoinmune que puede afectar a la piel, las articulaciones y los órganos, también están en mayor riesgo de una fractura de cadera conocida como fractura cervical, sugiere una nueva investigación de Taiwán

El Dr. Shu-Hung Wang, del Hospital General de Veteranos de Taipéi, y colegas, evaluaron a casi 15,000 adultos, el 90 por ciento de los cuales eran mujeres, que sufrían de lupus. Se les hizo un seguimiento durante un promedio de seis años.

En ese periodo, 75 sufrieron una fractura de cadera. De éstos, 57 fueron fracturas cervicales de la cadera, y las otras 18 fueron fracturas trocantéricas de la cadera.

“Anatómicamente, las fracturas cervicales de cadera tienen que ver con [el área superior del fémur]”, señaló Wang, reumatólogo del hospital y coautor del estudio. “Las fracturas trocantéricas de cadera ocurren entre el trocánter menor y el mayor”. Los trocánteres son las prominencias óseas cerca del extremo del fémur.

Los investigadores compararon a las mujeres y a los hombres con lupus con el mismo número de personas sanas sin la afección. En el grupo sano, 43 sufrieron fracturas de cadera en el periodo de seguimiento, que se dividieron equitativamente en los dos tipos.

Los investigadores concluyeron que tener lupus aumentaba el riesgo de fracturas cervicales en comparación con el de la población general, pero no del otro tipo de fractura. Y las mujeres con lupus sufrieron fracturas cervicales a una edad más temprana, apuntaron los investigadores.

No se incluyeron suficientes hombres en el estudio para realizar un análisis científico de su riesgo de fractura.

El estudio, que no probó que el lupus provoque las fracturas de cadera, apareció en una edición reciente en línea de la revista Arthritis Care & Research.

El número de personas estudiadas confiere potencia a los hallazgos, aseguró el Dr. David Pisetsky, profesor de medicina de la Facultad de Medicina de la Universidad de Duke y miembro del consejo asesor científico del Instituto de Investigación del Lupus. Pisetsky revisó los hallazgos, pero no participó en el estudio.

“Cuando se cuenta con 15,000 [sujetos], esas cifras dan confianza”, dijo.

El mayor riesgo de fractura de cadera no resulta sorprendente, dada la naturaleza de la enfermedad, señaló. El lupus tiene que ver con un mal funcionamiento del sistema inmunitario. Normalmente, el sistema inmunitario produce anticuerpos en respuesta a los invasores. En el lupus, el organismo no puede diferenciar entre los invasores y el tejido normal, así que produce autoanticuerpos que se vuelven contra el organismo y atacan al tejido normal.

Los autoanticuerpos provocan inflamación, dolor y daño en el cuerpo.

“La inflamación sistémica afecta al hueso”, comentó Pisetsky. Con frecuencia a los pacientes se les recetan esteroides para aliviar la inflamación, pero esos fármacos también pueden afectar a los huesos de manera adversa, señaló.

Aunque el riesgo para los huesos en los pacientes de lupus ya se conocía, el nuevo estudio ofrece detalles sobre el tipo de riesgo de fractura, comentó Pisetsky.

Los tratamientos, sobre todo los esteroides, pueden afectar al hueso, apuntó la Dra. Joan Merrill, directora médica de la Lupus Foundation of America y presidenta del programa de investigación en farmacología clínica de la Oklahoma Medical Research Foundation. “Los esteroides también se asocian con un mayor riesgo de osteonecrosis [muerte de los huesos], que literalmente pueden hacer que la articulación de la cadera y otras articulaciones colapsen”, explicó.

Por esos motivos, en los últimos años los expertos se han concentrado en usar las dosis más bajas posibles de esteroides para controlar los síntomas, comentó Pisetsky.

Para ayudar a conservar la salud de los huesos, Pisetsky aconseja a sus pacientes de lupus que obtengan suficiente calcio y vitamina D y que tomen fármacos para mantener el hueso, si el médico decide que es necesario.

Hacer ejercicio regularmente también puede ayudar, apuntó. Con la edad, los pacientes de lupus deben intentar conservar su equilibrio, lo que también reduce el riesgo de caídas.

Wang, el coautor del estudio, reportó que funge en las juntas asesoras y recibe honorarios por charlas de varias compañías farmacéuticas. El estudio fue financiado por el Consejo Nacional de Ciencias de Taiwán, el Hospital General de Veteranos de Taipéi, y otras instituciones.

 

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La incapacidad para expresar emociones podría predisponer a sufrir enfermedades autoinmunes, según estudio

La incapacidad para expresar emociones (alexitimia) y las enfermedades autoinmunes, como el lupus eritematoso sistémico, parecen tener una asociación estadística significativa, cuya posible explicación podría tener que ver con el hecho de que la alexitimia podría provocar síntomas físicos o somáticos.

La incapacidad para expresar emociones (alexitimia) y las enfermedades autoinmunes, como el lupus eritematoso sistémico, parecen tener una asociación estadística significativa, cuya posible explicación podría tener que ver con el hecho de que la alexitimia podría provocar síntomas físicos o somáticos.

Así lo ha señalado un estudio realizado por investigadores portugueses, publicado en el último número de ‘Journal of Psychotherapy and Psychosomatics’ que, sin embargo, descarta que exista una relación causal directa entre ambos factores.

Los pacientes con lupus sufren altos niveles de angustia psicológicos y necesitan mantener un contacto frecuente con su médico, así como psicoterapia o intervenciones de ayuda psicológica, además de intervenciones médicas y psicofarmacológicas.

El equipo de investigadores liderado por Antonio Barbosa intentó averiguar si existe un potencial vínculo entre la incapacidad para expresar emociones y el lupus eritematoso sistémico, una severa y compleja enfermedad reumática con manifestaciones clínicas muy diversas, cuya evolución clínica es impredecible y está caracterizada por exacerbaciones y periodos de remisión.

Las funciones físicas y psicológicas de estos pacientes se ven comprometidas por culpa de la imposibilidad para predecir de esta enfermedad y lo variable de sus manifestaciones. Algunos estudios han considerado algunas variables psicológicas en los pacientes con lupus, como las dimensiones de la personalidad, los acontecimientos vitales, la baja autoestima o el apoyo social.

PACIENTES CON LUPUS Y URTICARIA CRÓNICA

Estos pacientes parecen tener también dificultades a la hora de identificar, procesar, manejar y expresar emociones, lo que podría reflejar la presencia de alexitimia. El objetivo del estudio portugués era revelar la relación entre las variables clínicas y la alexitimia, buscando el impacto de las variables psicológicas en los pacientes con lupus eritematoso sistémico.

Los pacientes que participaron en este estudio, un total de 53, eran personas que habían solicitado una consulta sobre una enfermedad autoinmune en un hospital universitario. Por otra parte, los investigadores formaron un grupo de control de 31 voluntarios sanos entre la población portuguesa.

También se incluyó un grupo de control clínico formado por pacientes con urticaria crónica, una enfermedad crónica invalidante. No había homogeneidad entre las muestras de pacientes con urticaria crónica y el grupo con lupus en tres variables sociodemográficas: edad, residencia y educación.

Todos los pacientes completaron un cuestionario sociodemográfico y una corta entrevista clínica para valorar la información clínica relativa a su situación médica y psiquiátrica pasada y presente.

Después, estos individuos rellenaron cuatro test que valoraron la alexitimia(TAS-20), las dimensiones de la personalidad (NEO-FFI), los síntomas psicopatológicos (BSI) y las variables de calidad de vida (SF-36). Al mismo tiempo, los pacientes fueron evaluados clínicamente por un médico, quien les diagnosticó utilizando criterios internacionales.

ALEXITIMIA Y PSICOPATOLOGÍAS

Los investigadores no encontraron diferencias estadísticamente significativas entre los pacientes con lupus o urticaria en las puntuaciones del TAS-20. Sin embargo, descubrieron que le grupo con lupus presentaba puntuaciones significativamente más altas en este test, en comparación con el grupo de control sano.

Tampoco se encontraron correlaciones significativas entre las variables clínicas y la alexitimia. Sin embargo, hallaron significativas correlaciones estadísticas entre la alexitimia y los síntomas psicopatológicas, como la depresión, la ansiedad, la psicosis y la neurosis.

También encontraron correlaciones con dimensiones de calidad de vida, como el dolor, la vitalidad y la percepción del estado de salud general. Para el grupo con lupus, la ‘apertura’ fue la variable independiente con mayor asociación, seguida de la depresión. En el grupo de pacientes con urticaria, los investigadores encontraron dos predictores: la neurosis y la ‘apertura’.

Este análisis fracasó en su intento por encontrar una asociación entre las variables clínicas y la alexitimia. Una posible explicación para este descubrimiento podría estar relacionada con el hecho de que la alexitimia podría provocar síntomas físicos o somáticos, pero no en una relación causal directa.

 

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Asocian virus y niveles bajos de vitamina D con EM

Los países con baja exposición solar tienen la tasa de prevalencia de esclerósis múltiple por encima del resto.

Unos menores niveles de vitamina D pueden influir en el desarrollo de esclerosis múltiple (EM), según se ha explicado en las IX Jornadas de Esclerosis Múltiple y Sociedad, celebradas en el Hospital Universitario Ramón y Cajal, de Madrid. “Algunos estudios han demostrado que en los pacientes con EM existen niveles de vitamina D deficientes. Esto se debe a que los países con una exposición solar baja suelen tener una mayor tasa de prevalencia de la enfermedad”, ha recordado Roberto Álvarez Lafuente, del Laboratorio de Investigación en EM del Hospital Clínico de Madrid.

La EM es la enfermedad crónica inflamatoria más frecuente del sistema nervioso, cuya prevalencia está en 80 por cada 100.000 habitantes y que afecta entre los 20 y 40 años. “El porcentaje era de hombres y mujeres de 2 a 1, pero ahora es de 3 a 1, por lo que se están produciendo claramente cambios en la epidemiología de la patología y no sabemos a qué es debido. Por ello, el principal reto es averiguar cuál es el mejor tratamiento para cada paciente”, ha dicho José Carlos Álvarez Cermeño, del CSUR Esclerosis Múltiple y del Servicio de Neurología del Ramón y Cajal.

Asimismo, existen factores que indican que ciertos componentes infecciosos están relacionados con la patología. Así, en países en vías de desarrollo, donde la higiene es escasa, la prevalencia de EM es mayor. A estos factores ambientales hay que añadir la obesidad y el tabaco, aún más perjudiciales para estos pacientes.

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¿Podrían unas dosis altas de vitamina D ayudar a combatir la esclerosis múltiple?

Los complementos parecen seguros, pero los expertos apuntan que es demasiado pronto para una recomendación general

healthfinder.gov

Las dosis altas de vitamina D parecen seguras para las personas que sufren de esclerosis múltiple (EM), y podrían ayudar a tranquilizar la hiperactividad del sistema inmunitario que es característica de la enfermedad, encuentra un pequeño ensayo clínico.

El estudio, que aparece en la edición en línea del 30 de diciembre de la revista Neurology, amplía la evidencia de que la vitamina D podría ser beneficiosa para las personas con EM.

Pero se siguen realizando ensayos clínicos para responder a la gran pregunta: ¿tomar vitamina D mejora los síntomas de EM y altera el desarrollo de la enfermedad?

El estudio actual muestra solo que las dosis altas (de 10,400 UI al día) reducen la proporción de ciertas células del sistema inmunitario que se han implicado en el proceso patológico de la EM.

“No haré ninguna afirmación más allá de esto”, dijo el investigador principal, el Dr. Peter Calabresi, profesor de neurología de la Universidad de Johns Hopkins, en Baltimore.

“Aquí no tenemos suficientes datos para orientar la práctica clínica”, enfatizó.

Bruce Bebo, vicepresidente ejecutivo de investigación de la Sociedad Nacional de la Esclerosis Múltiple (National Multiple Sclerosis Society), se hizo eco de esa salvedad.

“Este estudio no se diseñó para observar la eficacia contra la EM. Fue demasiado pequeño y corto para eso”, dijo Bebo, cuyo grupo ayudó a financiar la investigación.

Aún así, añadió Bebo, los hallazgos son importantes por otros motivos. Por un lado, dijo, “ofrecen algunas pistas sobre los mecanismos que explican el riesgo más alto de EM asociado con un nivel bajo de vitamina D”.

La EM es provocada por un ataque anómalo del sistema inmunitario contra el recubrimiento protector que rodea a las fibras nerviosas del cerebro y la médula. Esto conduce a síntomas como debilidad muscular, entumecimiento, problemas visuales y dificultades con el equilibrio y la coordinación.

Generalmente, los síntomas de EM se recrudecen de forma periódica, seguido por periodos de remisión. Con el tiempo, la enfermedad puede provocar problemas crecientes para caminar y moverse.

Se desconoce la causa precisa de la EM, pero los investigadores creen que tiene que ver con una combinación de vulnerabilidad genética y ciertos desencadenantes ambientales. Los niveles inadecuados de vitamina D (un nutriente necesario para una función inmunitaria normal) se consideran como uno de los sospechosos.

En parte esto se debe a estudios que han mostrado una asociación entre los niveles en sangre de vitamina D y el riesgo de contraer EM. Pero también hay evidencias más directas, aseguró Bebo. Por ejemplo, las investigaciones han mostrado que la vitamina D puede reducir los efectos de una enfermedad similar a la EM en ratones.

Los nuevos hallazgos sugieren que también podría alterar la actividad del sistema inmunitario en las personas con EM, señaló Bebo.

Según Calabresi, los resultados subrayan otro punto: es probable que se necesiten dosis altas de vitamina D.

Su equipo evaluó dos dosis en 40 adultos con EM. En un periodo de seis meses, un grupo tomó 10,400 UI de vitamina D al día (alrededor de 17 veces más que la recomendación de 600 UI para los adultos sanos del gobierno de EE. UU.) y el otro grupo tomó 800 UI al día.

Al final, solo el grupo de dosis alta mostró cambios en la actividad del sistema inmunitario. El mayor efecto, dijo Calabresi, fue una reducción en las células que producen una proteína inflamatoria llamada interleucina 17.

Pero el estudio solo observó ciertos aspectos de la función inmunitaria. Y la EM “es una enfermedad inmunológicamente compleja”, anotó Calabresi.

Dijo que será interesante ver si la vitamina D tiene efectos adicionales sobre el sistema inmunitario de las personas con EM, o posiblemente con otras enfermedades autoinmunes.

Varios ensayos clínicos evalúan ahora la vitamina D para la EM, incluyendo un estudio de EE. UU. que todavía está reclutando pacientes. Los ensayos están usando dosis de entre 5,000 y 10,000 UI al día, dijo Calabresi.

Dijo que sin los resultados de esos ensayos es demasiado pronto para recomendar que las personas con EM tomen vitamina D.

Pero añadió que dado que un nivel adecuado de vitamina D es importante para la salud en general, quizá la gente deba hacerse pruebas de la deficiencia del nutriente.

Dado que los complementos de vitamina D están fácilmente disponibles, Calabresi también reconoció que es probable que algunas personas con EM comiencen a tomarla incluso sin pruebas.

Les animó a usar la vitamina D solo bajo supervisión médica.

En este estudio, las dosis altas parecieron ser seguras en un transcurso de seis meses. Pero, advirtió Calabresi, los niveles altos de vitamina D pueden subir de forma marcada las concentraciones de calcio en la sangre, lo que puede provocar piedras en los riñones u otros problemas, como falta de apetito, debilidad y estreñimiento.

Bebo se mostró de acuerdo. “Hable siempre con el [médico] sobre cualquier fármaco o complemento que esté pensando en tomar”, aconsejó.

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Nueve de cada diez personas que padecen lupus son mujeres

Manifiesta que la asociación gallega en la que está da un gran apoyo a la gente que sufre la enfermedad

lavozdegalicia.es

El lupus es una enfermedad autoinmune que afecta a más población de la que se podría pensar en el mundo. Loli Caderno es una mujer de Ribeira que padece esta afección. En estos momentos es la delegada del área de Santiago de Compostela de la Asociación Galega de Lupus (AGAL), en la que hay socios, la mayoría son mujeres, de Boiro, Noia, Ribeira, Muros, A Pobra, Santiago, Lalín, Silleda, Val do Dubra y Ordes.

-Mucha gente conoce la palabra, pero la mayoría no saben lo que supone, ¿qué es el lupus?

-El lupus es una enfermedad que existe desde la antigüedad, pero no se conocía y tardaba mucho en diagnosticarse porque los médicos no pensaban en ella. Nuestro cuerpo tiene defensas que son nuestro ejército ante el ataque de agentes extraños como bacterias o virus. El lupus lo que hace es que, por alguna razón, las defensas se equivoquen y no distingan entre las sustancias ajenas y las propias células.

-¿Cuáles son los síntomas de esta enfermedad?

-En el 95% de los casos comienza con dolores articulares y musculares. Te sientes cansada, con dolor y agotada sin motivo aparente. Después puede derivar en varias cosas, ya que puede afectar al riñón, corazón, piel, pulmón… puede actuar sobre cualquier órgano. Es capaz de disfrazarse de otras enfermedades y camuflarse bajo diferentes síntomas. No existen dos lupus iguales, lo que le pasa a un enfermo no tiene porque sucederle a otro.

-Hablaba que los médicos tardaban mucho en hacer el diagnóstico, ¿se ha investigado lo suficiente para que esto no suceda?

-Por suerte los médicos jóvenes están más preparados y cada vez se investiga más. Hasta hace poco tiempo teníamos que pedir medicamentos prestados a otras enfermedades, pero ya tenemos alguno específico para el lupus y están haciendo ensayos para que haya más. Hay casos en los que en tres meses se ha diagnosticado, pero estas personas han tenido suerte, porque la mayoría de las veces hace falta más tiempo, aunque no tanto como antes. Lo irónico es que para detectarlo basta con hacer un análisis de sangre.

-¿Existe algún motivo para explicar por qué la mayoría de personas afectadas son mujeres?

-Nueve de cada diez personas que padecen lupus son mujeres. Se cree que puede ser por una cuestión hormonal, pero hasta la fecha no está claro.

-¿Qué puede causar que alguien enferme de lupus?

-Hay investigaciones en varias direcciones para determinarlo. Puede ser por motivos ambientales, también se sabe que ciertos medicamentos pueden provocarlo, aunque en este caso desaparece. No se descarta que la persona tenga predisposición genética a padecerlo, pero eso no quiere decir que se herede. Muchas enfermas de lupus tienen hijos y nacen sanos. Yo no puedo asegurarlo, pero todos sabemos que el estrés también es un desencadenante de la enfermedad.

-Se trata de una dolencia crónica que acompaña al afectado para siempre, ¿se puede hacer vida normal padeciéndola?

-La enfermedad se puede llegar a estabilizar. Cuando te da un brote te encuentras muy mal, en casos severos te pueden llegar a aplicar quimioterapia, y cuando remite te sientes mejor. Puedes estar años en remisión. Actualmente la esperanza de vida es la de una persona sana. Esto no pasaba hace veinte años, cuando solamente era de cinco a diez años después de diagnosticarse.

-¿Cuántos socios tiene la Asociación Galega de Lupus en la delegación de Santiago?

-Somos cerca de sesenta, aunque no todos son enfermos. Tristemente no es mucha gente, porque hay bastantes personas que padecen lupus que no se deciden a asociarse y sería muy interesante que dieran el paso.

-¿A qué se refiere con que sería muy interesante?

-En la asociación no curamos la enfermedad, pero el alma y los sentimientos hay que tratarlos. Estamos para escuchar y entender a la gente, que no es fácil. Cuando te diagnostican lupus te cae encima un chaparrón de soledad. Mucha gente me dice que no tenía con quien hablar de lo que le sucedía y esa soledad no es buena porque te encierras.

-¿La serie «House», donde se citaba al lupus en casi todos los capítulos, ayudó a darle visibilidad a la enfermedad?

-Sí, y es lo que queremos, hacerla visible y que se hable de ella. El doctor House nos hizo un favor, ya que a todo el mundo le suena.

-¿Cree justificado que el protagonista de la serie siempre pensara en el lupus para su diagnóstico?

-Seguro que era lo primero que quería descartar por su tremenda capacidad para disfrazarse. Por algo, de forma coloquial, le llaman el gran imitador.

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El misterio de las enfermedades autoinmunes

muyinteresante.es

Qué pasaría si, de repente, el ejército de células encargadas de protegerte considerara que las colegas que forman tu piel, tus músculos o incluso tu cerebro son el enemigo a abatir?

Este es el tipo de autosabotaje que soportan quienes padecen enfermedades autoinmunes, una respuesta fallida de nuestras defensas corporales.

De acuerdo con los últimos datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), hoy se conocen más de ochenta dolencias de este tipo, que afectan a entre el 3 % y el 7 % de la población occidental. Algunas son bien conocidas, como la diabetes, el celiaquismo, la enfermedad de Crohn o el lupus eritematoso sistémico.

Otras, como la púrpura trombocitopénica idiopática o el síndrome de Behçet, han sido catalogadas como enfermedades raras. Y aunque para muchas existe tratamiento, ninguna tiene cura definitiva por ahora.

Lo preocupante de estos males es que aún ignoramos la mayoría de sus mecanismos biológicos. En palabras de Kenneth Michael Pollard, del Instituto de Investigación Scripps, en California, “por cada inmunólogo al que preguntes, obtendrás una o dos teorías diferentes”.

Se entienden muchos fundamentos de estos trastornos por separado, pero no existe una explicación común sobre su origen que resulte satisfactoria.

Lo que está claro es que, en la mayoría de los casos, la autoinmunidad aparece cuando unas proteínas llamadas autoanticuerpos señalan como hostiles a células aparentemente sanas. Es lo que sucede con la enfermedad de Graves, en la que determinados autoanticuerpos se unen a receptores hormonales de la glándula tiroides y la activan en exceso.

Esto provoca hipertiroidismo, que discurre pérdida de peso, ojos saltones, debilidad muscular y temblores, entre otros síntomas. Esta anarquía inmunológica también explica la artritis reumatoide, desencadenada cuando el cartílago que forma las articulaciones es destruido por un anticuerpo llamado factor reumatoide; y la diabetes tipo 1, en la que el sistema inmune arremete contra las células productoras de insulina del páncreas.

 

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Entendiendo el Lupus

Las colagenosis se caracterizan por una reacción autoinmune dirigida contra las fibras de colágeno ubicadas en distintos tejidos del organismo. Si bien no tienen cura, existen distintos tratamientos para cada una de estas afecciones. El denominador común para todas las afecciones autoinmunes es que el propio sistema inmunológico del paciente se confunde por alguna razón (hasta ahora desconocida) y ataca a ciertas células.

En la mayoría de los casos, estas enfermedades tienen manifestaciones severas, y en algunos casos pueden llegar a causar la muerte. Todas ellas tienen en común ser afecciones que atacan los tejidos de sostén o tejidos conectivos del organismo que contienen fibras de colágeno: las articulaciones, la piel, los vasos sanguíneos, los riñones, el corazón, el cerebro, los ojos, etc.
Las enfermedades del colágeno más frecuentes son el lupus eritematoso, la dermatomiocitis, la esclerodermia, la poliarteritis y la artritis reumatoide, escleritis, entre otras.

El lupus eritematoso sistémico es una enfermedad autoinmune que se caracteriza por episodios de inflamación que afectan las articulaciones, los tendones y otros tejidos conectivos y órganos (piel, cerebro, etc.). Alrededor del 90% de quienes padecen lupus son mujeres de 20 a 30 años, una enfermedad que puede manifestarse de modo leve, severo e incapacitante o incluso mortal. Si bien puede manifestarse en forma crónica y persistente, por lo general se presenta de modo intermitente.

Se piensa que hay muchos factores que entran en juego: desde el estrés hasta ciertos virus en el comienzo de la enfermedad, por ejemplo, el herpes. También se sabe que debe haber algún factor de tipo genético.

El problema es que los tratamientos se dirigen solo a tratar los síntomas. Las colagenosis son enfermedades que deben ser tratadas en forma multidisciplinaria por un equipo médico en el cual un clínico sea el coordinador y aporte una visión globalizadora de las enfermedades que aqueja a los pacientes.

 

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