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Poemas

Frente al mar

Oh mar, enorme mar, corazón fiero
De ritmo desigual, corazón malo,
Yo soy más blando que ese pobre palo
Que se pudre en tus ondas prisionero.

Oh mar, dame tu cólera tremenda,
Yo me pasé la vida perdonando,
Porque entendía, mar, yo me fui dando:
«Piedad, piedad para el que más ofenda».

Vulgaridad, vulgaridad me acosa.
Ah, me han comprado la ciudad y el hombre.
Hazme tener tu cólera sin nombre:
Ya me fatiga esta misión de rosa.

¿Ves al vulgar? Ese vulgar me apena,
Me falta el aire y donde falta quedo,
Quisiera no entender, pero no puedo:
Es la vulgaridad que me envenena.

Me empobrecí porque entender abruma,
Me empobrecí porque entender sofoca,
¡Bendecida la fuerza de la roca!
Yo tengo el corazón como la espuma.

Mar, yo soñaba ser como tú eres,
Allá en las tardes que la vida mía
Bajo las horas cálidas se abría…
Ah, yo soñaba ser como tú eres.

Mírame aquí, pequeño, miserable,
Todo dolor me vence, todo sueño;
Mar, dame, dame el inefable empeño
De tornarme soberbia, inalcanzable.

Dame tu sal, tu yodo, tu fiereza.
¡Aire de mar!… ¡Oh, tempestad! ¡Oh enojo!
Desdichado de mí, soy un abrojo,
Y muero, mar, sucumbo en mi pobreza.

Y el alma mía es como el mar, es eso,
Ah, la ciudad la pudre y la equivoca;
Pequeña vida que dolor provoca,
¡Que pueda libertarme de su peso!

Vuele mi empeño, mi esperanza vuele…
La vida mía debió ser horrible,
Debió ser una arteria incontenible
Y apenas es cicatriz que siempre duele.

ALFONSINA STORNI

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Te Espero

Te espero
En la ultima hora de la tarde
Con el deseo de dejarte
Destrenzar mis cabellos en el aire

Y te quiero
Con mi ultimo amor entretejido
En la sombra del sauce

Esta es la hora azul
De mi ventana
Y aquella es la campana
De mis tardes
Todavia
Puedo cantar tu lejania
Con la misma ansiedad
De aquellos dias disueltos en la infancia
Todos mis dias fueron
Como murcielagos
Ciegos,
Fueron como voces
Gritadas en el agua,
Lo mismo que canciones
No escuchadas
Pero ahora,
Lejos de tu mirada,
Comprendo tanta luz que me cegaba,
Y en esta hora azul,
La de mi llama renovada,
Puedo decirte que te espero
Con aquella cancion interminada

ORIETA LOZANO

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Bajo tus miradas

Es bajo tus miradas donde nunca zozobro;
es bajo tus miradas tranquilas donde cobro
propiedades de agua; donde río, parlera,
cubriéndome de flores como la enredadera.

Es bajo tus miradas azules donde sobro
para el duelo; despierto sueños nuevos y obro
con tales esperanzas, que parece me hubiera
un deseo exquisito dictado Primavera:
tener el alma fresca, limpia; ser como el lino
que es blanco y huele a hierbas.

Poseer el divino secreto de la risa;
que la boca bermeja
persista hasta el silencio postrero, bella, fuerte,
y libe en la corola suprema de la Muerte
con su última abeja!

Alfonsina Storni

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TU NO SABES LO QUE ES SER ESCLAVO
Efrén Rebolledo

Tú no sabes lo que es ser esclavo
de un amor impetuoso y ardiente
y llevar un afán como un clavo
como un clavo metido en la frente.

Tú no sabes lo que es la codicia
de morder en la boca anhelada,
resbalando su inquieta caricia
por contornos de carne nevada.

Tú no sabes los males sufridos
por quien lucha sin fuerzas y ruega,
y mantiene sus brazos tendidos
hacia un cuerpo que nunca se entrega.

Y no sabes lo que es el despecho
de pensar en pensar en tus formas divinas,
revolviéndome solo en mi lecho
que el insomnio ha sembrado de espinas.

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“POEMA  LXII”
Dulce Maria Loynaz

Sobre mi boca esta tu mano; tu mano tibia, dura… infinitamente dulce.

Atraves de tus dedos se escurre la canción rota como un poco de agua entre la hendeduras de una piedra.

Sobre mi corazón está tu mano: pequeña losa suave.

Abajo, el corazón se va aquietando poco a poco.

En mi cabeza tu mano: el pensamiento plomo derretido en molde va tomando la forma afilada y recta, recta de tus dedos.

En mis pies, también tus manos: anillos de oro fino.

Tus mano delicadas y fuertes, delicadas y fuerte como las manos de un rey niño.

Los caminos se borran en la yerba crecida.

En mis pies tus manos. En mis hombros, tus manos.

En mi vida y en mi muerte, tus manos.

Tus manos, que no aprietan ni imploran,  que no sugetan, ni golpean, ni tiemblan.

Tus manos que no se crispan, que no se tienden, que no son mas que esto, tus manos, y ya todo mi paisaje y todo mi horizonte…

Horizonte de cuarenta centimetros, donde he volcado mi mar de tempestades.

Dulce Maria Loynaz

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Nos trasladamos a http://poemas-7.blogspot.com/

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EL RETORNO

Vivir sin tus caricias es mucho desamparo;
vivir sin tus palabras es mucha soledad;
vivir sin tu amoroso mirar, ingenuo y claro,
es mucha oscuridad…

Vuelvo pálida novia, que solías
mi retorno esperar tan de mañana,
con la misma canción que preferías
y la misma ternura de otros días
y el mismo amor de siempre, a tu ventana.

Y elijo para verte, en delicada
complicidad con la Naturaleza,
una tarde como ésta: desmayada
en un lecho de lilas, e impregnada
de cierta aristocrática tristeza.

¡Vuelvo a ti con los dedos enlazados
en actitud de súplica y anhelo
-como siempre-, y mis labios no cansados
de alabarte, y mis ojos obstinados
en ver los tuyos a través del cielo!

Recíbeme tranquila, sin encono,
mostrando el deje suave de una hermana;
murmura un apacible: “Te perdono”,
y déjame dormir con abandono,
en tu noble regazo, hasta mañana….

Amado Nervo

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El Hombre Imaginario
Nicanor Parra

El hombre imaginario
vive en una mansión imaginaria
rodeada de árboles imaginarios
a la orilla de un río imaginario

De los muros que son imaginarios
penden antiguos cuadros imaginarios
irreparables grietas imaginarias
que representan hechos imaginarios
ocurridos en mundos imaginarios
en lugares y tiempos imaginarios

Todas las tardes imaginarias
sube las escaleras imaginarias
y se asoma al balcón imaginario
a mirar el paisaje imaginario
que consiste en un valle imaginario
circundado de cerros imaginarios

Sombras imaginarias
vienen por el camino imaginario
entonando canciones imaginarias
a la muerte del sol imaginario

Y en las noches de luna imaginaria
sueña con la mujer imaginaria
que le brindó su amor imaginario
vuelve a sentir ese mismo dolor
ese mismo placer imaginario
y vuelve a palpitar
el corazón del hombre imaginario

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Pasatiempo

Cuando eramos niños
los viejos tenían como treinta
un charco era un oceano
la muerte lisa y llana
no existía.

Luego cuando muchachos
los viejos eran gente de cuarenta
un estanque un ocano
la muerte solamente
una palabra.

Ya cuando nos casamos
los ancianos estaban en cincuenta
un lago era un océano
la muerte era la muerte
de los otros.

Ahora veteranos
ya le dimos alcance a la verdad
el oceano es por fin el océano
pero la muerte empieza a ser
la nuestra.

BENEDETTI
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Nos estamos trasladando a http://poemas-7.blogspot.com/

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